Actualmente, con los teléfonos inteligentes y las redes sociales, hacer una fotografía se ha convertido en una más de nuestras rutinas diarias. Sin embargo, hacer fotografías no ha sido siempre algo tan fácil e inmediato. Las primeras cámaras necesitaban un tiempo mínimo de unas siete o ocho horas de exposición para que el resultado fuera medianamente identificable. Poco a poco el tiempo de exposición se fue reduciendo. A mediados del siglo XIX el tiempo estimado para poder hacer una foto oscilaba entre 30 y 15 minutos. Durante ese tiempo los modelos debían permanecer quietos y en la misma posición, lo que explica por qué las primeras fotografías son principalmente imágenes posadas, de personas sentadas, que dan la sensación de que en el siglo XIX todo el mundo era sereno, e incluso aburrido. Pero, gracias a un joven estudiante noruego tenemos una visión completamente distinta de la vida en la década de 1890.

   Carl Størmer estudiaba matemáticas en la Universidad de Oslo cuando compró su primera cámara oculta, con 19 años. Según se cuenta en su biografía, fue un amor secreto lo que le llevó a plantearse utilizar este tipo de cámaras. Estaba enamorado de una joven en secreto y le daba mucha vergüenza presentarse, así que, para al menos tener una imagen de ella, decidió utilizar una cámara oculta para tomarle una foto sin que la muchacha lo supera.

   La historia amorosa de Størmer no llegó a nada, pero a pesar de ello se aficionó a sacar fotografías a escondidas en Karl Johansgate, la calle principal de Oslo, durante su época universitaria, entre 1893 y 1897. El resultado son cerca de 500 fotografías que nos muestran una actitud muy distinta a la que solemos asociar a la gente del siglo XIX. Saludos afables y miradas sospechosas son gestos habituales en su trabajo, que puede considerarse como uno de los primeros ejemplos de fotografía en la calle en la historia de este arte. La tecnología de la cámara no deja de sorprender a día de hoy, en que no nos extrañamos al ver una cámara del tamaño de la yema del dedo. Y es que era tan pequeña que la lente se ajustaba en el ojal de su chaleco con una cuerda que iba hasta su bolsillo, lo que le permitía tomar las fotos en secreto. Las reducidas dimensiones, unidas a la falta de costumbre en ser fotografiados por parte de la gente, hacían que Størmer pasara bastante inadvertido, aunque fuera sorprendido en más de una ocasión.

   Este joven paparazzi tuvo además una brillante carrera como matemático y físico, enseñando en la Universidad de Oslo durante 43 años. Fue conocido por estudiar de cerca la Aurora Boreal y nunca dejó atrás sus raíces fotográficas. Escribió textos sobre astrofotografía para aficionados e incluso organizó una exposición con parte de su fotografía callejera cuando tenía cerca de 70 años.

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