Tokio Blues, de Haruki Murakami

   Este pasado verano leí por primera vez en mi vida a Haruki Murakami, el famoso novelista japonés que tanto da que hablar por la red. La novela escogida para adentrarme en su prosa fue, precisamente, una de sus obras más conocidas y exitosas, Tokio Blues (titulada originalmente Noruwei no Mori, que a inglés se tradujo como, Norwegian Wood, inspirada en la canción de The Beatles). ¿Y qué tal mi experiencia con el escritor nipón? Nada mal, la verdad.

   Tokio Blues, publicada en 2005 en España por Tusquets Editores (quienes se encargan de traernos toda la obra de este autor), es una novela de casi cuatrocientas páginas con un estilo muy particular y, curiosamente, contrario al que Murakami suele manejar pues, según he sabido, él tiende a condimentar sus historias siempre con un halo de onirismo y fantasía cercana al realismo mágico o sobrenatural. No es este el caso en el libro que nos ocupa, ya que Tokio Blues se mantiene siempre pragmático, cercano a la realidad, como si toda la obra pudiese ser un diario con anotaciones de un pasado ya vivido. Un caso excepcional dentro de su carrera literaria, un «experimento» como el propio autor lo denominó que, sin embargo, funcionó a las mil maravillas en las librerías llegando a vender a día de hoy más de cuatro millones de ejemplares.

   Durante su fecha de publicación original, en 1987, Murakami ya era un autor ciertamente conocido, pero tras el éxito explosivo de Tokio Blues, convertido en best seller de la noche a la mañana, Murakami pasó a ser una especie de ídolo de masas, sobre todo para la juventud, y la fama lo alteró tanto que hasta se vio forzado a mudarse de país. Pero no estamos aquí para hablar del creador, sino de la obra en sí. Quería, no obstante, ofrecer estas pequeñas pinceladas de contexto para que entendáis lo que supuso este libro en su día, y la reputación que tiene.

   Aún con todo, en mi caso me acerqué al libro sin darle importancia a nada de esto. Llevaba ya unos años con el antojo de leer algo de Murakami, y decidí empezar por este simplemente por su extensión. Me apetecía algo ligero, a lo que pudiese engancharme rápidamente, y que me entretuviese sin demasiados líos, y tengo que decir que eso fue justo lo que encontré.

   Tokio Blues cuenta la historia de Toru Watanabe, un hombre que durante el aterrizaje de un vuelo escucha la canción Norwegian Wood, de The Beatles, e inmediatamente eso evoca en su memoria cientos de recuerdos de su juventud en Tokio durante los años sesenta, cuando comenzó sus estudios universitarios. La novela es narrada en su totalidad desde el punto de vista de Watanabe, en primera persona, quien nos va relatando esa etapa tan complicada de su vida, llena de música, estudios, trabajos a media jornada, amigos extraños, libros y autores, costumbres escolares, y especialmente, amantes y romances. A pesar de tener un narrador que ya conoce toda la historia, Murakami no suele aprovecharse de este recurso para profundizar en ella desde una perspectiva distinta. Quiero decir, casi podría prescindirse del hecho de que un Watanabe adulto esté recordando su juventud, y el libro seguiría siendo el mismo, pues más allá de funcionar a modo de introducción, nunca más volvemos a saber del protagonista adulto. Y además, solo en dos o tres contadas ocasiones este nos adelanta algún suceso antes de tiempo, o nos explica qué pasó años más tarde con cierto personaje.

   Detalles aparte, la narración entra como un tiro y es muy fácil de seguir. Murakami destila palabras sencillas, se encarga de que nunca te pierdas, y te lleva fácilmente a través de la trama, apenas compleja. Watanabe resulta ser un protagonista muy curioso, y parte del encanto de la obra lo sostiene él y su vida, cotidiana y al mismo tiempo rodeada de situaciones extravagantes. A tener en cuenta los amigos que hace en la universidad, a veces con claras intenciones de dotar al relato de un poco de humor, y otras para cargarlo de cierta filosofía… Es cierto que algunas situaciones concretas pueden sonar extrañas o exageradas, pero la mayoría del tiempo me dejé llevar sin problema.

   La ambientación está bastante cuidada, a pesar de que Murakami resalta por encima de todo lo demás las interacciones entre sus personajes, algo que agradezco en una novela de este estilo. Hay muchos diálogos y cada personaje suena con su propia voz, algunos rozando la más pura espontaneidad de la que a veces hacemos gala los seres humanos. También se palpa mucho la tendencia del autor por su gusto hacia la cultura extranjera, ya que la mayoría de referencias musicales o literarias vienen de fuera (aunque sí destaca alimentos tradicionales de su país de origen). Uno de los casos que más llamó mi atención es que en un determinado momento un personaje le confiesa a Watanabe que su forma de comportarse es extraña, como si fuese el protagonista de El guardián entre el centeno. Precisamente, en muchos aspectos, esta novela me recuerda para bien a la obra de Salinger, y creo que tienen muchos puntos en común.

   Por otro lado, este es un libro con un marcado carácter sexual, que va en sintonía con la edad de los personajes y sus circunstancias. Murakami no se muerde la lengua a la hora de desarrollar algunas escenas bastante subidas de tono, tratando estos temas sin complejos ni miramientos. Al igual que habla sobre la pérdida, la tristeza, los problemas sociales o la soledad, y hasta del suicidio, con un tono que roza lo depresivo pero siempre sin resultar demoledor o quejica.

   En resumen, Tokio Blues es una buena y muy entretenida novela si te agradan ese tipo de historias en las que se desarrollan relaciones entre jóvenes. Por momentos parece que no va hacia ninguna parte, y en cierta manera así es, pero creo que la intención del autor era esa, impregnar a su historia de cotidianidad, y acercarla lo máximo posible a las complejas y sencillas cuestiones que rodean la vida y el día a día. No podría decir que es una obra redonda o maestra, pero tampoco le encuentro grandes puntos flacos por los que protestar, y en el fondo, si conectas con ella, al final te deja una agradable marca interior.

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