En un rincón distante del norte de Japón, un lugar conocido sobre todo por sus arrozales en terrazas y huertos de manzanas, se encuentra el pequeño pueblo de Shingo, donde hay una pequeña pero atracción curiosa. Se trata de un discreto montículo de tierra desnuda, en medio de un bosquecillo de bambú, que está rodeado por una valla blanca y marcado con una gran cruz de madera. Debajo de esa pila de tierra, supuestamente, yacen los restos de Jesús de Nazaret.

De acuerdo con la tradición que hay detrás de ese montículo, Jesús no murió realmente en la cruz del Calvario sino que quien lo hizo fue su hermano menor, un tal Isukiri. Jesús logró escapar en secreto de la crucifixión cambiándose de lugar con su hermano. De esta forma, el verdadero hijo de Dios huyó a través de Siberia a la prefectura de Aomori, en el extremo norte de Japón, donde se convirtió en cultivador de arroz, se casó, tuvo una familia y finalmente murió de vejez a los 106 años de edad. Incluso se dice que hay una familia en el pueblo que descienden directamente de Cristo.

Pero hay más. Cuenta la leyenda local que Cristo visitó Japón por primera vez cuando tenía 21 años, para estudiar teología. Vivió en Japón durante 12 años aprendiendo el idioma y la cultura nativos, antes de regresar a Jerusalén a la edad de 33 años para predicar.

La fuente de esta extravagante historia son los llamados «Documentos Takenouchi», supuestamente descubiertos en la década de 1930, que detallaban la vida y la muerte de Jesús, incluidos los «años perdidos» que no se narran en el Nuevo Testamento. El período perdido de la vida temprana de Jesús ha dado lugar a varias especulaciones. Existen teorías de lo más diversas ‒y rocambolescas‒ que lo sitúan en los puntos más dispares del mapa, desde Gran Bretaña hasta Cachemira, en la India. Según los documentos de Takenouchi, Jesús no solo pasó esa etapa de su vida en Japón sino que también murió allí.

La teoría fue perpetrada por un sacerdote sintoísta, Kyomaro Takeuchi, que afirmó haber descubierto los documentos, escritos en hebreo, en la biblioteca de su familia. Los documentos originales han desaparecido convenientemente, pero la traducción japonesa e inglesa de estos misteriosos manuscritos sí están disponibles.

Aunque los expertos han descartado la teoría y los documentos son ampliamente considerados un engaño, hay lingüistas que señalan diferentes similitudes entre el idioma japonés y el hebreo antiguo. Por ejemplo, el nombre de la aldea era anteriormente Herai, que según algunos de los locales deriva de la palabra Hebrai, que significa hebreo en japonés. Por otra parte, los aldeanos mantienen tradiciones que son claramente no japonesas, como el hecho de marcar a los recién nacidos con una cruz en la frente, un símbolo que carece de significado en el budismo y en la religión sintoísta, las dos principales corrientes religosas de Japón. Ahora bien, si según la historia Jesús no fue crucificado, cabría preguntarse qué significado podría tener entonces la cruz.

En honor a la verdad, hay dos tumbas en Shingo. Una de ellas contiene el cuerpo de Jesús, y la otra una de las orejas del hermano menor de Cristo, Isukiri, que recordemos que fue quien lo sustituyó en la cruz. Delante de las tumbas hay una cesta donde los peregrinos dejan monedas en agradecimiento por las plegarias oídas.

Dejando a un lado el folclore, los estudios más serios sostienen que las tumbas podrían contener los cuerpos de misioneros del siglo XVI. Incluso Junichiro Sawaguchi, el miembro más viejo de la familia Shingo y considerado como descendientes directos de Cristo, no cree realmente en la leyenda, pero es cauteloso de expresar su opinión. Cuando se le preguntó, simplemente se encoge de hombros. La historia no deja de recordar a la de Hong Xiuquan, el hermano chino de Jesucristo, aunque un tanto más amable, porque recordemos que Hong Xiuquan acabó provocando una masacre.

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