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Con cerca de un millón de personas, los rohingya son una de las muchas minorías étnicas de Birmania, la mayoría está concentrada en dos municipios de Rakáin cercanos a Bangladesh. Descendientes de comerciantes árabes y de otros grupos que han estado en la región durante generaciones, tienen su propio idioma y su cultura. Sin embargo, el gobierno de Birmania les niega la ciudadanía e incluso los excluyó del censo en 2014, evitando reconocerlos como pueblo; en cambio, los trata como inmigrantes ilegales de Bangladesh.

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Desde la década de 1970, los rohingya han huido en grandes cantidades de Birmania para refugiarse en Bangladesh. Un repunte de violencia en el norte de Birmania hizo que el 25 de agosto de 2017 se iniciara una huida de más de medio millón de personas en busca de un lugar más seguro en Bangladesh. Los rohingya, que llegaron a un distrito de Bangladesh conocido como Cox’s Bazar, afirmaban que huyeron después de que las tropas, respaldadas por masas de ciudadanos locales, quemaran sus aldeas y atacaran y mataran a civiles. Miles de rohingya, incluyendo cientos de niños menores de cinco años, murieron en el mes posterior al inicio de la crisis. Así mismo, cientos de aldeas fueron destruidas parcial o totalmente, e infinidad de mujeres y niñas fueron violadas por los militares de Birmania.

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Antes de agosto de 2017, ya había alrededor de 165.000 refugiados rohingya viviendo en campamentos, asentamientos improvisados y con comunidades de acogida, según ACNUR, pero se estima que a partir de ese momento han llegado unos 720.000 más. Es por eso que la situación de los rohingya ha sido considerada como la crisis de refugiados que más rápido crece en todo el mundo. La mayoría de ellos se han establecido donde han podido, a menudo en lugares de difícil acceso a los que es complicado enviar ayuda, agua potable, alimentos o atención médica. El campo de refugiados más grande es el de Kutupalong, pero como su espacio es limitado, han ido surgiendo asentamientos en los alrededores, a medida que los refugiados siguen llegando.

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La necesidad de ayuda humanitaria es abrumadora. Con la llegada de la temporada de los monzones, se ha comenzado a reasignar a algunos de los refugiados de los campamentos con mayor riesgo de inundaciones o deslizamientos de tierra, y en otros lugares se está trabajando para mejorar los canales de drenaje y fortalecer los refugios. Alrededor del 70% del millón de refugiados reciben ayuda alimentaria, casi cien mil personas han sido tratadas por desnutrición y se han lanzado programas de vacunación a gran escala para intentar minimizar el riesgo de enfermedades.

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Trabajos como el de la agencia Reuters, merecidísimo premio Pulitzer 2018, tienen el valor de visibilizar la existencia de una de las mayores y más desconocidas catástrofes humanitarias de los últimos tiempos. Por otra parte, cualquier donación, por pequeña que sea, es bienvenida.

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