Desde la muerte de Platón, no hemos dejado de mirar al suelo. ¿Qué tiene que ver esto con la adicción a las tecnologías? Aparentemente nada. Aún así, voy a intentar hacer un repaso de lo que quiero contar, poniendo como punto de partida el año 347 a.C.

En esa lejana fecha Platón dejó de filosofar a los 80 años de edad, y fue su discípulo Aristóteles el que pasó a tomar las riendas del pensamiento metafísico. Como curiosidad, cuando algún bibliotecario, de cuyo nombre no me acuerdo, se puso a organizar todos los papeles que dejó escritos Aristóteles, los fue metiendo en cajas, agrupados por su temática: astronomía, botánica, ética, lógica, política… Pero el tipo no sabía qué hacer con esos papeles sobre el sentido de la vida y la realidad, así que los metió en la caja que le quedaba vacía más allá de la que contenía los papeles de la física, y como no sabía cómo llamar a ese tema le puso justo eso, «más allá de la física», o metafísica.

Bueno, el asunto no es ese, es más bien este otro: ¿Por qué lo que decía Platón a su muerte tiene algo que ver con lo que he venido a llamar heroína tecnológica?

Traed a la mente el cuadro titulado La escuela de Atenas. En el centro está Platón señalando con el dedo hacia arriba, hacia el cielo, es decir, hacia lo desconocido; o como me gusta decir, mirando a lo que no se ve con los ojos… A su lado, un joven alumno de 37 años, Aristóteles, extiende el brazo con la mano abierta y la palma hacia abajo, hacia la tierra; es decir, hacia lo que se puede ver y tocar.

Vamos a pararnos en otras dos fechas interesantes:

  1. El Imperio romano adopta el cristianismo como religión en el 380.
  2. Se cierra la Academia fundada por Platón en el 529, «por ser un foco de paganismo».

En resumen, el Sistema Religioso pone a todo el mundo mirando al suelo; de ahí que en las primeras universidades de la edad media en el siglo 12, y aún hoy en día de manos de muchos científicos, Aristóteles tumba a Platón en esto de seguir una filosofía materialista. Aquí un artículo serio sobre la gran influencia de Aristóteles en las universidades, titulado: «La iglesia católica y la creación de las universidades».

Más tarde le encargaron a Gutemberg que hiciera muchas y muchas Biblias para llevar al Nuevo Mundo, y poder decir a aquella gente ignorante de allí cuál es el pensamiento único. Los religiosos repartieron el libro sagrado entre la población colonizada, y les dijeron que lo allí escrito era la Verdad. Un día, los sacerdotes se exaltaron al comprobar que algunos de ellos estaban reunidos leyendo la Biblia, y les dijeron que eso no se hace así: «Tenéis que escuchar a los sacerdotes y hacer lo que ellos dicen; estas sagradas escrituras no se pueden entender sin las instrucciones de los monjes, que son los que han estudiado para interpretarlas».

Aquí una carta digitalizada con este título tan sugerente: «Carta de Cristóbal Colón al Papa Alejandro VI informando de sus viajes y solicitándole religiosos para enviarlos a las tierras descubiertas».

Por avanzar un poco lo que casi todo el mundo tiene bastante claro, nada más decir que después llegó la cadena de montaje, el capitalismo y la esclavitud laboral, y Marx que lo tenía bastante claro cuando dijo que: «Igual que en la religión el hombre es dominado por el producto de su propia cabeza, en la producción capitalista lo es por el producto de su propia mano».

Y no ha cambiado casi nada, porque seguimos mirando al suelo. Pan y circo; religión y opio; Facebook y heroína tecnológica. Extracto de un artículo publicado hace poco en la prensa sobre las redes sociales, con este título: «Manipuladoras de la atención. Vehículo de noticias basura. Oligopolios sin control. Las redes sociales han tenido en 2017 su ‘annus horribilis’. ¿Qué hacemos con ellas?». Y del que destaco este extracto:

«Para conseguir que la gente permaneciera mucho tiempo en la red, había que generar descargas de dopamina, pequeños instantes de felicidad; y que éstas vendrían de la mano de los me gusta de los amigos. “Eso explota una vulnerabilidad de la psicología humana”, afirmó. “Los inventores de esto, tanto yo, como Mark [Zuckerberg], como Kevin Systrom [Instagram] y toda esa gente, lo sabíamos. A pesar de eso, lo hicimos».

Para qué quiero heroína, si tengo libertad.

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