Cómics existenciales de Corey Mohler

La mayor parte de los textos filosóficos son densos, crípticos o, cuanto menos, bastante textuales. Quiero decir, no es el tipo de libro donde uno esperaría encontrar dibujos ni ilustraciones. Y es que la filosofía no parece, en principio, un ámbito que se preste mucho al formato cómics, y mucho menos que sea capaz de atraer a millones de lectores. Si obras como El mundo de Sofía fueron revolucionarias en su momento porque demostraron que es posible divulgar filosofía en formato novela sin dejar a un lado a un lector más adolescente, de un tiempo a esta parte venimos asistiendo al nacimiento de diferentes intentos por volcar en viñetas muchas una parte más o menos significativa del corpus de la historia de la filosofía. Un ejemplo sería Filosofía en viñetas, de Michael F. Patton y Kevin Cannon, pero pocas obras han conseguido la repercusión y han trascendido a los niveles en que lo han conseguido los cómics existenciales de Corey Mohler.

Desde finales de 2013 Corey ha publicado en su blog, Cómics existenciales, unos doscientos cómics en los que aparecen más de cien filósofos como personajes, desde los griegos presocráticos a filósofos contemporáneos como Peter Singer o Robert Nozick. No deja de ser curioso que la página haya superado más del millón de visitas al mes y que se haya convertido en uno de los sitios de referencia de temática filosófica por delante, con bastante distinta, de otros portales de un enfoque más serio, teniendo en cuenta que Corey Mohler no tiene formación filosófica académica ‒es desarrollador de software especializado en matemáticas‒ y que todo lo que sabe sobre filosofía, que no es poco ni mucho menos, lo ha aprendido de forma autodidacta.

Era cuestión de tiempo que gran parte de ese trabajo fuera recopilado y publicado en forma de libro. Ha sido Editorial Stirner la que nos ha regalado a todos los amantes de la filosofía del mundo hispánico una traducción en castellano en edición de lujo. Como era de esperar, por algo se titula Cómics existenciales el conjunto, el existencialismo es una de las doctrinas filosóficas que más predominan ‒Mohler ha confesado en varias entrevistas que Jean-Paul Sartre es su filósofo favorito‒, pero no se limita a esta forma de pensamiento ni mucho menos. Junto a Sartre, Simone de Beauvoir o Albert Camus encontraremos una amplia gama de filósofos. Aunque se puede considerar divulgativo, no se trata de enseñar historia de la filosofía, lo que explica que se aleje del típico enfoque cronológico que tienen este tipo de obras. Por el contrario, Mohler no tiene inconveniente en mezclar filósofos de todas las épocas, con frecuencia para contraponer sus diferentes formas de pensamiento. De hecho, uno de los recursos que más suele utilizar es el de descontextualizar a los filósofos de su época y traerlos al presente, para hacerles jugar a diferentes juegos de mesa, pasearlos por algún programa de la televisión o convertirlos en roles que pueden ir desde los típicos oficinistas hasta los pokemon o los osos amorosos. Las referencias a la cultura pop son constantes, ya sea a través del cine, de la televisión, del mundo de la canción, de los propios cómics, etc. El resultado es una mezcla curiosa al tiempo que hilarante. A pesar de la idea de disciplina seria que se suele tener de la filosofía, es difícil pasar varias páginas y no soltar una carcajada en algún momento. Simplemente maravilloso.

Ahora bien, que sea humor no significa que Mohler no sepa ponerse serio. Es más, cuando lo hace, consigue poner los vellos de punta. Sin menospreciar sus viñetas humorísticas, algunos de los cómics existenciales serios son verdaderas obras de arte que hacen que pueden hacer que el lector se estremezca o que, cuanto menos, puede colocarle en un aprieto mental.

Si bien Mohler es autodidacta, los conocimientos que tiene de filosofía a veces llegan a abrumar. Que sea un cómic de humor no significa que sea una obra superficial ni mucho menos. Para entender muchas de las historias no es suficiente con un conocimiento básico de los filósofos en cuestión, es necesario haber profundizado un poco ‒o un mucho‒ en su forma de pensamiento. Sí, el que piense que no hay densidad se equivoca, pero Mohler tiene el don de comprimir en una viñeta o en un par de bocadillos aquello que un manual de filosofía te explicaría en varias páginas, y conseguir además que te rías. Si esto no es la cuadratura del círculo no sé qué puede serlo. Además, como he dicho antes, es una obra divulgativa. Siguiendo el espíritu de su blog, Mohler incluye un apartado final donde explica casi todas las historias, a veces con un breve párrafo y otras con una o dos páginas, dependiendo de la sustancia del cómic. Este apartado es muy esclarecedor y conviene ir leyéndolo a la par que se leen las historias para complementar y acabar de entender todos esos guiños y referencias que no siempre son tan evidentes. También se incluye el clásico índice onomástico por si nos apetece leer el cómic de un filósofo en concreto.

Si la formación filosófica de Mohler es autodidáctica su experiencia en el mundo del dibujo y del cómic no se queda atrás. Está claro que el peso de Cómics existenciales recae más en su guion que en sus dibujos. La pluma de Mohler es temblorosa pero sus viñetas están llena de color y tienen un estilo naif que le viene que ni al pelo al tema, por no decir que en ocasiones se atreve con algunos experimentos visuales que hacen que el conjunto sea más heterogéneo.

En fin, como amante de la filosofía y de los cómics se me podría decir que tal vez no soy la persona más objetiva para juzgar este libro. Ahora bien, millones de lectores avalan un libro que se ha convertido en una referencia dentro de la filosofía. Al lector dudoso siempre le queda el recurso de echar un vistazo al blog de Mohler ‒eso sí, en inglés‒ y estoy seguro de que el siguiente paso será el de querer tener todas esas maravillosas historias en un mismo volumen. Y si es una edición de lujo, mejor que mejor.

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