libros de texto 25 ediciones censura

   Hace un tiempo os comentábamos aquella práctica tan poco ética por parte de los profesores de universidad que obligaban a comprar sus propias publicaciones, sin las cuales el alumno no podría superar la asignatura. Un modelo de educación que no tiene el foco en el aprendizaje del alumno, sino en el dinero recaudado por parte de un único maestro.

   Hace unos días se hizo mucho eco de una noticia relacionada con libros de texto, esta vez en educación primaria. Al parecer, los editores se ven obligados a hacer hasta 25 versiones de los libros de texto, más de uno por comunidad autónoma, para tener contentos a todos los políticos de estas. ¿Qué está pasando en la educación?

Un libro de texto tiene que hacer pensar al alumno

   Tengo un volumen en casa que se llama Álgebra para principiantes. Aunque hoy día entendemos el álgebra como una rama de las matemáticas, lo cierto es que este libro, impreso en 1962, avanza desde las cuentas básicas con números naturales a cálculo derivativo e integrativo avanzado. Es decir, abarca primaria, secundaria y algo de formación específica que hoy tenemos en universidades.

   Está bastante completo a lo largo de sus 400 páginas, y tiene el tamaño de un libro de bolsillo. El libro es bastante accesible para cualquier alumno aunque requiere de un profesor, ya que no incluye el desarrollo de los problemas sino solo los resultados finales.

   Este libro está, más allá de lo viejo, en perfectas condiciones, y contiene conocimiento perfectamente válido para el alumno. A pesar de sus páginas amarillentas, cualquiera podría usarlo como libro de matemáticas en la actualidad. La pregunta es: ¿por qué no se sigue usando este volumen?

   Tal y como está, heriría sensibilidades.

Hemos de partir de la base de que la neutralidad en los libros es prácticamente imposible

   Los libros, todos, son un fiel reflejo del clima político y social del momento. Y un libro tan neutro como pueda ser uno de matemáticas no se libra de algo así. Aunque los desarrollos sí son neutros (una operación matemática no puede ser ofensiva para nadie, por ejemplo) el libro que tengo en mi posesión hoy día no podría ser publicado.

   Ojo, propiamente dicho no es ofensivo. No estaba pensado para herir a nadie, sino para ayudar al alumno a comprender la matemática. Sin embargo, es muy curioso darse cuenta (a posteriori, desde nuestra privilegiada posición en el futuro) de cómo están redactados los enunciados de los problemas:

  • La familia se compone por mamá, papá y uno, dos o tres hijos. En los enunciados aparecen en muchas ocasiones casos familiares, especialmente relacionados con edades, dinero… La homosexualidad no aparece reflejada en ningún problema del texto, así como tampoco la familia monoparental.
  • Los varones conducen los coches que van de Madrid a Barcelona a 80 km/h y que se cruzan con los varones que conducen los coches que van de Barcelona a Madrid.
  • Los poseedores de animales son varones si hablamos de profesiones (ganaderos y veterinarios) y mujeres si hablamos de animales de compañía (perros, gatos y loros). (En el libro hay muchos loros, por algún motivo extraño).
  • Los nombres valencianos, gallegos, vascos, catalanes… de las ciudades y pueblos no existen. En su lugar, están escritos en su versión castellanizada.

   Seguramente que podría localizar otros ejemplos similares que, por falta de tiempo, no incluyo.

   Dicho esto, el libro no es un panfleto político de un partido conservador. Lo cierto es que es ameno, está muy bien explicado y dudo mucho que hubiese una censura de contenido en su edición. Pero contiene una ineludible traza de la política y percepción pública de determinados colectivos en el tiempo de su imprenta. Esos sesgos hoy serían incuestionables, muy debatidos y criticados.

   Si pongo el ejemplo de un libro del 62 es para llevar estas mismas reflexiones a tierra, y al presente. Cuando uno lee este volumen con objeto de aprender matemáticas, es raro que repare en que a lo largo de 650 problemas (están numerados) localice sesgos sexistas, raciales o étnicos. Habría que realizar una consulta específica, un análisis más allá de la materia en cuestión, para encontrarlos.

   Y esto es precisamente lo que encuentran los actuales políticos de las comunidades autónomas que piden cambiar los libros de textos. Porque, cuando se va buscando contenido que no es acorde a como ellos ven el mundo, a su modelo de sociedad perfecta, uno tiende a encontrarlo. Y a censurarlo.

La nueva censura en los libros de texto

   A los problemas de la mala distribución, que en muchas ocasiones obligan a los colegios a comprar los libros meses después del inicio del curso; al coste del libro, insostenible para muchos padres en comunidades que no los dan de manera gratuita; y al no poder usar los libros del año pasado; se le suma la censura en los libros de texto escolares.

censura de los libros de texto

   Para cada comunidad autónoma hay ediciones políticamente correctas y políticamente incorrectas, por lo que se pide a las editoriales que los cambien a gusto de la política existente en cada momento. Quizá para que los alumnos no se contaminen de ideas foráneas, distintas a los valores buenos y tradicionales de la zona en cuestión.

   Si he puesto el ejemplo del libro de matemáticas es, además de porque ya había tenido la oportunidad de estudiarlo en detalle, porque un libro de texto sobre matemáticas es muy fácil de adaptar. Da lo mismo un coche de Madrid a León que un transbordador espacial de la Tierra a Júpiter, por ejemplo, para problemas de velocidades orientados a un alumno de segundo de la ESO. No ocurre así con la literatura (muy influenciada por la política), la filosofía, la ética, la historia, e incluso las ciencias naturales.

   Nuestro país sigue arrastrando la lacra de su historia, y todavía juzgamos a la gente de la actualidad mediante un catálogo ya obsoleto. Si opinas esto eres de tal, y si opinas lo otro eres de cual. Ah, y por cierto, no puedes opinar un poco de cada porque entonces lo que eres es un hipócrita.

   El ejemplo que estamos dando a los alumnos que usan estos textos es que hay formas de pensar buenas y formas de pensar malas, evitando todo diálogo crítico, y que estas han de estar reflejadas de manera expresa sobre los libros de texto.

   Por poner un ejercicio absurdo (que seguro que se encuentra, porque hay mundo para todos), es como si yo, por vivir en una ciudad a 300 km de toda playa, no quisiese que en los libros de texto las playas se viesen sobrerrepresentadas, y se hablase más de la llanura o de las montañas de las que vivo rodeado.

   Personalmente no me gusta la playa, la encuentro algo desagradable y poco apacible. El Sol no me gusta, el viento no me hace gracia, y la arena no es precisamente mi aliada en la comida o en la lectura de libros.

   Pero no tomaría como una ofensa un libro de matemáticas en que todos los ejercicios tuviesen relación con este espacio, por ejemplo, porque no encontraría su posible abuso como un ataque a mi forma de ser o pensar. Si seguimos confundiendo la velocidad con el tocino, seguiremos transmitiendo nuestras fobias a la siguiente generación.

   Imágenes | pxhere, Steve Buissinne

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