El Piganino (Fuente).

Usar animales para crear música es una de esas pequeñas alegrías que nos ha dado la tecnología. Si no me crees, antes de seguir leyendo te invito a que escuches el opening de Juego de Tronos versionado por gatos, por perros e incluso por perezosos. Sin embargo, en el pasado, cuando estábamos a años luz del uso de samplers, también hubo quien quiso usar animales como instrumentos para hacer música. Con la única diferencia de que por entonces la única opción era hacerlo de forma literal.

Uno de esos primeros intentos fue el del abad de Baigne, maestro de música y constructor de instrumentos, como resultado de un desafío planteado por el rey Luis XI de Francia. Según nos cuentan Pierre Bayle y Nathaniel Wanley el reto consistía en crear un órgano en el que el sonido fuera emitido por una piara de cerdos. El plan del abad consistía en clasificar los animales por tamaños. Eligió especímenes de distintas razas, tanto cerdos como jabalíes, y los hizo engordar o adelgazar durante un mes, para después ordenarlos de acuerdo con sus diversos tonos y semitonos, que emitirían al ser pinchados con agujas conectadas a las correspondientes teclas. De esta manera, el intérprete podía tocar diferentes notas, produciendo una melodía armónica. Se decía que el resultado fue sorprendente, aunque no demasiado agradable para el oído humano. De cualquier forma, el invento funcionó y Luis XI quedó encantado con el concierto. El instrumento fue bautizado como «Piganino».

Katzenklavier (Fuente).

Otro piano similar al Piganino, o al menos tan singular, fue el Katzenklavier o «Piano de gatos». El instrumento fue descrito por primera vez por el estudioso jesuita Athanasius Kircher en su obra de 1650 Musurgia Universalis. Kircher describe el instrumento de con estas palabras: «para levantar el ánimo de un príncipe italiano agobiado por las preocupaciones de su puesto, un músico creó para él un piano de gatos. El músico seleccionó a varios gatos cuyas voces naturales tenían diferentes tonos y los colocó en jaulas adyacentes, de manera que cuando se presionaba una tecla del piano, un mecanismo elevaba una punta afilada hacia la cola del gato correspondiente. El resultado era una melodía de maullidos que se iba haciendo más fuerte a medida que los gatos se iban desesperando más. ¿Quién no iba a reírse con esa música? Así fue como terminaron con la melancolía del príncipe».

Caricatura del Katzenklavier (Fuente).

En el siglo XVIII el psiquiatra alemán Johann Christian Reil lo describe de la siguiente manera: «una serie de gatos acomodados en una fila con sus colas extendidas detrás de ellos. Un teclado equipado con puntas afiladas sobre ellos. Los gatos afectados proporcionan el sonido. Una melodía tocada con este instrumento deberá traerlos a un estado fijo de conciencia». Este instrumento ya se consideraba en su época como una especie de antecedente de lo que hoy entenderíamos como musicoterapia, para tratar a pacientes con déficit de atención. Reil estaba convencido de que si se obligaba a escuchar este instrumento a pacientes que habían perdido la capacidad de enfocar su atención inevitablemente volverían a centrarse y se curarían.

Aunque estos instrumentos hayan pasado a la historia de la cultura popular extravagante, no hay constancia real de que ninguno de los dos haya sido construido de verdad. Una simulación de un Katzenklavier, lo más parecido que puede verse a uno auténtico, podemos observarlo en un extraño vídeo del excéntrico Salvador Dalí (a partir del minuto 01:00).

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