‘Pan y Syrinx’. Peter Paul Rubens, 1619

Veré triunfar la flauta revivida,

con notas hechas de cien mil idiomas,

y tras de Budas, Cristos y Mahomas,

reaparecer la interceptada vida (…)

Y tornará la religión primera,

la de Dios, la del Sol, la duradera,

la instituida sobre Pan fecundo (…)

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Salvador Rueda; El triunfo de la flauta1

 

A lo largo de los siglos diversos autores han rescatado al semidiós, desde poetas como Rubén Darío y Salvador Rueda, representándolo como símbolo de vida y armonía, hasta los mayores escritores de fantasía y terror como Lord Dunsany y Arthur Machen que veían en Pan la abstracción de las fuerzas desencadenadas de la naturaleza.

Pan es un dios de mil rostros. En épocas más antiguas que la del esplendor de Atenas existía una deidad sin nombre, representante de la naturaleza salvaje. Con el pasar del tiempo y la unificación de distintas creencias tal entidad llegó a ser asimilada por Pan, tal vez mayormente recordado como un hombre con patas de cabra, el guardián de los campos y de los bosques; el entonador de la flauta de las siete cañas; el ícono por excelencia del impulso sexual desenfrenado, el horrendo sátiro, violador de ninfas, el infame fauno. Se dice de su muerte como una alegoría, la victoria del cristianismo sobre el paganismo, el triunfo de la fe depositada en un mundo venidero y en el progreso por encima del mundo natural-terrenal y de lo primitivo en la conducta humana.

La iconografía de este dios iba a renacer de la mano de los romanticistas (siglos XVIII-XIX), convirtiéndose en símbolo de fertilidad, del regreso a lo natural inmutable y el respeto de las fuerzas contrarias a la industrialización. Ahora bien, más que detenerme en el análisis de la figura de Pan en la literatura, me dispongo más bien en explorar su significado como fuerza descontrolada de la naturaleza.

Summa Naturae

A la doctrina, a veces filosófica, a veces espiritual, en donde la naturaleza, o bien el universo, es considerada como un sólo ser que integra a todos, se le ha llamado Panteísmo, cuya sigla no proviene del dios Pan, sino de la palabra griega homónima pan (πᾶν): todo. Así como en un estado micro se puede considerar al ser humano como la suma de miles de seres vivos minúsculos que lo conforman, de la misma manera todos los seres vivos, incluyéndonos, formamos parte de una entidad superior y perfecta. Tal creencia se puede rastrear desde los albores de la civilización; algunos creen que es el verdadero mensaje escondido entre los dioses antiguos, la unidad, ya que cada divinidad representaba algún aspecto puntual del mundo natural. En tiempos más recientes el panteísmo llegaría a ser abordado por teólogos como Giordano Bruno, filósofos como Baruch Spinoza, y hasta científicos como Einstein, en un intento de explicar de manera más racional cómo la naturaleza, ser mecánico y consciente al mismo tiempo, es la única merecedora aceptable del título “Dios”.

“Dios no tiene derecha ni izquierda, ni se mueve ni está parado, ni se halla en un lugar, sino que es absolutamente infinito y contiene en sí todas las perfecciones.”

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Baruch Spinoza

Ahora bien, partiendo del punto anterior, es preciso abandonar la idea de que (un) “Dios” posee características humanas. En el panteísmo el fin de la naturaleza se encuentra en sí misma, y no se desarrolla de igual manera que nosotros que tan sólo somos un componente más dentro de su sistema, por lo tanto es ajena a nuestros conceptos del bien y del mal que de hecho han sido forjados dentro de nuestra civilización con el fin de regular nuestra conducta y hacernos con-vivibles. Por poner un ejemplo, un insecto no podría llegar a describir la suela que causa calamidad en su mundo, pues su visión es limitada. Pero si éste pequeño ser pudiera razonar la respuesta a la destrucción la encontraría en causas divinas, mientras que el pensamiento que guio la suela no está dotado precisamente de maldad, simplemente sigue su camino. Así bien, la percepción es cuestión de escala.

Regresando al rey de los sátiros, esta vez encarnando las fuerzas superiores del mundo natural y también representando los instintos más profundos e incontrolables del ser humano, su lado “poco amistoso” se convirtió en objeto de interés para distintos autores, en donde queda atrás el dios Pan ingenuo de los bosques para dar paso al Gran Dios Pan, creador y destructor; los huracanes que vuelan personas (la suela que destruye hormigueros).

“… te digo, que todas estas cosas —sí, desde la estrella que acaba de brillar en el cielo hasta el suelo sólido bajo tus pies— te digo, que todas son sólo sueños y sombras; las sombras que ocultan a nuestros ojos el verdadero mundo. Existe un mundo real, pero trasciende este glamour y esta visión, y se encuentra más allá de todo esto, tras un velo. (…). Quizá pienses que todo esto es un sinsentido extravagante; puede ser extraño, pero es real, y los antiguos sabían lo que significaba descorrer ese velo. Lo llamaban presenciar al dios Pan”. (Arthur Machen) 2

Pan & Psyche, por Edward Burne-Jones

Natura vs machina: Pánico

Pero la naturaleza ha sido relegada. El ser humano inmerso dentro de su hábitat artificial ha tenido que (intentar) suprimir sus instintos más primitivos, las fuerzas del deseo sexual y el salvajismo con el fin de llegar a tener una vida armoniosa con sus semejantes dentro del sistema de homologación de conducta humana denominado sociedad. Varios investigadores y psicólogos continuadores del trabajo de Jung, como James Hillman3, se han dedicado al estudio de los arquetipos4 que se esconden bajo la forma de mitos antiguos que aun reposan en nuestro inconsciente, y que inciden en el comportamiento humano según ciertas situaciones. Cuando las fuerzas impredecibles y remotas de la naturaleza hacen su aparición y entran en contacto con nuestros hábitos moldeados por la sociedad restrictiva que ha minimizado nuestra capacidad de reacción, puede presentarse un estado de pánico, palabra que según la tradición proviene del dios Pan debido a uno de sus mitos. Se podría decir que durante este estado la razón se suprime y son los instintos que se creían sepultados los que emergen del abismo de nuestra mente en un intento por regular nuestro comportamiento ante la ansiedad; el dios Pan aunque sea por escasos segundos regresa por medio de nuestra naturaleza intrínseca.

Pan, ya sea la naturaleza bajo la forma del todo, o el arquetipo de nuestros instintos salvajes representado bajo la imagen del semidiós con patas de cabra o el personaje alegórico de los poetas, simboliza una parte de nosotros que nos ata al origen. Talvez la conciliación entre los opuestos que rigen nuestra vida civilizada, una necesaria reconciliación con la naturaleza –externa e interna– sea la manera de poder presenciar al Gran Dios Pan sin ser destruidos en el intento.

 

Sweet, sweet, sweet, O Pan!

    Piercing sweet by the river!

Blinding sweet, O great god Pan!

The sun on the hill forgot to die,

And the lilies revived, and the dragonfly

    Came back to dream on the river.

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Elizabeth Barrett Browning; A Musical Instrument (1862)

 

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Notas:

1. Rueda, Salvador. Trompetas de órgano; El triunfo de la flauta.

2. Machen, Arthur. El Gran Dios Pan (The Great God Pan); Capítulo I: el experimento.

3. En el caso específico de este tema véase “Pan y la pesadilla”, de James Hillman.

4. Arquetipos según Jung: “Son pedazos de la vida misma –imágenes que están integralmente conectadas al individuo a través del puente de las emociones–. No se trata, pues, de representaciones heredadas, sino de posibilidades heredadas de representaciones”. Jung, Carl G. El hombre y sus símbolos.

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