Esta semana me he puesto crítico y he desempolvado mi equipo científico (AKA cerebro) para leer a J.M.Mulet (@jmmulet), profesor, director de máster, investigador y divulgador científico a quien tuve el placer de entrevistar en Nobbot por su libro Transgénicos sin miedo. Aunque hoy no hablaré de este, sino de este otro:

   Ha sido una semana convulsa en las redes sociales. Algo más que la anterior y sospecho que menos que la siguiente. Las cada vez más radicales posturas a las noticias en la televisión y radio, que rápidamente saltan a Twitter solo para polarizarse aún más y compartirse sin ningún tipo de análisis previo, dan la impresión de un consenso cada vez más lejos de ser alcanzable.

   En tiempos de ideas tormentosas y de tormentas de ideas absolutas, hacía falta bajar un pie a tierra y capear el temporal de la única manera objetiva viable: haciendo uso del método científico. Y del humor, o al menos el humor que todavía se puede conservar, porque hay cosas de las que uno no puede reírse.

   De los tres libros sobre divulgación que he leído esta semana (intentaré traer la creme de la creme mientras disponga de tiempo), destaco La ciencia en la sombra, un libro divertido, ameno y, sobretodo, didáctico. Los nombres de los capítulos ya anuncian el tono macarra, fresco y alentador, como el capítulo «Los huesos no sirven solo para el caldo», en el que aprenderemos, esta vez de manos de un científico, la importancia de los huesos en las investigaciones criminalísticas.

   Alguna vez nos hemos aproximado en este blog a la resolución de crímenes (de Agatha Christie), aunque Mulet hace uso de toda la tecnología en nuestra mano, y la historia de la misma aplicada a la antropología forense, para explicarnos cómo sabemos lo que sabemos.

   ¿Desde cuándo se usan huellas dactilares en investigaciones criminalísticas? ¿Cuándo empezó a usarse el método científico para buscar culpables? ¿Cómo saber la hora de la muerte de una persona usando su temperatura, el contenido de su intestino o el ADN (estudiando el patrón de metilación)? ¿Cómo se multiplica el ADN? ¿Cómo se realiza una autopsia?…

la ciencia en la sombra de j.m. mulet

   Cuando hablamos de las personas que nos han dejado (muchas veces de forma no voluntaria) hay quien no comprende e incluso quien no tolera muestras de humor al respecto. De ser así, este libro no os interesará en absoluto. Sin embargo, si tenéis un sentido del humor desarrollado más allá de Benny Hill, Mulet consigue sacar una sonrisa de la situación más funesta, aludiendo siempre a datos interesantes relacionados con la historia o con algún caso analizado en el libro (hay decenas):

«Por eso este periodo [de descomposición] se llama cromático, porque el cadáver empieza a coger color de maquillaje de Halloween».

   Que nadie se asuste por lo del patrón de metilación del ADN. El grueso de los datos y situaciones están adaptados a la divulgación, el lenguaje es sencillo y fácilmente accesible para todo lector sin necesidad de haber trabajado con el método científico o de saber nada del cuerpo humano. Eso sí, si habéis visto CSI, House, Castle o alguna serie similar, tenéis un plus. Uno que Mulet irá capítulo a capítulo desmontando con esos grandes errores del mundo de la televisión.

   Como divulgación, ha sido de los más suaves en cuanto a complejidad de los que me he leído, pero no por ello el menos interesante. Lo resalto de nuevo porque las explicaciones, accesibles, entran mejor con humor:

«Un niño tiene un grupo sanguíneo A. Si su madre tiene el grupo sanguíneo O y el presunto progenitor tiene el grupo B, sabemos que es imposible que sea el padre biológico, puesto que ninguno de los dos tiene el grupo A… y de alguna parte debe haber salido. Lo del Espíritu Santo ya no cuela, salvo que se dedique a repartir bombonas de butano».

   En general, es un volumen repleto de curiosidades y hechos sorprendentes relacionados con cómo hacen los criminólogos su trabajo, pero va mucho más allá de eso.

   De todo el libro, me quedo con dos frases. La primera humorística, la segunda para pensar:

   «Realmente nacemos con un envase retornable, biodegradable y reciclable». No puede ser más cierta, y pocas democracias hay más igualitarias que el hecho de que todos vamos a regresar a unos pocos compuestos básicos e inanimados pasado el tiempo.

   «La ciencia forense solo puede determinar los actos, pero no juzgar las intenciones». Sin duda una aproximación a la calma, al raciocinio y al método científico para analizar las variables que sí podemos medir, dejando de lado los prejuicios que nos es imposible mesurar.

   Cómo de pacífico sería el mundo si antes de emitir una respuesta absoluta a cualquier comunicado nos tomásemos unos minutos para examinar la información, buscar pistas, indicios de falsedad,… De aplicar, al fin y al cabo, el método científico en nuestro día a día.

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