Dime, lector, ¿te consideras una persona progresista o conservadora? Probablemente la mayoría de los lectores se consideran a sí mismos uno u otro, o al menos algo catalogable entre ambos. Ninguno nos consideramos, por ejemplo, radical o indiferente ante la novedad. Pero, ¿y si lo fuéramos todo a la vez?

progresista-conservador

Pongamos, por tocar algo, el ejemplo del matrimonio civil homosexual. Lo que hoy día en España consideramos moderado en algunos sectores y progresista en otros, en países como Rusia está clasificado como radical. Para buena parte de la población es demasiado nuevo. Sin salir de España, hace 50 años la homosexualidad era tildada de ridícula, como poco.

En otras palabras, cómo de progresistas o conservadores somos responde al pensamiento mayoritario de allí donde nos encontremos, y la “época mental” de sus habitantes. Una persona conservadora en un país puede viajar a otro y darse cuenta de que se encuentra en la punta de lanza del progresismo, y viceversa. Especialmente cuando cambiamos de un tema a otro. ¿Te consideras progresista? Serás el siguiente conservador.

¿Nos ayudas a recoger algunos datos?

Nos gustaría hacer, con nuestros lectores y conocidos, un experimento sociológico. Para ello hemos preparado unas preguntas a responder de manera totalmente anónima. Nos gustaría saber cómo de progresistas somos en función de algunos temas sociales que genera conflicto. En este enlace puedes hacer el test en una ventana nueva.

¿Te has planteado lo conservador que eres?

Si has realizado el pequeño test de arriba contestando con sinceridad es posible que respondiendo a varias de las preguntas te hayas dado cuenta de que eres conservador en uno o varios temas de actualidad. Y eso que hemos quitado muchos de los puntos para que el test pueda responderse en menos de un minuto.

Hemos dejado fuera aspectos como la tecnología autónoma o el uso de la inteligencia artificial, los sistemas de voto telemático o el decir adiós al dinero, por mencionar algunos ejemplos actuales del área tecnológica. Y hemos ido a aquellos temas que más nos tocan la fibra moral.

Es posible que alguno de los lectores que nos leen fuesen de los que salió a la calle en la década de los 80 para reivindicar la igualdad en el matrimonio civil homosexual y que, sin embargo, hoy en día se escandalicen al escuchar sobre los géneros fluidos o las familias de tres padres.

Si algo caracteriza a la sociedad es el constante cambio. Lo que hoy nos resulta nuevo, intrigante e incluso demasiado progresista probablemente nuestros hijos lo tomen como algo completamente normalizado que no requiera ni pensar en ello. El sufragio universal es uno de esos puntos que todos damos por hecho y que, sin embargo, es de una actualidad indudable.

Si nos remontamos a hace unos siglos nos damos cuenta de que el sufragio es solo burgués. En aquel tiempo pensar que un varón pobre podía votar resultaba igual de absurdo que el que una mujer rica ejerciese el derecho a voto. Para la sociedad de la época la pregunta misma de por qué no votaban carecía de sentido. Ni siquiera era tabú: es que ni se había planteado la posibilidad.

Muchos de los lectores que se hayan considerado progresistas (he aquí uno de ellos) probablemente ignoren buena parte de los movimientos sociales de las próximas décadas. Del mismo modo, muchos de los progresistas modernos seguimos pensando en términos de proletariado y burguesía, conceptos que ya en el siglo pasado perdían validez y que hoy tienen una estructura no aplicable a nuestro modelo socioeconómico.

Quizá el lector defendió en su momento el alzamiento del proletariado y, sin embargo, no se ha movilizado en absoluto por las huelgas de los pensionistas. ¿Por qué? ¿Eso no es progresista? Es posible que quien defendió a capa y espada a finales del milenio pasado el derecho a una muerte digna se indigne cuando se habla de aborto.

A medida que el pensamiento social se va conformando, en líneas generales en una tendencia hacia la libertad individual que incluya cierta garantía social y económica, nacen nuevos temas más controvertidos. Por ejemplo, en el test he matizado la transgenia como tecnología (que ayuda a las personas diabéticas) frente a la transgenia como economía (en manos de monopolios) porque cada movimiento social tiene un sinfín de matices.

Dime, lector, ¿te consideras progresista o conservador? Si tienes hijos adolescentes o más mayores, y si tus padres siguen vivos, es interesante que les preguntes a ellos cómo te consideran. También es interesante que les hagas el test, no deja de ser curioso entender cómo cambia

Imagen | Rakicevic Nenad

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