Aprende a promocionar tu trabajo de Austin Kleon

   No cabe ninguna duda de que las redes sociales han supuesto un salto cualitativo en lo que a promoción del trabajo se refiere para escritores y artistas. Después de tantos años moviéndome en estos círculos me atrevo a hacer una clasificación en tres grupos, dos grandes y uno pequeño. Los primeros están formados por aquellos que sienten urticaria ante la mera idea de lanzar un mensaje promoviendo su trabajo, como si su audiencia, suspicaz, fuera a señalarles con el dedo acusatorio tachándolos de egocéntricos; los segundos son máquinas de autopromoción o de «te promociono a cambio de tu promoción» ‒no merece la pena hablar más de ellos porque todos sabemos quiénes son y cómo funcionan‒. El tercer grupo es el del justo medio aristotélico, el de los elegidos que dan con la fórmula acertada del ni mucho ni tan poco.

   En ese selecto grupo se encuentra Austin Kleon, que en 2012 pegó un pelotazo en el mundo del arte y de la creatividad con su librito Roba como un artista: Las 10 cosas que nadie te ha dicho acerca de ser creativo. En muy pocas páginas, con una lectura muy digerible, llena de frases ingeniosas e inspiradoras, Kleon ofrecía diez recetas para disparar la creatividad a niveles estratosféricos. Y vaya si le funcionó. Ahora repite fórmula con un libro que es el complemento perfecto y necesario al primero: Aprende a promocionar tu trabajo. 10 recursos para artistas, diseñadores y creativos. Si has conseguido una obra decente poniendo en práctica esa creatividad, llega el momento de dar el siguiente pasado: hacerla llegar a los demás, intentando formar parte de ese grupito de artistas que consiguen hacerlo de manera efectiva.

   El punto de partida es el concepto artístico de la era predigital de que el proceso creativo es un misterio ‒tal vez incluso para el propio autor‒ que tiene que conservarse guardado bajo llave y que solo puede enseñarse una vez está terminado, no vaya a ser que nos lo roben, nos imiten o nuestra audiencia piense, al ver un borrador, que no somos tan buenos como pensaban. Pero ya sabemos que a Kleon le gusta enseñar cómo funcionan los trucos de magia del oficio. Él propone utilizar las redes sociales a nuestro favor, no mostrando únicamente el trabajo terminado sino todo el proceso, ofreciendo a nuestra audiencia una información valiosísima sobre cómo trabajamos.

   En ese sentido, Kleon recomienda documentar todo lo que se hace: anotar tus ideas, grabar audios pensando en voz alta, guardar un libro de recortes, dibujar conceptos, tomar fotografías o vídeos de todo el proceso. En definitiva, hacer un catálogo de contenidos heterogéneos para poder compartirlo con el mundo. Y ya puestos a compartir, no hacerlo solo con el trabajo propio sino con todas las influencias, con esos lugares de donde uno saca la inspiración, los libros que se leen, la música que se escucha, las páginas que se visitan, etc. Cada día se puede compartir algo pequeño, cada día se puede contar una buena historia. Todo bajo la filosofía de informar y de animar al diálogo, no de presumir ni de convertirse en el hombre spam.

   Al igual que hacía en Roba como un artista, Kleon ofrece diez consejos de sentido común sobre cómo demostrar el talento, con la intención más de mantener una conversación que de vender. Explica, por ejemplo, cómo manejar las críticas de los trolls y recomienda ser parte de un «scenius», un grupo de colaboradores creativos que generen ideas, conexiones y conversaciones ‒hoy en día es facilísimo gracias a los blogs, las redes sociales o el correo electrónico‒. Algunas de las recomendaciones son bastante cuestionables, como la de leer diariamente las esquelas para recordar que nuestro tiempo es limitado y para evitar perderlo como hicieron muchos de los que ya no están.

   Es probable que algunas de esas ideas ya se vinieran aplicando ‒como he dicho, todas son de sentido común‒, pero solo con que una de esas fórmulas se incorporen a nuestra estrategia el libro de Kleon ya habrá merecido la pena. Es cierto que el autor se queda en la superficie, que se podría haber dicho muchísimo más, pero al menos tiene la capacidad de apuntar en la dirección correcta, y al que le interese seguir profundizando que se busque la vida. Si leíste Roba como un artista y lo terminaste con un chute de creatividad ‒como fue mi caso‒ no puedes perderte Aprende a promocionar tu trabajo. Su lectura es muy agradecida: al acabarlo estarás deseando empezar a poner en práctica muchas de las ideas que aparecen en él.

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