La literatura, como todo arte, es hija de su tiempo. Pocas novelas de ficción pueden desligarse del contexto histórico, social, cultural o económico de su época, y solo los grandes clásicos son capaces de sustraerse al paso del tiempo, quizás por el alma inmortal de sus personajes. En enero, Penguin Clásicos publicaba una nueva edición de uno de esos clásicos extraordinarios, Peter y Wendy de J.M. Barrie. Una novela que cuando fue editada por vez primera en 1911 decepcionó a la mayor parte del público, aunque en la actualidad es la obra de ficción traducida a más idiomas del mundo después de la Biblia. Peter y Wendy debe su universalidad a muchos factores, aunque sin duda es determinante el carácter eterno, atemporal y algo siniestro de su protagonista.

Barrie había dado a conocer a Peter Pan en una novela para adultos de 1901, El pajarito blanco(1). En esta obra, el personaje era un bebé criado por los pájaros que rescataba a los niños que se caían de sus cochecitos en los jardines londinenses de Kensington. Si Peter no llegaba a tiempo y los niños morían, se encargaba de enterrarlos y acompañarles al más allá —posteriormente se convertiría en la isla de Nunca Jamás— para que no tuviesen miedo, puesto que morir no era más que otra aventura. Un Peter enterrador de niños que convive con las golondrinas, alegorías de los espíritus de los niños muertos, y entronca con la tradición celta de los vástagos robados por las hadas.

Fuente: The secret stones of Kensington Gardens
En los jardines de Kensington las líneas divisorias entre las parroquias de Paddington y Westminster Saint Mary están señalizadas con dos piedras marcadas con las iniciales W. St. M. y P.P., pero en la novela son las tumbas de dos niños perdidos. Es curioso que las iniciales sean también las de Wendy Moira y Peter Pan, puesto que Barrie solía acudir a estos jardines con los niños de la familia Llewelyn Davies, cinco hermanos que acabaría adoptando a la muerte de sus padres.

No es ningún secreto que Peter Pan está inspirado en la idea de un niño inmortal para compensar la pérdida que la familia sufrió con la muerte de David, el hermano mayor de Barrie, a los trece años de edad. En el libro autobiográfico de J.M. Barrie, Mi madre, Margaret Ogilvy(2), el autor explica que su madre estaba tan destrozada por la pérdida de su hijo preferido que durante meses se vistió con la ropa de su hermano e imitó su voz y sus gestos para consolarla. Un niño que no quiere crecer, que no puede morir, que navega entre las aguas freudianas de la época, con complejo de Edipo y múltiple personalidad. Un personaje muy alejado del tópico infantil ideado por Disney.

Silvia Herreros de Tejada(3), especialista en J.M. Barrie y en Peter Pan, explica que en las Fairy notes del autor (las notas previas para la obra de teatro) Barrie se refiere a su protagonista como «severo representante del Destino», «Peter deja morir a los niños en el bosque, se regocija contemplándolos», «Peter brinca en medio de cosas trágicas y tristes». En inglés, el título del primer capítulo de la novela es «Peter Breaks Through» una expresión de la época que en espiritismo se utilizaba para indicar la posesión de una persona por el alma de un muerto. Y la primera vez que la señora Darling ve a Peter lo describe como un psicopompo que acompañaba a los difuntos al más allá, aunque no le da miedo ya que «creía haberlo visto en los rostros de muchas de las mujeres que no tienen hijos».

Además de estas y otras referencias siniestras que salpican la novela constantemente, en Peter y Wendy la muerte se considera un juego más. El grito de guerra de Peter es «¡Morir será una aventura formidable! », frase que en Inglaterra se eliminó de las representaciones teatrales de la obra durante la Primera Guerra Mundial, conflicto en el que murieron casi un millón de jóvenes británicos. Y fueron precisamente «¡Morir será una aventura formidable! » las últimas y épicas palabras que pronunció el productor teatral estadounidense Charles Frohman —que se dirigía a Gran Bretaña para ultimar los detalles de la representación de la obra de Barrie— antes de morir en el naufragio del Lusitania(4). Sin duda, para J.M. Barrie, Peter Pan era la idea de la eterna juventud pero también de la muerte, pues solo la muerte congela a los niños en el tiempo.

Fuente: Wikipedia
Este año, pasan a dominio público los derechos de autor de Peter y Wendy, que hasta la fecha se destinaban, por deseo expreso de Barrie, a la financiación del Hospital para Niños de Ormond Street(5)

Es curioso como las reinterpretaciones de los clásicos acaban deformando el imaginario colectivo de los lectores que no acuden a las fuentes originales. El caso más llamativo puede que sea el de Frankenstein(6); lo primero que acude a nuestra mente cuando leemos el nombre de este personaje de Mary Shelley es el Frankenstein cinematográfico: el monstruo con tornillos en la cabeza que apenas balbuce y babea mientras anda como un zombi. En la novela original de Shelley, su criatura habla varios idiomas, lee a Milton, mantiene conversaciones filosóficas con sus interlocutores y es capaz de perpetrar una venganza de elaborada crueldad y terror psicológico. En el caso de Peter Pan, pensamos en un niño volador y risueño, amigo de las hadas y de las aventuras, feliz y generoso. Pocos recuerdan ya al Peter enterrador de niños en los jardines de Kensington.

(1) BARRIE, James Matthew: El pajarito blanco. Ediciones Barataria (Barcelona, 2009)

(2) BARRIE, James Matthew: Mi madre, Margaret Ogilvy. Ediciones Erasmus (Madrid, 2012)

(3) BARRIE, James Matthew: Peter y Wendy. Penguin Clásicos (Barcelona, 2018)

(4) El hundimiento del barco norteamericano de pasajeros RMS Lusitania, el 7 de mayo de 1915, frente a las costas de Irlanda, por el ataque de un submarino alemán supuso la entrada de Estados Unidos de América en la Primera Guerra Mundial.

(5) http://lapiedradesisifo.com/2018/01/04/escritores-pasan-dominio-publico-2018/

(6) SHELLEY, Mary: Frankenstein. Editorial Austral (Barcelona, 2015)

Comentarios

comentarios