Me costó leer Cien años de soledad, quizás porque estaba casi todo escrito en narrativa, sin apenas diálogos, París era una fiesta de Hemingway está escrito justo al revés, predominando los diálogos de páginas enteras, y ahora estoy leyendo a Saramago, que es un caso aparte.

Ayer leí esta página que paso a trascribir en sus primeras líneas como mandan los cánones y después seguiré como la dejó escrita el propio autor. No voy a valorar si me gusta más o menos de una forma u otra, ni si es mejor o peor para el lector, porque habrá para todos los gustos y los tres autores mencionados están avalados en su arte más que de sobra como poseedores de un Nobel cada uno, así que en esto están empatados, pero se le coge gusto a escribir sólo con puntos y comas y mayúsculas, nada más.

Ensayo sobre la lucidez:

«La cara de un oficial de la policía apareció en la ventanilla del coche, hizo señal de que el viaje podía proseguir.

–Ya estamos otra vez en marcha –informó el primer ministro.

–Aquí casi no llegamos a parar –respondió el jefe del estado.

–Señor presidente, una palabra.

–Diga.

–No puedo esconderle que me siento preocupado, ahora mucho más que el día de las primeras elecciones.

–¿Por qué?

–Estas luces que se encienden a nuestro paso y que, con toda probabilidad, van a seguir encendiéndose durante el resto del camino, hasta que salgamos de la ciudad, la ausencia absoluta de personas, mire que no se distingue ni una sola alma en las ventanas o en las calles, es extraño, muy extraño, comienzo a pensar que tendré que admitir lo que hasta ahora negaba, que hay una intención detrás de todo esto, una idea, un objetivo pensado, las cosas están pasando como si la población obedeciera un plan, como si hubiese una coordinación central.

–No lo creo, usted querido amigo, sabe mejor que yo que la teoría de la conspiración anarquista no tiene por dónde agarrarse, y que la otra teoría, la de que un estado extranjero malvado está empeñado en una acción desestabilizadora contra nuestro país, no vale más que la primera.

–Creíamos tener la situación completamente controlada, que éramos dueños y señores de la situación, y al final nos salen al camino con una sorpresa que ni el más pintado parecía capaz de imaginar, un perfecto golpe teatral, tengo que reconocerlo.

–¿Qué piensa hacer?

–De momento, seguir con el plan que elaboramos, si las circunstancias futuras aconsejaran introducir alteraciones sólo lo haremos después de un examen exhaustivo de los nuevos datos, sea como fuere, en cuanto a lo fundamental, no preveo que tengamos que efectuar ningún cambio.

Y en su opinión lo fundamental es, Lo discutimos y llegamos a un acuerdo, señor presidente, aislar a la población, dejarlos que cuezan a fuego lento, más pronto o más tarde es inevitable que comiencen a surgir conflictos, los choques de intereses sucederán, la vida cada vez será más difícil, en poco tiempo la basura invadirá las calles, señor presidente, cómo se pondrá todo si las lluvias vuelven, y, tan seguro como que soy primer ministro, habrá grandes problemas en el abastecimiento y distribución de los alimentos, nosotros nos encargaremos de crearlos si resulta conveniente, Cree entonces que los ciudadanos no podrán resistir mucho tiempo, Así es, además, hay otro factor importante, tal vez el más importante de todos, Cuál, Por mucho que se haya intentado y se siga intentando, nunca se conseguirá que la gente piense de la misma manera, Esta vez se diría que sí, Demasiado perfecto para ser verdadero, señor presidente, Y si existe realmente por ahí, como ha admitido hace unos instantes, una organización secreta, una mafia, una camorra, una cosa nostra, una cía o un kgb, La cía no es secreta, señor presidente, y el kgb ya no existe, La diferencia no es muy grande, pero imaginemos algo así, o todavía peor, si es posible, más maquiavélico, inventando ahora para crear esta casi unanimidad alrededor de, si quiere que le diga, no  sé bien de qué, Del voto en blanco, señor presidente, del voto en blanco»

La conversación entre estos dos hombres sigue unas cuantas líneas más allá, todas de la misma frase si nos atenemos a las reglas clásicas, ya que van entre punto y punto, sin ningún signo de puntuación más allá de comas para separar oraciones y mayúsculas para indicar que cambia el interlocutor. Al principio no es fácil de leer, y me temo que cuando termine el libro lo echaré de menos… en una palabra, Saramago.

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