Hace tiempo, en este mismo blog y a raíz de la historia de Manuel Bartual, hablamos sobre la posibilidad de que los hilos de Twitter fuesen una disciplina literaria. ¿Por qué no? ¿No lo son los haikus, las noticias en un periódico o los cómics, en este orden de aparición histórico?

No toda la literatura se encuentra aprisionada en libros. De hecho, y según la RAE, esta es todo “arte de la expresión verbal”, con el problema que tenemos a la hora de delimitar el ‘arte’. Como los cuadros, los emails se planifican, se estructuran, se perfilan y finalmente se exponen.

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E incluso se compran y se venden si su contenido es bueno, haciendo clic en la información y reenviando a otras personas el mensaje. ¿Es el email una disciplina literaria? Y quizá lo más importante: ¿Se encuentra en vías de extinción?

La competencia al email

Si haces uso de un dispositivo móvil es muy probable que uses en él alguna aplicación de correo electrónico, pero que envíes más información a través de otros medios como WhatsApp, Twitter o Slack. A medida que las aplicaciones han ido ganando terreno en distintos ámbitos, el correo ha ido perdiendo peso específico.

Así, antes el grueso de la comunicación directa online (la indirecta sería una publicación en una web, como esta) pasaba por el correo electrónico. Ahora ya no, y una miríada de servicios compiten en tiempo de uso y caracteres. Si buscamos interacción rápida abrimos un chat. Pero, ¿y si buscamos algo más permanente?

La estructura del correo electrónico frente a otra literatura

Hay muchos detractores al correo electrónico. Todo aquel que busca la inmediatez y una respuesta rápida podría pensar que el WhatsApp es más rápido que usar Gmail. Sin embargo, la rapidez no la otorga el sistema sino la persona que haya al otro lado. Si quien ha recibido el escrito pasa de ello durante semanas, poco importa el canal.

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Ocurre que el WhatsApp parece pensado para dispositivos móviles, siempre presentes y acompañándonos; mientras que Gmail da la impresión de ser más para navegador. Ocio, WhatsApp; trabajo, Gmail. Tiene cierto sentido, ya que no parece tan ‘obligatorio’ contestar a un chat que a un email. Los emails parecen más serios y trabajados, y en los chats aún nos permitimos escribir mal.

No obstante estas diferencias no pertenecen al canal, sino al uso que se le da al mismo en base a… ¿qué? A su eficiencia en diversos entornos. Si te pierdes un WhatsApp de tus amigos probablemente no pase nada, pero si te pierdes un email en el trabajo el cuento cambia. ¿Qué es más fácil perder? Una empresa que use un chat corporativo se juega que sus empleados no recu¡iban la información.

En los chats clásicos el texto aparece como lo haría en una novela: arranca arriba a la derecha y sigue hacia la izquierda, llega al extremo, salta una línea y continúa. Lo mismo ocurre con el email. En este sentido la estructura literaria es muy parecida. Prosa, a menos que alguien se dedique a rimar y a introducir saltos de línea innecesarios.

Pero hay una diferencia básica en su estructura. Mientras que los diferentes mensajes de correo se acumulan uno a uno de forma independiente en la bandeja de entrada, la bandeja del chat va desplazándose hacia arriba queramos o no. Una persona poco activa en un chat pronto acabará perdida, mientras que alguien poco activo en el mail se topará con mucha información que analizar en el orden que desee hacerlo.

Cuestión de prioridad, y casi de educación

Esta última diferencia fundamental entre el email y sus posibles sustitutos conlleva otras diferencias de uso. Una conversación de chat se parece mucho a una llamada telefónica: implica cierta demanda a contestar rápido, especialmente en grupos. Si no lo haces, la otra persona podría molestarse. Esto no ocurre con el email, aunque ambos sistemas estén pensados para generar una interacción.

Los libros o los poemas, en principio, no cumplen estas reglas. Aunque muchas novelas se redactaron pensadas para recibir feedback y crear una tribu social, como las últimas entregas de Harry Potter, en la mayoría no se da esto. Por contra, aunque hay correos electrónicos que no buscan respuesta, el grueso de ellos funciona como un reclamo a la acción.

Es decir, tanto el correo como el chat podrían ser disciplinas literarias, pero una demanda atención inmediata y la otra es algo más paciente. Con el email vemos la información cuando nos apetece a nosotros, mientras que con el WhatsApp se nos pide contestar cuando la otra persona desea. El enfoque y la aproximación al lector es completamente diferente.

En este sentido, el email es una forma de comunicación muy poco invasiva. Nada que ver con el telefonillo de la puerta de casa. (No, este no es literatura). Cuando alguien llama te fuerza a acudir a un punto de la casa y hablar, algo que no ocurre con el correo ordinario (si el cartero no pulsa tu piso, claro). Con el email ocurre algo parecido, no se obliga a la persona a interactuar con uno en tiempo real.

Literatura efímera

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Como “arte de la expresión verbal” está claro que el contenido del email es literatura, aunque quizá no la literatura de la que solemos hablar en La Piedra de Sísifo. A diferencia de la de los libros, esta es efímera, o tiende a serlo. Seguramente muchos de nosotros tenemos correos electrónicos especiales guardados, aunque la mayoría en la bandeja de entrada serán recientes.

Si ya hemos contestado o leído su interior, es raro que los rescatemos en el futuro para releerlos. Su contenido, al igual que ocurre con un tuit, es efímero, aunque no tanto como el contenido de un chat. Resultaría sorprendente que leyésemos emails de hace décadas, aunque haya casos.

Y, sin embargo, uno de los primeros sistemas de comunicación en Internet sigue funcionando hoy día. El email es resiliente, quizá por las ventajas mencionadas previamente. Quizá en un tiempo la Real Academia Española incluya la palabra ‘obra’ delante de la definición de correo electrónico como ya ocurre con poema:

Poema 1. m. Obra poética normalmente en verso.

Correo electrónico 1. m. Sistema de transmisión de mensajes por computadora a través de redes informáticas.

Imágenes | Pfpiovani, JuralMin

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