La tetera cósmica de Bertrand Russell

La tetera cósmica de Bertrand Russell

Aunque durante su juventud Bertrand Russell sentía una profunda y sincera inclinación religiosa, en su madurez no dudó en declararse agnóstico e incluso, a efectos prácticos, ateo ante la imposibilidad de demostrar la existencia de un Dios. En el ensayo Por qué no soy cristiano, basado en una conferencia pública que tuvo lugar en marzo de 1927, el filósofo inglés rebate el argumento ontológico de la existencia de Dios con multitud de contraargumentos. En 1952 la revista Illustrated encargó a un Russell de ochenta años un artículo que al final no llegó a publicar. En ese texto, titulado «¿Hay un Dios?», Russell proponía su conocida teoría de la tetera cósmica.

El planteamiento de Russell es el siguiente: «Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es demasiado pequeña como para ser vista aun por los telescopios más potentes. Pero si yo dijera que, puesto que mi aseveración no puede ser refutada, dudar de ella es de una presuntuosidad intolerable por parte de la razón humana, se pensaría con toda razón que estoy diciendo tonterías. Sin embargo, si la existencia de tal tetera se afirmara en libros antiguos, si se enseñara cada domingo como verdad sagrada, si se instalara en la mente de los niños en la escuela, la vacilación para creer en su existencia sería un signo de excentricidad, y quien dudara merecería la atención de un psiquiatra en un tiempo ilustrado, o la del inquisidor en tiempos anteriores».

Según la hipótesis de Russell, basada en argumentos bastante similares de JB Bury y de Frank P. Ramsey expuestos respectivamente en 1914 y en 1929, demostrar la existencia del Dios cristiano es tan probable como hacerlo con la existencia de los dioses del Olimpo, del Valhalla o, por qué no, de la tetera cósmica. Al fin y al cabo, nadie puede probar que no exista ni uno ni otros.

Para el filósofo Brian Garvey la analogía entre la tetera cósmica y un Dios no es acertada porque supone reducir el asunto a creyentes que afirman la existencia de una cosa y ateos que la niegan y eso es simplificar demasiado el tema. Sin embargo, Richard Dawkins en su libro de ensayos El capellán del diablo utiliza la tetera de Russell como argumento en contra de lo que él llama la «conciliación agnóstica», ese deseo de apaciguamiento que exige el mismo respeto para la creencia y la incredulidad, basándose en que ambos son una cuestión de gusto personal. A diferencia de las religiones mayoritarias, dice Dawkins humorísticamente, la creencia en la tetera cósmica no hace daño a nadie.

Con el paso del tiempo ese enfoque humorístico ha dado lugar a otras religiones modernas con un idéntico trasfondo paródico como la del Pastafarismo ‒que cree en el Monstruo de Espagueti Volador‒ o la religión del Unicornio rosa invisible.

Comentarios

comentarios