Daredevil

   No hay que subestimar dentro de nuestra cultura el poder de los medios narrativos, del cine, de la televisión, de la literatura o de los cómics, para ayudarnos a conectar con otros. Estos pueden convertirse en barreras o en puentes entre las personas marginadas por su color de piel, su identidad de género o por tener algún tipo de discapacidad y el resto de la población. Pueden ser fuente de incomprensión y de odio o de sanación. Un ejemplo de esto sería el tratamiento que se hizo durante décadas de los personajes LGBT, que estuvieron vetados en los cómics de superhéroes. Por suerte esto ha ido cambiando poco a poco y tanto los que producen este tipo de narraciones como los que la consumen están más concienciados con la existencia de este colectivo. Sin embargo, ¿qué hay en cuanto a la visibilización del colectivo con discapacidad? ¿Qué representaciones tienen en este mundillo, tanto positivas y negativas, y qué impacto produce en sus audiencias?

   Jenny Blenk, graduada en un Máster en Estudios en Inglés y Cómics de la Universidad Estatal de Portland, trató de responder a estas preguntas. Partiendo de que la representación de las discapacidades en este tipo de cómics es prácticamente nula, Blenk se basó sobre todo en el superhéroe con discapacidad más conocido: Daredevil de Marvel. Según Blenk, este personaje, que fue creado por Stan Lee en los años 60, no parte de una representación correcta y adecuada de la ceguera. Lee lo creó en principio como un personaje cursi, una especie de Spiderman de segunda categoría, con bromas que no hacían gracia. Los lectores conocían la ceguera y los superpoderes de Daredevil porque Lee explicaba explícitamente la acción en el diálogo.

   El personaje experimenta un giro en los años 80, cuando cae en manos de Frank Miller, haciéndose más oscuro y dirigiéndose a un público más adulto. En un primer momento Frank Miller continuó y se basó en esa tradición expositiva de Lee, pero introdujo elementos visuales innovadores como anillos de sonar concéntricos y ondas sinusoidales para dar al público un poco más de información. En esa etapa Daredevil consigue elevarse y convertirse en un personaje de culto.

   Pero convertirse en personaje de culto no es garantía de ser una representación positiva. M. Sabine Rear es una dibujante e ilustradora ciega ‒se define a sí misma como «esa chica ciega a la que le cedes el asiento de autobús»‒ que ha luchado mucho por la representación y la visibilización de la ceguera en los cómics. Rear se sintió tremendamente decepcionada por Daredevil porque no reflejaba de ninguna manera su propia experiencia. «Daredevil es, para mí, el tipo menos ciego que he encontrado», dijo Rear, «es un ciego cuyo superpoder es que puede saltar y golpear como un tipo con visión». Para Blenk Miller acentúa la piedad de Daredevil en su alter ego, Matt Murdock, para ayudarle a ganar casos legales, alimentando la idea de que las personas ciegas «solo pueden ser amadas como objetos de piedad». Además, señala que la ceguera del personaje solo refleja un 10% de los casos de ceguera, quedando el 90% restante ‒incluyendo la suya‒ invisible para el público.

Omega el Desconocido en la versión de Jonathan Lethem

   En contraposición con Daredevil, tenemos a Omega del Desconocido, otro superhéroe creado para Marvel por Steve Gerber y Mary Skrenes en 1976. Partiendo de una visión mucho más madura de los superhéroes, Gerber y Skrenes desarrollan a un personaje que visualmente se asemeja a Supermán ‒y al igual que le proviene de una galaxia lejana, es el último de su raza y único heredero de un gran poder‒, pero es en realidad muy diferente. Omega el Desconocido no es un superhéroe en sentido estricto, porque nunca toma la decisión consciente de serlo, es un guerrero silencioso y misterioso, una incógnita, una manifestación de lo desconocido. Nunca parece actuar por voluntad propia voluntad y sin embargo es obligado a intervenir en situaciones que algunos considerarían heroicas. Y frente a Omega se perfila el personaje de James-Michael Starling, un muchachito de 12 años más brillante que cualquier otro chiquillo, con un elevado coeficiente intelectual, pero frío como una máquina; nunca parece estar agitado, o asustado, o feliz, solo minúsculos detalles indican que tiene emociones humanas. Incapaz de relacionarse con quienes le rodean, James-Michael es constantemente rechazado por sus compañeros de clase. Hay un enlace invisible que une a James-Michel y a Omega, el de la dispacidad. Omega es completamente mudo al principio y con el tiempo, a lo largo de toda la serie, solo es capaz de pronunciar un puñado de palabras; por otra parte, su alter ego humano es retratado como deficiente en situaciones sociales. Y sin embargo, está aquí para defender la Tierra. Parece increíble un punto de vista tan valiente, tan insólito y tan visionario del trastorno del espectro autista y del síndrome de Asperger en una época tan temprana.

   Se supone que los superhéroes son físicamente ideales, pero a partir de los años 60 esa perfección comienza a desmoronarse, mostrando también sus defectos. Es a partir de ese momento cuando se revelan como una herramienta útil para explorar las experiencias de aquellos que se salen de la norma. Y es necesario darle voz a esa representación.

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