Interior de la Biblioteca Joanina (Fuente).

Detrás de las estanterías de la Biblioteca Joanina, de la Universidad de Coimbra, Portugal, hay una colonia de murciélagos. Al caer la noche es posible verlos en acción. Basta con ponerse en los escalones que hay justo a la salida de la biblioteca. Después de cazar unos cuantos insectos, salen por las ventanas del edificio y cruzan la ciudad universitaria en busca de agua. Si se tiene la oportunidad de visitar la biblioteca a última hora de la tarde, especialmente en días lluviosos, es posible escucharlos chillando entre las pilas de libros, con un chirrido que algunos bibliotecarios describen como una canción. No se sabe con exactitud cuánto tiempo hace que la colonia habita dentro de la biblioteca, que tiene unos trecientos años de antigüedad, pero se tiene constancia de que la han habitado al menos desde el siglo XIX. Es costumbre cubrir las mesas originales, del siglo XVIII, con una tela hecha con piel de animal, importada desde Rusia, para protegerlas del excremento de sus moradores alados. Los bibliotecarios, por su parte, han integrado entre sus labores diarias la rutina de retirar las pieles que protegen el mobiliario y limpiar el suelo.

A unos doscientos kilómetros al sur, justo al noroeste de Lisboa, otra colonia de murciélagos se encuentra en la residencia de la Biblioteca del Palacio Nacional de Mafra, también con unos trecientos años de historia. Según Hugo Rebelo, biólogo especializado en murciélagos del Centro de Investigación sobre Biodiversidad y Recursos Genéticos de la Universidad de Oporto, estos animales habitan en el lugar desde hace siglos. Cuando anochecen los murciélagos se lanzan sobre la colección de incunables de la biblioteca real monástica, que incluye libros impresos antes del año 1501 d.C., como una copia de la Crónica de Nuremberg y otras obras tan importantes como la primera Encyclopédie de Diderot y D’Alembert .

Exterior de la Biblioteca Joanina (Fuente).

En este caso ver los murciélagos en acción puede ser complicado, ya que la biblioteca cierra sus puertas antes del anochecer, que es cuando las criaturas comienzan a volar entre las pilas de libros. Eso sí, para recordarlos y rendirles un homenaje, en una pequeña vitrina se exhiben los restos disecados de varios de ellos. Pero incluso sin murciélagos, visitar esta biblioteca de estilo rococó, de la era de la Ilustración, y considerada una de las más importantes de Europa, es todo un espectáculo ‒para más señas, se utilizó como Gran Cámara de Guerra liliputiense en la versión cinematográfica de 1996 de Los viajes de Gulliver‒.

Puede resultar extraño que se permita la existencia de estas colonias en el interior de bibliotecas que contienen tesoros de tan incalculable valor, sobre todo teniendo en cuenta las molestias que llegan a causar estos animales con sus excrementos, pero el servicio que brindan es indispensable: comen insectos ‒moscas, mosquitos y otras plagas‒, así como pequeños roedores, que de otra forma se alimentarían de las páginas de los libros. Son un poderoso aliado de los bibliotecarios en su labor de proteger y salvaguardar los libros.

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