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En algún momento durante los dos años que Ana Frank pasó escondida, mientras escribía en su diario, pegó un papel marrón sobre dos de las páginas, haciéndolas ilegibles. La Casa de Ana Frank en Amsterdam ha anunciado recientemente que los investigadores pudieron decodificar esas páginas ocultas con la ayuda de un software de imágenes y que contienen «cinco frases tachadas, cuatro bromas ‘sucias’ y 33 líneas sobre educación sexual y prostitución». Ana Frank escribió esas páginas el 28 de septiembre de 1942, unos dos meses después de que ella y su familia se ocultaran. En ese momento tenía trece años.

«Usaré esta página estropeada para escribir chistes ‘sucios’», escribió Ana Frank según el museo. Una de estas bromas, informa Mike Corder en The Associated Press, sería la siguiente: «¿Sabes por qué las chicas Wehrmacht alemanas están en Holanda? Como colchones para los soldados.» ‒«Wehrmacht» era el nombre de las fuerzas militares alemanas‒. Sobre el ciclo menstrual escribió que cuando una joven lo tiene es «una señal de que está lista para tener relaciones con un hombre» pero, añadió, «una no hace eso, por supuesto, antes de casarse». Sobre la prostitución, escribió que «todos los hombres, si son normales, van con mujeres», y agregó que «en París tienen grandes casas para eso» y que «papá ha estado allí».

Para descifrar las palabras de la adolescente, los investigadores tomaron una fotografía de las páginas ocultas durante un análisis del diario en 2016. A continuación consiguieron sacar a la luz los textos que habían estado escondidos durante más de setenta años con un software de procesamiento de imágenes. Se cree que Ana Frank pudo haber cubierto esas páginas porque la adolescente tenía en mente la posibilidad de ver su diario publicado. La joven escuchó en la radio que el gobierno holandés en el exilio estaba publicando relatos de primera mano de la vida bajo la ocupación alemana, y es muy probable que esperara poder ver sus propios diarios convertidos en libro en algún momento. Otra posibilidad es que no quisiera que ni su padre ni ninguna de las personas con las que compartía enclaustramiento descubrieran sus reflexiones más íntimas.

Aunque este contenido no es único, porque Ana Frank escribió a menudo con bastante sinceridad sobre temas sexuales a lo largo de su diario, según ha comentado al New York Times Peter de Bruijn, investigador principal del Instituto Huygens para la Historia de los Países Bajos y uno de los responsables de esta investigación, estos textos muestran una intención por parte de la joven de desarrollar una voz literaria propia, en cuanto a que imagina a un posible destinatario de esos textos.

Por otra parte, más allá de la sonrisa que nos pueda arrancar este tipo de textos, lo que revelan estas páginas según Frank van Vree, director del Instituto Holandés de Estudios de Guerra, Holocausto y Genocidio, es que Ana Frank era una «chica normal», con las bromas normales que cabría esperar en esas edades. Otra cuestión es la que plantea Erin Bartnett en Electric Literature: si Ana Frank tapó esas páginas es porque deseaba que se mantuvieran ocultas; luego, ¿qué derecho tenemos a destapar ese secreto? Una interesante cuestión que plantea una reflexión sobre el respeto hacia las últimas voluntades de los autores cuando estas consisten en dejar su obra lejos del alcance de la posteridad.

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