Foto de Frank Piccolo (Fuente).

En 2003, al comienzo de la guerra de Irak, los saqueadores prendieron fuego a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Bagdad, destruyendo su vasta colección de 70.000 libros. Quince años después, los fondos de la biblioteca apenas se han repuesto y los estudiantes siguen teniendo serias dificultades para acceder a ellos. En medio de esta barbarie, no faltan personas que se movilizan, incluso arriesgando sus vidas, para salvar bibliotecas enteras ‒hay ejemplos aquí y aquí‒. Varias veces hemos visto en La piedra de Sísifo que la postura de muchos artistas, ante los libros, consiste en destrozarlos para integrarlos o para convertirlos en una nueva obra artística. Sin embargo, el arte también puede servir para hacer eso que algunos seres humanos se empeñan a hacer incluso a costa de su vida: reivindicar los libros y reconstruir bibliotecas. La obra del artista iraquí-estadounidense Wafaa Bilal, que se encuentra situada en el Museo Aga Khan de Toronto es una muestra de ello.

Titulada 168: 01, se trata de una instalación formada por estanterías llenas de 1.000 libros en blanco. La idea de los libros en blanco, poderosa y simbólica, no es nueva ni mucho menos. La artista islandesa Elin Hansdóttir ya puso en marcha en 2006 un proyecto llamado Book Space, consistente en una biblioteca itinerante de 2.000 libros con 200 páginas en blanco cada uno. Pero la novedad de la obra de Bilal es que se pide a los visitantes de la instalación que donen títulos sacados de una lista hecha por alumnos y profesores de la universidad. Las donaciones se pueden hacer tanto enviando los libros al museo como donando dinero al proyecto a través de la página de Bilal.

A cambio de sus donaciones, los visitantes pueden llevarse a casa uno de los volúmenes blancos de la exposición que representan la desolación a la que se ha visto expuesto el rico patrimonio cultural del país a causa de los conflictos bélicos. Es una suerte de intercambio donde cada persona que visite la obra de arte podrá no solo tomar conciencia de la situación que representa sino interactuar con ella a muchos niveles, incorporando una parte de ella a su vida. De esta forma, dijo Bilal, se consigue una representación visual de lo que se perdió.

Aunque el proyecto de Bilal se centra en el hecho puntual de la pérdida por parte de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Bagdad, en realidad la instalación pretende llamar la atención sobre la larga historia de destrucción que acompaña al patrimonio cultural de Irak. De hecho, el título de la obra, 168: 01, se refiere a la destrucción de la Casa de la Sabiduría, también conocida como Bayt al-Hikma, una gran biblioteca posiblemente fundada por el califa abasí Al-Mansur en el siglo VIII. Según la leyenda, cuando los mongoles sitiaron Bagdad en 1258, toda la colección de manuscritos y libros de la biblioteca fueron arrojados al Tigris. Se dice que el río se oscureció durante siete días debido a toda la tinta que se diluyó en sus aguas. Con el 01 del título se representa una nueva era en Irak, era de restauración del patrimonio.

Bilal, que llegó a Estados Unidos como refugiado después de la Primera Guerra del Golfo, a menudo reflexiona sobre la barbarie que ha tenido lugar en su país de nacimiento. En una de sus obras más conocidas, el proyecto de 2007 Domestic Tension, el artista se aisló en un espacio de la galería y, mientras se retransmitía en vivo por Internet, los espectadores podían elegir entre conversar con él o dispararle con una pistola de paintball controlada por robots. 168: 01 es un proyecto itinerante que ha pasado por museos y galerías de todo el mundo, desde Liverpool a Taiwán, y que después de Toronto continuará su ruta.

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