Cortázar de Jesús Marchamalo y Marc Torices

En 1976 Julio Cortázar publicaba uno de sus libros más singulares, y posiblemente de los menos conocidos. Sí, puede que hablar de Cortázar y de singularidad al mismo tiempo suene redundante, pero aunque la gran explosión cortaziana tuviera lugar en la década de los sesenta, en los setenta, después de libros como Historias de cronopios y famas, Rayuela o 62 Modelo para armar, a ese gigante argentino de 1,93 metros de estatura todavía le quedaba fuelle para seguir revolucionando la literatura. Me refiero, concretamente, a Fantomas contra los vampiros multinacionales. Aunque menor, este libro fue un atrevimiento en muchos aspectos. En una época en la que la novela gráfica todavía estaba en pañales ‒recordemos que el término aparece en 1964 pero que no se hace popular hasta 1978 con la publicación de Contrato con Dios de Will Eisner‒, Cortázar se atrevió a hacer un híbrido que hoy en día sigue fascinando por muchos motivos. Entre otros motivos, porque supuso una vuelta de tuerca brillante al tema, tan en boga en aquella época, de los superhéroes, porque derrocha amor por los libros y porque convierte en personaje a su propio autor.

Es por eso que estoy seguro de que si Cortázar viviera hoy en día le habría fascinando la manera en la que ha evolucionado el cómic, de que habría hecho sus propios pinitos en el género, aunque fuera solo como guionista, y de que le habría entusiasmado el volumen biográfico que Nórdica publicó sobre su persona, con texto de Jesús Marchamalo y dibujos de Marc Torices. Una combinación, por cierto, que hay que celebrar, porque supone la confluencia de uno de los máximos conocedores de la figura de Cortázar, Jesús Marchamalo, comisario de dos exposiciones sobre el escritor argentino y autor de Cortázar y los libros, y una de esas jóvenes promesas del panorama de la historia española actual, Marc Torices.

Las primeras páginas de Cortázar nos ponen en sobre aviso de que nos vamos a encontrar un volumen que es un verdadero espectáculo para los sentidos (podéis verlas aquí). Se trata de un episodio aparentemente intrascendente, más simbólico que verídico, que sirve sobre todo para poner en pie uno de los pilares más importantes de la vida y obra de Cortázar: el azar ‒azar que sabemos que estuvo presente en el nacimiento de los cronopios o que el escritor pone sobre la mesa en 62 Modelo para armar‒. «Porque la vida de Julio Cortázar está, de algún modo secreto, persistente, regida por el azar. Los sucesos misteriosos, las casualidades, mágicas en apariencia, que se repetían casi a diario, como señales misteriosas», rezan esas primeras páginas.

Acto seguido entramos en la biografía de Cortázar, en una secuencia cronológica al uso, pero seleccionando, en pequeños capítulos, con muy buen criterio sus momentos vitales más significativos. Desde su nacimiento, su infancia en Barcelona, con abandono paterno incluido, o sus primeros pasos como escritor y traductor hasta su consagración y muerte, pasando por sus innumerables viajes y estancias en Bruselas, Argentina, Italia, España, Nicaragua o Cuba o sus insólitas y célebres amistades. En este anecdotario no pueden faltar episodios que se consideran claves en la vida de Cortázar: su temprano amor desmedido por los libros, que llevaron a su madre al extremo de consultar con los médicos, su constante salud enfermiza, su encuentro con Borges, el célebre momento en que nacieron los cronopios o las distintas mujeres a las que estuvo unido. Como nexo de todos esos episodios los autores del volumen usan la entrevista que Cortázar hizo en A Fondo, el programa de Soler Serrano, en los años setenta, y donde el escritor explicaba de propia voz muchas de esas anécdotas.

Pero si el guion es sólido, el hacer de Marc Torices está a la altura de las circunstancias. A lo largo de las 224 páginas que tiene el libro la camaleónica mano de Torices despliega una enorme variedad de estilos y recursos gráficos: del blanco y negro a paisajes coloridos, de grandes viñetas que ocupan toda la página a un estilo más naif o más envejecido. Además, más allá del dibujo, se incluyen documentos reales, dedicatorias, portadas, fotografías, anotaciones, comentarios y garabatos. El resultado es un maravilloso caos poliédrico que nos remite al propio autor de Rayuela y que demuestra la flexibilidad que tiene el género a poco que se retuerza. El ritmo, por otra parte, se controla con una técnica soberbia, distribuyendo dibujos y silencios de forma que el lector pueda pausarse en determinados momentos para asimilar lo que acaba de leer.

Todo este espectáculo visual quedaría deslucido sin una edición acorde pero baste decir que es Nórdica quien se encarga de editar este álbum. El volumen, de 22 x 30 cm de tamaño, con tapa dura y sobrecubierta a todo color, está editado con un cuidado exquisito hasta en el más mínimo de los detalles. Una verdadera obra de arte que merece mucho la pena tanto para aquellos que no hayan leído nada de Cortázar y quieran tener un primer acercamiento a la figura del legendario cronopio como para los que sean unos profundos conocedores de su obra y deseen recrearse en una biografía que es única en muchos sentidos. Cortázar en estado puro.

Comentarios

comentarios