Descubrí a Esfir Shub en una época en la que veía películas frenéticamente. Buscaba en el cine inspiración para escribir, especialmente en el cine mudo. Había algo en las películas mudas que quería, de alguna manera que aún no había descifrado, trasladar al libro que estaba escribiendo. Y, en concreto, me interesaba el cine ruso de los años veinte: Eisenstein, Kuleshov, Vertov, Kalatózov, Dovzhenko… Y, sin embargo, nunca antes había oído hablar de Shub.

En este contexto vi por primera vez La caída de la dinastía Romanov, desde el desconocimieto total. No hacía falta que conociero nada, porque la película me cautivó desde el principio con su complejidad, por las múltiples capas de interpretación, por el proceso en el que fue creada y la idea que había bajo ella.

Enseguida quise saber más de la directora y me lancé a Internet. ¿Quién era? ¿Cuál era su filmografía? ¿De dónde había salido? ¿Por qué casi nadie hablaba de ella?

Encontré material escaso pero de buena calidad, que no hizo más que alimentar mi curiosidad conforme iba leyendo retazos de su biografía aquí y allá.

Ya solo su nombre me parece intrigante, Esfir Shub, como de leyenda, sonoro, exótico y lejano. ¿Qué había, pues, tras ese nombre?

¿Quién era Esfir Shub?

esfir shub

Esfir Shub

Esfir Shub (16 de marzo de 1894, Surazh, Rusia – 21 de septiembre de 1959, Moscú) fue una destacada y pionera cineasta soviética, que centró su actividad en el documental y el montaje cinematográfico.

Tras mudarse a Moscú desde su Surazhe natal, Shub estudió literatura y se interesó por el mundo del teatro durante los años diez del siglo XX. Aprovechando esta experiencia, en la siguiente década se inició en el mundo del cine, en Goskino, y ya en el año 1922 fue ascendida, junto a Tatiana Levinton, a jefa de la división local de montaje.

¿En qué consistía el trabajo de Shub en aquella época? Debía remontar y poner nuevos intertítulos a las películas extranjeras, para adecuarlas a las costumbres e ideología del público soviético. De este intenso y exigente trabajo intelectual comenzó a surgir un nuevo estilo cinematográfico, sobre todo en el género del documental, que cristalizaría en su futuros trabajos.

Además de esta formación como editora, se daba también la circunstancia de que en los primeros años de la URSS las condiciones para rodar nuevas películas eran muy dificultosas, dada la escasez de equipo y de recursos, de modo que se reutilizaba metraje antiguo, prerrevolucionario, para remontarlo y ajustarlo a los gustos de la época.

Como ejemplo de este trabajo, Shub montó la versión soviética de Carmen (1916), la primera película de Charles Chaplin que se proyectó en la URSS. También colaboró en diversos aspectos de las películas de Eisenstein Huelga (1926) y Octubre (1928).

La caída de la dinastía Romanov

Fotograma de La caída de la dinastía Romanov

Tras estos primeros años, en los que trabajó montando material prerrevolucionario y también colaborando en la creación de nuevas películas, Shub comenzó a realizar sus propios proyectos. Es una de las grandes representantes de ese subgénero soviético llamado “compilación fílmica”, donde llevó hasta sus últimas consecuencias el efecto Kuleshov, según el cual el montaje tiene una gran importancia en la comprensión semántica del espectador. De hecho, podemos considerarla la maestra por excelencia de este género.

Su primer trabajo, La caída de la dinastía Romanov (1927), utiliza todo tipo de material para narrar la ascensión al poder de los Bolcheviques, desde películas privadas de la familia imperial hasta fragmentos de noticiarios. Para llevar a buen puerto su proyecto, Esfir Shub inició la conservación y recopilación de diverso material de archivo, así como filmaciones de películas privadas y familiares, y restauró y conservó material que, de otra manera, se habría perdido irremisiblemente.

Otros de sus trabajos destacados son Los líderes de la electrificación (1932) o Ispanya (1939), sobre la Guerra Civil Española. Dejó inacabado un proyecto llamado Mujeres.

En la última parte de su vida, Esfir Shub escribió sus memorias, Zhizn Moya — Kinematograf (Mi vida — El cine), de las que, lamentablemente, me ha resultado imposible conseguir un ejemplar.

Verdad, creatividad, cine

esfir shub

El trabajo cinematográfico de Shub nos plantea diversas preguntas: ¿qué significa la verdad en el cine? Si es el montaje el que determina el significado, como demostró Lev Kuleshov, ¿se puede cambiar el sentido de cualquier pieza cinematográfica solo cambiando el montaje?

Shub, que trabajó con material de archivo y todo tipo de recortes y “sobras”, reciclando de aquí y de allá, aprovechando, recolectando (y aquí me acuerdo de Agnès Varda y su brillante “Los espigadores y la espigadora”, como una posible heredera de Shub), uniendo fragmentos inconexos para crear un nuevo significado, parece dar una respuesta afirmativa a esta última pregunta.

Tal vez sea esta complejidad filosófica que está en la premisas de su obra y, por supuesto, en cada una de sus películas, la que me resultara tan fascinante cuando la descubrí por primera vez. Tras ver La caída de la dinastía Romanov, tuve la sensación de haber encontrado lo que estaba buscando para desencallar el proceso de escritura de mi libro, e incluso (como no podía ser de otra manera) pasó a formar parte de él como un personaje, o al menos como el fantasma de un personaje. Así, el primer relato de La sabiduría de quebrar huesos lleva su nombre, Esfir Shub, en cierto modo como homenaje, una humilde manera de dar las gracias.

Con el paso del tiempo, desde la primera curiosidad al descubrir su nombre, la fascinación ante la calidad de su obra, hasta el peso que deja su cine años después de su descubrimiento, Esfir Shub ha sido una pequeña obsesión que me ha acompañado durante este tiempo.

La imagino en su labor de montadora, buscando la mejor manera de transmitir una idea con el material disponible, como una especie de demiurgo, su trabajo de recopilación y recorte como la metáfora perfecta de la vida del artista.

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