Hasta hace unos años, las fanáticas de la literatura que visitaban París tenían una parada obligatoria en el cementerio de Père Lachaise para llenar de besos la tumba de Oscar Wilde. Sin embargo, el carmín rojo de los pintalabios estaba deteriorando tanto el histórico monumento que las autoridades decidieron levantar alrededor de la tumba un cristal antibesos. Pero que no desesperen quienes peregrinan a Père Lachaise en busca su extravagante ritual literario; si en la tumba de Wilde no hay suerte de momento todavía queda la alternativa de manosear el paquete de un escritor, el de Victor Noir, en concreto.

Es posible que el nombre de Victor Noir no diga mucho. No es, desde luego, un escritor inmortal como Oscar Wilde. De hecho, Noir pasó a la historia sin pena ni gloria. Comenzó trabajando como aprendiz de periodista para el diario La Marsellesa en el París del siglo XIX. Apenas había comenzado su carrera cuando el propietario del periódico, Henri Rochefort, y el editor, Pascal Grousset, se vieron envueltos en un conflicto con el príncipe Pierre Bonaparte, sobrino nieto de Napoleón y primo del entonces gobernante emperador Napoleón III. Para resolver el asunto de una manera Grousset envió a Noir y a otro de sus empleados a la casa de Bonaparte con el cometido de entregarle un desafío a un duelo. En un principio el príncipe Bonaparte rechazó el desafío y afirmó que se enfrentaría a Rochefort. Los ánimos se calentaron y Bonaparte acabó sacando una pistola y disparándola. El resultado: Noir muerto.

El hecho de que un miembro de la familia del emperador asesinara a un joven periodista hizo enfurecer al pueblo francés y se dice que el día del funeral unas 100.000 personas se presentaron en la casa de Noir en Neuilly para presentar sus respetos y manifestar su indignación. Para echar más leña al fuego, Pierre Bonaparte fue absuelto del cargo de asesinato, lo que desencadenó una serie de manifestaciones violentas en toda la ciudad.

Pero, como ocurre en la actualidad, las noticias también se pasan de moda. Ese mismo año los prusianos invadieron Francia y el imperio fue disuelto. Noir fue olvidado durante, al menos, veinte años. Pasado ese tiempo se quiso volver a recuperar su memoria ‒tampoco en eso cambien los tiempos‒ y se le pidió a un reconocido escultor, Jules Dalou, que realizara una escultura en su honor.

Y he aquí lo que hizo que Noir pasara a la historia ‒aviso que no tiene nada que ver con su escritura‒. Dalou decidió representar a Noir en el momento de su muerte. Utilizando como referencia bocetos hechos por la prensa, Dalou esculpió una efigie de bronce de tamaño natural de Víctor tirado en el suelo, como si acabara de caerse cuando fue asesinado. Lo curioso de todo, y lo que haría de la tumba de Noir un lugar concurrido, es que Dalou decidió ponerle a la escultura un bulto bastante prominente en uno de los lados de la entrepierna.

En la década de 1970 comenzó a extenderse el mito de que frotar la entrepierna de Noir y besar a la estatua en los labios traía mayor fertilidad y una vida sexual más placentera a las mujeres. El resto es historia. Solo hay que ver las condiciones en las que se encuentra la historia: los labios y la ingle de Victor Noir están impolutas, brillantísimas, mientras que el resto del cuerpo tiene ese tono verdoso característico del bronce oxidado. En 2004, se levantó una cerca alrededor de la estatua de Noir para evitar los tocamientos indecorosos a la estatua, pero la legión de tocapelotas no desistió y terminó tirando la valla. Así que ya sabes, si visitas París y quieres una vida sexual próspera, no pierdas la oportunidad de frotar el paquete de Victor Noir, al menos mientras no levanten un cristal antitocamientos. Manda cojones ser escritor y pasar a la historia solo porque te los toquen.

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