Titania y Bottom, por Edwin Landseer

   No exageraríamos si nos atreviéramos a calificar a William Shakespeare como el escritor más influyente de toda la historia de la literatura. Sus escenarios, sus temas, sus iconos o incluso citas literales han penetrado profundamente en el seno de la cultura literaria y popular occidental. Shakespeare está presente en nuestro día a día más de lo que pensamos, y a menudo lo citamos sin saberlo.

   La nómina de escritores que se han declarado deudores para con el Bardo es inabarcable ‒porque, admitámoslo también, reconocer la influencia shakespeariana en tu escritura da caché‒. Los hilos de sus obras se ha ido ramificando a lo largo del tiempo, durante más de cuatrocientos años, y no solo han sobrevivido sino que han creando un tapiz de referencias que se extiende a casi cualquier género. El tratamiento que hace el escritor inglés de un gran número de temas universales como el amor, la juventud, la influencia corruptora del poder o las complejas relaciones familiares, ha sido probablemente una de las claves de su éxito. El tratamiento que hace de estos temas, a ratos elegante y a ratos desgarrador, a menudo hilarante y siempre pasional, continúa impresionando al lector moderno con la misma fuerza con que lo hiciera en el siglo XVII. Y tanto la fantasía como la ciencia ficción, como géneros literarios, no están al margen de esa influencia, aunque no sea tan evidente a primera vista.

   La influencia universal de Shakespeare no se produjo de forma inmediata. Aunque sus obras eran conocidas a lo largo de los siglos XVII y XVIII, no fue hasta comienzos del siglo XIX cuando empezaron a convertirse en referencias ineludibles dentro de la tradición literaria. Algo que ocurrió, precisamente, cuando la fantasía empezaba a nacer como género autoconsciente. Eso explica porqué desde sus comienzos el género fantástico ha estado tan vinculado a Shakespeare, no solo en países de habla inglesa sino en todo el continente europeo. Y también, por extensión, a la ciencia ficción, desde Aldous Huxley e Isaac Asimov hasta Star Trek o Doctor Who. Sería prolijo detenerse, una a una, en todas las referencias shakespearianas dentro de la fantasía y de la ciencia ficción, así que elijamos algunas al azar.

La pelea de Oberon y Titania, por Joseph Noel Paton

   No es un secreto que Shakespeare no era precisamente santo de la devoción de J.R.R Tolkien, uno de los pilares del género fantástico. Si nos atenemos a sus cartas, sabemos, por ejemplo, que no estaba de acuerdo con la caracterización que el Bardo hizo de los elfos. Sin embargo, es evidente que la gran obra de Tolkien, El señor de los anillos, no pudo escapar de la influencia del dramaturgo, algo que Tolkien quizá ni siquiera intentó. En líneas generales, Tolkien compartió con Shakespeare algunos de sus temas fundamentales: la influencia corruptora del poder, la intervención mágica o la inspiración en el mito y la leyenda. Eso sí, el tratamiento de la cosmogonía fantástica difiere. Los seres fantásticos de Shakespeare se basan en la tradición anglosajona, como el pícaro y bellaco duendecillo Puck, de El sueño de una noche de verano. Tolkien, en cambio, se inspira más en tradiciones nórdicas, célticas y germánicas para crear una sociedad élfica mucho más real. Pero ambos comparten la fascinación por el poder y cómo este puede conducir a la caída y a la locura. En ese sentido, es posible comparar la tragedia de Denethor y de su hijo Boromir con MacBeth, El rey Lear o Ricardo III. Sobre Boromir, el hijo que desciende a la locura insconscientemente tratando de restaurar el legado de su familia, se proyecta la sombra de Hamlet. Shakespeare trabajó con muchas ideas universales y Tolkien no pudo escapar de ellas.

   Pero además del tratamiento de esos temas universales, Shakespeare legó a la literatura una determinada forma de usar el lenguaje, especialmente basada en el poder de la metáfora. A diferencia de Tolkien, Ray Bradbury, pilar también de la ciencia ficción, sí reconoció a Shakespeare como una influencia, no solo en cuanto a temas sino en el uso del lenguaje, y especialmente en la metáfora. Al igual que Shakespeare, el autor de Fahrenheit 451 supo crear en sus historias, a través del lenguaje, imágenes densas e inquietantes. Los pasajes más colosales de Bradbury sobre la muerte y el tiempo tienen una clara deuda con los parlamentos de Hamlet o de Julio César; sus evocadoras descripciones de otros mundos o de futuros distópicos no muy alejados de los nuestros hunden sus raíces en la isla de La Tempestad.

Planeta prohibido

   La influencia directa más evidente de Shakespeare en la ciencia ficción se produce a través de su última obra, La tempestad. No es de extrañar que esta obra haya sido una de las bases sobre las que se ha cimentado la ciencia ficción. La historia configura algunos de los arquetipos del género: un barco y su tripulación naufragan en una isla remota y misteriosa, poblada sólo por un hombre con poderes mágicos, su hija y varias criaturas extrañas que actúan como siervos; la tripulación del barco se divide en varios grupos que interactúan con los habitantes de la isla, alterando el status quo y amenazando con derrocar al mago. Esta trama, sobre cómo se relaciona la gente y gobiernan unos sobre otros en una isla extraña y exótica, puede trasladarse a multitud de escenarios ficticios. A menudo ni siquiera islas sino planetas. El ejemplo paradigmático es Planeta prohibido, una película de ciencia ficción de 1956 dirigida por Fred M. Wilcox que es una recreación de la obra de Shakespeare.

Khamlet

   Star Trek ha hecho infinidad de referencias a Shakespeare, tantas que incluso existe una edición bilingüe, con el texto en Klingon, de Hamlet, titulada Khamlet. La idea vino, explicó el director del Instituto de Lenguaje Klingon Lawrence Schoen, cuando los klingon comienzan a citar a Shakespeare. en Star Trek VI. Y si damos el salto al universo de Star Wars, vemos lo bien que casa este mundo con Shakespeare gracias a Ian Doescher, que se ha encargado de hacer un impecable híbrido de ambos.

Trilogía de Star Wars, por William Shakespeare

Trilogía de Star Wars, por William Shakespeare

   ¿Por qué parece que los escritores de fantasía y de ciencia ficción se sienten tan atraídos por Shakespeare y sus obras? Una de las razones puede ser que tanto estos géneros como Shakespeare tratan de responder a la pregunta de qué significa ser humano. Shakespeare da de lleno en algunas de las preocupaciones clave de la fantasía y de la ciencia ficción. Sus obras a menudo se utilizan como un termómetro para medir el progreso o el declive de la humanidad. En Un mundo feliz de Huxley, la decadencia se hace patente en cuanto que las obras de Shakespeare son ya incomprensible. Y quién sabe si más de un escritor de ciencia ficción piense que si algún día vienen a invadirnos los extraterrestres, tal vez las obras de Shakespeare sea la única prueba que tengamos de que merece la pena salvar a la humanidad.

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