En la búsqueda por conseguir que una inteligencia artificial sea capaz de escribir una historia de ficción ‒con ejemplos aquí y aquí‒, la poesía no es algo que pueda tomarse a la ligera. De otra manera, la Universidad Estatal de Arizona no estaría tomándose tantas molestias para desarrollar robots capaces de comprenderla, apreciarla y escribirla. Pero más allá de las aplicaciones prácticas, que suele parecer el único fin de la inteligencia artificial, esta también puede utilizarse desde un punto de vista artístico e incluso, por qué no, ético. Esa es la intención de la estudiante de Diseño Informático en la Universidad de Edinburgo, Yuxi Liu, que ha creado un robot autónomo capaz de escuchar y procesar estímulos externos como el sonido del viento, del mar, de las aves marinas o las voces humanas y, a partir de ellos, generar poemas efímeros en la arena.

   El robot dispone de una serie de sensores que le permiten percibir el mundo que le rodea: el mar, el viento, los sonidos, etc., y a través de un sistema de aprendizaje automático puede descubrir patrones y crear asociaciones. A continuación traduce estas percepciones al lenguaje humano, en poemas que escribe en la arena de la playa. El robot, por lo tanto, puede tener experiencias multi-sensoriales y presentar una especie de sensibilidad poética. En otras palabras, su autonomía no requiere la intervención de los seres humanos. En palabras de Liu, «El robot es capaz de tener experiencias multisensoriales y presenta una especie de sensibilidad poética. Tiene tanta autonomía que su comportamiento no requiere la intervención humana. Como resultado, no requiere demostrar su valor para satisfacer las necesidades humanas».

   Son sus percepciones las que le dan valor a su existencia, al tiempo que interviene en el mundo. Estas intervenciones, expresadas a través del gesto poético, revelan una existencia exenta de cualquier pragmatismo: los versos que escribe serán rápidamente borrados por las olas o por el viento. Puede parecer un proyecto inocente, pero sus implicaciones son tremendas. El robot de Yuxi Liu es una especie de anti-robot, en el momento en que no sirve absolutamente para nada, en que puede dedicarse a un trabajo improductivo, innecesario, algo más bien propiuo de los seres humanos. De esta manera, se consigue desafiar la suposición antropocéntrica de que las máquinas tienen de forma inherente una utilidad, y que existen para servir a los seres humanos.

   En 2016 el Comité Mundial de Ética en la Ciencia y la Tecnología, organismo que pertenece a la Unesco, comenzó a plantear la importancia de que exista un marco legal para los robots, e incluso de que estos tengan sus propios derechos. ¿Quién sabe si a medida que su inteligencia aumente, no serán capaces de desarrollar emociones o incluso de distinguir los matices morales entre el bien y el mal?

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