El color de la magia.

La Gran Tortuga A’Tuin se acerca, nadando lentamente por el golfo interestelar…

El color de la magia fue escrito por Terry Pratchett allá por 1983. No se necesita ser un gran conocedor de nada para entender desde el inicio que lo que Pratchett quiso hacer con este libro fue imitar al bueno de Cervantes con su ilustrísimo Alfonso Quijano: hacer una parodia, pero no de la literatura caballeresca sino de los libros de fantasía y ciencia ficción.

Partamos de acá entonces. Sí, es una parodia, pero una muy bien hecha. De hecho, la mitología que construye resulta bastante fascinante. Aquí vemos, por ejemplo, cómo está constituido este mundo en forma de disco, escenario y por ratos personaje de El color de la magia:

La Gran Tortuga A’Tuin se acerca, nadando lentamente por el golfo interestelar, con los pesados miembros llenos de hidrógeno congelado, la enorme y viejísima concha llena de cráteres de meteoros. Con unos ojos del tamaño de mares, encostrados de lágrimas reumáticas y polvo de asteroides, Él contempla fijamente el Destino.

Por supuesto, la mayor parte del peso se debe a Berilia, Tubul, Gran T’Phon y Jerakeen, los cuatro elefantes gigantes sobre cuyos lomos y amplios hombros bronceados por las estrellas descansa el disco del mundo, enguirnaldado por una enorme catarata a lo largo de toda su circunferencia, y cubierto por la bóveda azul pálido del cielo.

Podrá parecer extremadamente ridículo imaginarse un mundo que descansa sobre cuatro elefantes, que a su vez descansan sobre una tortuga, pero, ¿no les parece que también es una imagen maravillosa?

El asunto con los personajes

Prácticamente solo hay dos personajes principales en toda la novela: Dosflores y Rincewind.

El primero es un burócrata del imperio Ágata con la vida más ordinaria imaginable, uno de esos personajes que le hubiesen encantado a Kafka. Pero todo esto lo sabemos hasta después: la historia de Dosflores no es narrada desde que llega a la salvaje Ciudad-Estado Ankh-Morpork, un lugar infestado de ladrones, asesinos, prostitutas, bares, héroes y muchísima violencia sin sentido.

La intención primordial de Dosflores es la de vivir aventuras, conocer héroes, villanos y magos, y, sobre todo, comprar recuerdos que le den sentido a su existencia gris. La mayor parte del tiempo actúa como si estuviera de vacaciones en un parque temático, incluso cuando su vida corre verdadero peligro. De hecho, al inicio de la historia Dosflores es un personaje infantilizado, con una displicencia ante la realidad que raya en lo absurdo.

Rincewind, sin embargo, es un caso peculiar, incluso dentro de este mundo extraño y caótico. Se trata de un mago mediocre y venido a menos. Su particular forma de ver el mundo, de moverse en esa ciudad-sin-dios y su natural cobardía lo convierten en una fuente de historias fascinante. Cantinflesco, creo que sería el mejor calificativo que le podría dar. De hecho, lo echaron de la Academia Invisible (el equivalente a Howgarts del mundo disco) porque, sin querer, aprendió un hechizo (o mejor dicho: el hechizo le aprendió a él) que estaba escrito en uno de los Libros de la Creación. Un asunto prohibido.

Pero Ricenwind tiene un gran talento: los idiomas. Conoce casi todos los idiomas que se hablan en el Mundodisco. Esta característica es la que une su historia con la de Dosflores.

Ahora que lo pienso, hay otro grandioso personaje que, aunque jamás pronuncia palabra, termina siendo trascendental para toda la historia: el equipaje de Dosflores, que está hecho de un tipo de madera especial y carísima, lo que lo convierte en una especie de “mascota que siempre busca a su amo”, con la ayuda de sus miles de patitas.

En poco más de 200 páginas estos personajes viven una cantidad importante de experiencias y visitan una variedad increíble de personajes, que van desde hadas, dragones imaginarios hasta trolles hechos completamente de agua. Y aquí es donde hay otro punto interesante.

La historia de El color de la magia

La historia de El color de la magia es, de hecho, bastante simple. El emperador de Ágata envía un mensaje al gobernador de Ankh-Morpork: eliminar a Dosflores a cambio de una recompensa. ¿Por qué? El Imperio Ágata es el más importante Imperio en el Mundodisco. Algunos habitantes de Ankh-Morpork incluso dudan de su existencia. Se trata de un lugar donde el oro y las riquezas se encuentran a la orden del día. Donde sus ciudadanos son felices y todo eso que ya sabemos. Es, como cualquier imperio que se respete, receloso con los lugares que visitan sus ciudadanos, pero sobre todo es orgulloso. Aunque no lo dicen directamente, el emperador se ha tomado como una afrenta que un ciudadano de Ágata haya decidido irse a una ciudad tan detestable como Ankh-Morpork, aunque sea de vacaciones.

Así que aquí tenemos servido el detonante. Los personajes más detestables de todo el Mundodisco se lanzan tras Dosflores para terminar su vida y cobrar la jugosa recompensa.

Esta pequeño resumen de dos párrafos da lugar a que nuestros personajes vivan aventuras intensas, maravillosas, alucinantes.

Las debilidades

Una de las debilidades que tiene el libro es que las primeras páginas (en donde nos explica lo de la Tortuga y los Elefantes) resultan innecesariamente densas. Es bien fácil que uno decida no continuar con el resto del libro por culpa de estas primeras páginas.

Otra cosa es que los personajes no resultan tan interesantes a primera vista. Sí es cierto que en el camino se vuelven profundos, multidimensionales, carismáticos, pero no logran engancharnos en las primeras páginas.

Pero vale la pena…

Hay una razón que me parece la más valiosa de todas para acercarse al universo del Mundodisco: Terry utiliza con maestría insospechada el sentido del humor. Fueron incontables las veces que me reí con ganas en alguna escena, en algún diálogo.

Creo que logró construir un híbrido entre una historia correctamente narrada, que vale muchísimo por sí misma y, al mismo tiempo, burlarse con sobrada fluidez de un género que por lo general tiende a la solemnidad.

No sé si voy a continuar con la saga (son 41 libros los que van hasta ahora) pero al menos me quedo con la grata sensación de que El color de la magia valió mucho la pena. Me atrevería a recomendarlo.

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