¿Tienes plan de vacaciones? Hay quien va de playa en playa y quien opta por saltar de pico en pico. Otros, más urbanitas, eligen para su ocio los museos, y reflex en mano se dedican a pasear por Europa para registrar cada obra. Unos pocos peregrinan a lugares de culto, y se hacen el Camino de Santiago o van a la Meca.

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Nosotros, que somos de libros, acudimos como luciérnagas al brillo de las palabras. Es por eso que en este artículo presentamos un turismo alternativo: el turismo de librerías. ¿Acaso hay un viaje más bonito que acudir al lugar donde se almacena la cultura y el saber ocupa espacio?

Tianjin Binhai, la biblioteca más grande del mundo

Como no podía ser de otro modo, es en China donde se encuentra la biblioteca más grande del planeta. Es, por sí misma, un monumento a la cultura y un lugar de culto al conocimiento. Con un diseño rompedor y futurista, un enorme espacio abierto a modo de gruta iluminada nos da la bienvenida.

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Los libros se encuentran repartidos en centenares de columnas y filas que abarcan decenas de metros. La luz lo abarca todo, y miles de personas recorren el edificio aunque pocas cogen un libro. Se lleva más hacerse selfies, y es que la arquitectura lo reclama. El grueso de la gente no ha venido a leer, sino a ver libros. Es, como esa gente que pasa noches en el castillo de Drácula, turismo cultural.

Biblioteca del Trinity College: oler el pasado

En el extremo opuesto de la modernidad y la luz blanca tenemos la biblioteca irlandesa del Trinity College en Dublín. Allí, un ambiente amarillento y con olor a libro viejo lo empapan todo. Las columnas ordenadas de madera se alternan con bustos de personajes famosos de la historia. Huele a cultura.

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La acústica, pensada para unas pocas decenas de estudiantes silenciosos, es incapaz de responder al tumulto y hordas de turistas que disparan con sus cámaras. Los ecos de pisadas suenan en el largo pasillo. Es algo digno de contemplar. Un gigantesco compendio del pasado al que asomarnos durante unos instantes.

Biblioteca George Peabody, ¡hágase la luz!

Cruzamos el charco y entramos pisando fuerte sobre el suelo de mármol de la Biblioteca George Peabody, en Baltimore. Si lo hacemos así es porque el techo, situado a varios pisos por encima de nuestras cabezas, nos sobrecoge con vértigo. Uno puede llegar a marearse si, de pie en el centro del patio interior, mira hacia el lucernario del techo.

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Este parece caer hacia nosotros, o viceversa, y las columnas blancas que sujetan los muros curvarse sobre nuestras cabezas por su impresionante altura. ¿Los libros? Casi parecen lo de menos, y están escondidos en la oscuridad de cada uno de las balconadas que conforman los pasillos laterales. Por supuesto, podremos caminar junto a ellos.

Biblioteca del Estado Ruso: en la sobriedad está el gusto

Bajo un art decó que se parece más al brutalismo estadounidense de lo que jamás admitirán los rusos, la Biblioteca del Estado Ruso se yergue adusta sobre cualquier edificio de alrededor. Gris, impasible al transcurrir del tiempo, conserva la mirada fría con que fue diseñada y construida en 1862.

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Rectangular, como no podía ser de otra forma, y aséptica, usa materiales como el hormigón y la piedra para construir un monumento al conocimiento rojo. Dentro de sus poco cálidas paredes, diecisiete millones de volúmenes, muchos de ellos tratados sobre filosofía, permanecen ocultos.

Biblioteca Nacional de Australia, ¿o un templo griego?

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Vista desde la lejanía, la Biblioteca Nacional de Australia recuerda al Antiguo templo de Atenea en la Acrópolis. Decenas de columnas rodean una construcción blanca que sostiene un techo plano y, en su interior, paredes rectas con dioses en su interior. Porque no hay otra manera de llamar a los libros.

La vista nocturna es todavía más llamativa, y es la que abre este artículo. Reflejada sobre un estanque cercano, focos anaranjados simulan antorchas e iluminan este templo al conocimiento. Esperamos a que se ponga el Sol mientras pensamos que esto es lo que debían sentir los griegos.

Imágenes | NLA, Muzzleflash, Diliff, Falkenpost, Wikimapia, Martyman

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