The Wasp

    The Wasp

Uno de los mayores caballos de batalla de los cómics en la actualidad es el mundo de la política. Desde piezas que se consideran obras maestras como V de Vendetta de Alan Moore hasta cócmics más de andar por casa como los del semanario El jueves, esta forma de expresión, lejos de ser un inocente producto para consumo infantil o juvenil, es un enorme y descarado escaparate en el que reflejar las críticas más implacables al sistema actual. No resulta sorprendente, entonces, que el que puede ser considerado como el primer cómic de la historia tuviera este componente crítico.

Se trata de una serie de ilustraciones satíricas que fueron publicadas en un panfleto de 1802 llamado The Wasp y que estaban firmadas por un tal Robert Rusticoat, que en realidad era un seudónimo de Harry Croswell, fundador del propio diario en el que aparecían. Hay que aclarar que eran unas historietas muy diferentes en cuanto a formato a lo que hoy en día entenderíamos por cómic. Carecían, por ejemplo, de un elemento tan característico del género como son los globos o bocadillos que contienen los diálogos de los personajes, algo que no aparecería hasta 1896 con The Yellow Kid ‒lo que hace que muchos consideren a este último como el primer cómic real‒.

Harry Croswell

Harry Croswell

Croswell, que era un acérrimo federalista, utilizó su publicación, historietas incluidas, para atacar y calumniar a funcionarios públicos, entre ellos al entonces presidente Thomas Jefferson, con tanta fortuna que incluso llegó a poner en peligro las elecciones de 1804. Las autoridades tomaron cartas en el asunto y Croswell fue procesado en una causa que se conoció como «El Estado de Nueva York vs. Harry Croswell».

A pesar de las presiones, Croswell se negó a retractarse de sus críticas, incluso después de perder su primer juicio en 1803. Su abogado, Anthony Hamilton, argumentó que él sólo estaba informando de la verdad y que las declaraciones veraces nunca deben ser consideradas difamatorias, incluso aunque se refieran al presidente de los Estados Unidos. Al final el intento de intimidarlo con la acusación por difamación fue contraproducente porque no fue condenado y la causa llegó a considerarse como el mayor avance en la libertad de prensa en la historia de Estados Unidos.

Vamos, algo que si te dijeran que ha ocurrido anteayer te lo creerías. Porque, por lo que parece, en determinadas cuestiones no solo no hemos avanzado prácticamente nada en cuestión de dos siglos sino que incluso hemos retrocedido. Por suerte siempre existirán los cómics como flagelo de los poderosos, mal que les pese.

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