Hay pocos escritores que tengan el don de ser figuras santificadas pese a sus desequilibrios estéticos y formales. A pesar de sus malas obras y de la interminable cantidad de párrafos aburridos, interminables e innecesarios que han utilizado. Y ese reducido grupo es capaz de permanecer en un espacio similar a un limbo desde el cual emerge una obra sin filtros: absolutamente original, diferente, rompedora y única. Uno de esos pocos casos está en la extraña figura de Boris Vian.

Poeta, dramaturgo, novelista, músico, ingeniero, traductor y periodista. Boris Vian era una persona polifacética. Basta con ver la lista de más de 20 pseudónimos que empleó a lo largo de su vida para tratar de juntar todas las piezas extrañas de su psique y que salen a la luz en sus novelas.

Desniveles estéticos

En su estilo sucede una contradicción evidente. En algunas novelas es capaz de ofrecer una literatura de primera categoría, tremendamente singular. Pero en otras partes de su obra lo que hay en un exceso de esa originalidad del propio Boris Vian, y termina por escribir un libro absolutamente interminable.

Un ejemplo de esta ambivalencia estaría en La espuma de los días y en Otoño en Pekín. Dos novelas publicadas el mismo año y entre las que existe una distancia prácticamente abismal en lo que a patrones estéticos se refiere. La primera es una extraña joya oculta empapada de un ambiente triste y opresivo. La historia igual de absurda e histriónica que todas: a Colin, la protagonista, le empieza a crecer un nenúfar en el pulmón que terminará por matarla. En este sentido se trata de una obra especialmente interesante y curiosa. En Otoño en Pekín, sin embargo, consigue el efecto opuesto. Pese a tratarse de una novela que sigue la misma línea que la anterior, el resultado parece improvisado y confuso, cargado de personajes innecesarios y de ideas que, por su propio exceso, llegan a perder la gracia.

Drama y patafísica

Por inclasificable que sea, la historia de la crítica literaria siempre se ha esforzado en formar cerebros capaces de generar conceptos que puedan encerrar las obras. La patafísica fue una corriente literaria francesa, hermanada con el surrealismo, que proponía soluciones disparatadas y poco lógicas a diferentes problemas. Es decir: en lugar de emplear la razón y la ciencia se echaba mano de la imaginación y la poesía en estas obras.

La Hierba Roja es su novela más autobiográfica, y también la máxima expresión de sus obsesiones. Así como uno de los principales títulos dentro de la patafísica. Un título nada desdeñable para los interesados en esos libros raros y extraños de los que casi nadie sabe.

La última expresión del odio

Escupiré sobre vuestra tumba tiene el racismo y la violencia como telones de fondo. Se trata de un drama, de una tragedia moderna cargada de odio. Y precisamente ahí reside la originalidad de la obra, en apuntar precisamente a uno de los conflictos abiertos más importantes que había en esos momentos en el mundo Occidental. El protagonista, un mestizo, acaba introduciéndose en un grupo de blancos y recorriendo orgías y fiestas. Busca venganza, ya que en aquél mismo pueblo su hermano murió apaleado por haberse liado con una mujer blanca. Todas las formas de prejuicio y de ataque están presentes en esta obra, especialmente realista, que atrapa desde la primera línea.

Vian vendió los derechos de esta obra al cine. Y su final es tan absurdo, inconexo y gracioso- en la distancia- como buena parte de sus libros. Murió de un ataque al corazón en el pase de la película basada en su propia obra. Una violencia capaz de atravesar la pantalla. Un final agridulce para uno de los nombres más ocultos de la literatura. Una especie de secreto, un juego del que, al final, nada sabemos sobre quién ha ganado. ¿Un buen escritor o un hereje? Mejor mantener la ambigüedad, como él mismo hacía:

«Cuando el conde concluyó su informe, el mayor Loostiló pronunció una palabra, una sola, un comentario, un resumen. La palabra clave, en fin. Dijo:

‒Bien ‒y tras un silencio añadió: ‒Aunque es posible que me equivoque»

Palabra de Vian.

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