Tierra de Hombres de Saint Exupéry

En 1926 Saint Exupéry acababa de incorporarse como joven piloto de línea en la Sociedad Latécoere, que por entonces cubría el trayecto Touluse- Dakar. Allí aprendió un oficio que le proporcionaría otra forma de ver y sentir el mundo y que le impulsaría a la necesidad de escribir sobre ello.

En 1929 publica Courrier Sud y más tarde, en 1931, Vol de nuit, dos testimonios inigualables de las experiencias vividas como piloto que cierran el ciclo con esta tercera obra autobiográfica: Tierra de hombres, publicada en febrero de 1939, en el que Saint Exupéry evoca parte de esa nueva concepción del mundo que el avión le proporciona.

Con una bella y cuidada lírica propia de un poeta, el autor nos muestra la profundidad de sus pensamientos acerca de la condición del Hombre desde la sabiduría que tiene aquél que ha experimentado el beso de la muerte. En ese sentido, Saint Exupéry relata el accidente sufrido junto a su compañero André Prevot el 30 de diciembre de 1935 en el que el avión se estrella en el desierto del Sáhara y los dos compañeros permanecen varios días buscando agua hasta que un beduino los encuentra ya al límite de la muerte.

Es entonces cuando, después de cinco días de coma, Saint Exupéry escribe este libro.

Tierra de hombres está plagado de heroísmo, amistad y camaradería, de reflexiones filosóficas acerca del sentido de la vida, del destino del Hombre y del mundo en general, pues Saint Exupéry ya profezita acerca del efecto que iba a tener sobre el mundo la maquinaria y la tecnología. Y nos da una lección política desde su experiencia como piloto de guerra: «las ideologías, por caso, no son sino pantallas que nos pueden confundir, mientras que la verdad es lo que hace que el mundo sea sencillo y no lo que crea el caos».

A pesar de que el libro triunfó al recibir los premios National Book Award (1941) el Grand Prix du Roman (1941) de la Academia francesa, en España tuvo problemas con la censura franquista. Saint Exupéry era considerado un autor rojo y Tierra de hombres sólo podría ser leído en 1960 por unos pocos, cuando la editorial (Llard dall Llibre), que estaba bien vista por el Gobierno franquista se decidió a publicarla.

Merece la pena recorrer las páginas del libro, adentrarse en ese misterioso y apasionante mundo del vuelo, conocer las sabias reflexiones de un autor que moriría haciendo lo que más amaba: sentir el mundo bajo sus pies con esa manera tan especial que tenía de hacerlo.

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