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Baviera es una región alemana preciosa. El clima favorece campos verdes infinitos, y aquí y allá ciudades medievales salpican el horizonte. Pero no siempre ha sido así. Hubo un tiempo, hace 15 millones de años, en que la actual Baviera se convirtió en un foso humeante y repleto de fuego después de que un meteorito de un kilómetro de largo devastase la región. Tal cual.

El meteorito que golpeó lo que hoy es Nördlingen

Este meteorito no era tan grande como aquel cuyas consecuencias había transformado a los dinosaurios a meras gallinas, 40 millones de años atrás. Pero era grande y estaba formado por metal de alta densidad. Cuando un objeto así cae a la Tierra, le deja una marca considerable a lo que haya debajo. Y lo que había era grafito. Con ellos, la colisión produjo miles de millones de diamantes diminutos.

Los diamantes son estructuras atómicas muy interesantes. Durante años se pensó que eran el material más duro existente, aunque nuevos materiales le han quitado del podio. Muchos millones de años antes de que el meteorito impactara en Baviera, miles de toneladas de grafito se movían por la corteza terrestre sin conocer su localización final.

Mareados por las vueltas de la Tierra, la deriva de las placas continentales y el ligero hundimiento debido a su densidad relativa, el grafito quedó en el lugar perfecto a la espera del trozo de metal extraterrestre. El pepinazo ocurrió en algún momento del Langhiense, un periodo de tiempo geológico del Mioceno. El meteorito atravesó la atmósfera, se aproximó al suelo y calcinó todo a su paso.

Cuando un meteorito de esas dimensiones llega al suelo, el aire no tiene tiempo para apartarse de su trayectoria. Como si fuese un gigantesco bombín de bicicleta, la atmósfera sobre Baviera se incineró debido a la presión y temperatura, y esto fundió al instante lo que había debajo.

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Imagina, en mitad del campo un círculo de un kilómetro de radio, que elevamos la presión al instante. Tan rápido y tanto que la roca pasa de unos tranquilos 16ºC (en el Mioceno hacía más frío) a miles de grados de temperatura. Probablemente ninguno de los lectores ha visto jamás cómo ebulle una piedra, es decir, cómo se transforma de sólido a gas debido a la temperatura. Esto es lo que ocurrió en Baviera.

Miles de toneladas de pequeños diamantes

El meteorito también desapareció tras el “impacto”, probablemente sin llegar a tocar el suelo. En un aire tan denso y caliente, quizá también se volatilizase antes de llegar abajo. Pero su energía sí que llegó. Transmitió tanta que hizo líquidas las miles de toneladas de grafito antes mencionadas.

Si uno aprieta bastante el grafito, digamos, durante un par de millones de años, consigue un diamante. Para su fabricación, los diamantes necesitan varios ingredientes: presión, temperatura, tiempo y grafito. Cuanta más presión, menos temperatura o tiempo hacen falta; cuanta más temperatura, menos presión y tiempo; y cuanto más tiempo menos presión y temperatura.

El meteorito de Baviera era enorme; y las presiones y la temperatura, brutales. En un impacto que duró unos segundos, cambió el estado atómico de muchas toneladas de grafito. Los transformó en diminutos diamantes de 0,2 mm de diámetro. Casi invisibles a los ojos. Las burbujas más calientes del grafito usaron esa energía para conformar estas piedras preciosas tan demandadas.

La construcción de Nördlingen

Muchos millones de años después, un simio casi calvo llegó a Europa y decidió que aquellos fértiles campos merecían la pena. Levantó una muralla, construyó decenas de casas y se estableció en sus campos. Este simio no lo sabía, pero los terrenos admitían bien los cultivos debido a su alto contenido en materiales desprendidos de aquella gran explosión 15 millones de años atrás.

Durante siglos, las gentes de Nördlingen usaron para sus construcciones piedra local. Era lo lógico, después de todo. La mezclaron con distintos materiales y levantaron con ella la muralla, las viviendas y los 90 metros de Daniel, la torre de la Iglesia San Jorge en pleno centro. Todo Nördlingen está construido con elementos derivados de la colisión, tiempo ha.

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Y con los diamantes, que nunca dejaron el cráter de impacto. Aunque la ciudad tiene una muralla circular, lo cierto es que el cráter mide muchos kilómetros y que Nördlingen ni siquiera está en el centro. Es decir, no coincide la huella del cráter con el perímetro de la ciudad medieval.

Según los expertos, hay unas 72.000 toneladas de diamantes de 0,2 mm de diámetro, siendo la densidad del diamante de 3,51 g/cm3. Para echar cuentas sobre el número de diamantes, el acero tiene una densidad de 7,85 g/cm3. Se haga el cálculo como se haga, la población de Nördlingen es la que más diamantes posee por habitante. Si bien es cierto estos son minúsculos y no poseen el tipo de valor que asignamos a este material.

En La Piedra de Sísifo | Lluvia de piedras sobre L’Aigle

Imágenes | Wolkenkratzer, Andreas Zeidler, Tilman2007

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