Sales de tu casa y bajas las escaleras hasta el portal. En el camino, te cruzas con alguien a quien no reconoces. No parece que le hayas visto nunca. Es más, es probable que no viva en tu mismo bloque. Sin embargo, le miras, sonríes, y le das los buenos días, le dices «Holaaa» o despejas un simple «Buenas».

saludos sociales cultura no escritos

Decir que somos animales sociales está muy ajado, pero el uso del smartphone no ha matado buena parte de la cultura social que nos une físicamente. Todavía saludamos, y en según qué ámbitos lo hacemos siempre, como cuando circulamos en moto, realizamos una marcha o conducimos un vehículo pesado.

En este blog tendemos a hablar mucho de la cultura escrita, pero del mismo modo que el lenguaje no verbal constituye más del 70% de nuestra comunicación persona a persona, la cultura transmitida “de padres a hijos” sigue teniendo un importante peso social. Los saludos, y sonrisas, se enmarcan dentro de este cuadro. Hablamos brevemente de ello.

En la montaña, la gente se saluda, porque sí

Acudir a la montaña es apasionante por muchos motivos diferentes: el contacto con la naturaleza, unas vistas fantásticas, el deporte involucrado de hacer una caminata, la suerte de topar con algún animal autóctono… No pocos montes y paisajes inspiraron a escritores en el pasado, y coincidir con las personas que, como tú, realizan sendas similares, es una experiencia que suma.

Si frecuentas la montana, es probable que conozcas la norma social no escrita (supongo que ahora sí lo está) mediante la cual la gente se saluda si se cruza o adelanta. «Buenos días», «Buenas». Uno saluda sin importar quién sea el otro, exactamente del mismo modo que cuando das los buenos días por la escalera.

Y lo cierto es que se dan situaciones graciosas en las que, encontrándote tres o cuatro veces con el mismo grupo de personas (les adelantas, saludas a todos sus miembros, te detienes, ellos te adelantan y saludan…) la iniciativa no se rompe. Siguen apareciendo, a veces con risas tímidas e histéricas, los mismos «Holas» una y otra vez.

El saludo del motero en carretera, símbolo de unión

Si conduces, es probable que hayas notado que los motoristas, cuando se cruzan o adelantan en la carretera, también se saludan. Obviamente, a diferencia de los montañeros o los vecinos desconocidos, uno no se para a entablar conversación cuando circula a más de 100 km/h. En lugar de eso, se extiende el brazo y se levanta dos dedos de la mano mostrando una V de Victoria. ¿Por qué?

Qué lástima que pocos escritores famosos hayan sido moteros reconocidos. Quizá hay demasiada diferencia de aficiones entre ambos colectivos, y quizá sea uno de los motivos por los que el saludo motero no es tan conocido fuera de este selecto club de las dos ruedas. Es precisamente como un círculo exclusivo, como una banda, como te hace sentir este saludo.

saludos sociales no escritos

Como si al realizarlo uno formase parte de un grupo especial, el saludo motero es otra norma no escrita de la sociedad (en carretera) que, en palabras el psicólogo Jay Phelan, «el cerebro […] codifica como el principio de una relación recíproca a largo plazo».

Lo mismo ocurre en los conductores de camión, en un futuro extintos debido (o gracias, según el prisma) a la conducción autónoma. Estos no sacan los dedos por la ventanilla, pero sí dan las luces en señal de saludo o agradecimiento. Si alguna vez te has preguntado por qué nos damos permiso unos conductores a otros “lanzándonos” las largas, el origen está en los camioneros.

Si el lector ha tenido la oportunidad de conducir una autocaravana se habrá dado cuenta, especialmente en Centroeuropa, que otros conductores nos saludan bien con las largas o bien levantando varios dedos por encima del volante sin llegar a soltarlo del todo con el pulgar. Es curioso cómo evolucionan estas normas de etiqueta en movimiento.

Cuando a uno le abren la puerta, sonríe agradecido

Si miras al techo, se te abre la boca; cuando conquistas una montaña te llevas los brazos a las caderas; y cuando terminas un libro apasionante, suspiras. El comportamiento humano, en según qué circunstancias, es bastante predecible.

En caso de que formes parte de una comunidad educada y cívica, y tienes la oportunidad de que te abran la puerta con frecuencia (o ser tú el que la abra), quizá te hayas dado cuenta de que uno sonríe con la boca y con los ojos cuando otro le abre la puerta, ya sea porque va cargado de bolsas hasta arriba, porque va en silla de ruedas o con muletas o simplemente porque se le da paso.

sonrisa no escrita cultura saludo

Somos animales sociales, lo repetimos, y el contacto aunque sea tangencial con un desconocido nos provoca un sentimiento similar al que tienen los moteros o el que encontramos en la montaña: nos sentimos una piña.

Otras muestras de “afecto social” similares son las sonrisas nerviosas cuando no nos aclaramos con quien tenemos enfrente quién ha de ir a la izquierda y quién a la derecha para poder seguir andando; o cuando nos damos la vez unos a otros sin decidirnos a pasar primero.

 

Quizá hace miles de años, mucho antes del nacimiento de la cultura escrita, uno paseaba por un sendero perdido en un bosque y ya daba los buenos días mediante gruñidos a todo desconocido que encontrase mientras recolectaba. Cuando en el presente la escritura ha dado voz a todo el mundo, estas costumbres se han popularizado y globalizado, y ahora son de uso corriente.

Imágenes | Kyle Johnson, Rafael Lopes de Lima, Thomas Hafeneth

 

Comentarios

comentarios