No tiene tapas, y no está impreso en ningún lugar. No obstante incorpora historias, personajes, grandes batallas, filosofía, compendios enteros de fotografías de alta resolución, tratados, comunicaciones entre países y cronologías personales. Twitter puede ser uno de los mayores libros de la humanidad. Y no solo es un libro que leer, sino uno que te lee a ti.

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Twitter nació como una red de microblogging y se ha convertido en una herramienta esencial de comunicación. No hay partido político, organización o influencer que no lo use. Es un libro colaborativo en blanco en que cada cual puede hablar de lo que le plazca, dentro de unos límites de educación básica que no siempre se respetan. ¿Escribes en él? Pues te conoce.

Esto es lo que Twitter sabe de ti, de entrada

Cabe la posibilidad de que seas uno de esos ciudadanos que no usan Twitter. No estás solo. En España “solo” hay 4,9 millones de cuentas según el ‘IV Informe del uso de las redes sociales en España’ (2018). Teniendo en cuenta que hay 47,12 millones de españoles y que suman las cuentas empresariales, parece que solo uno de cada diez colabora en este libro de carácter mundial.

Otros países siguen estadísticas similares. Pero si de tanto en tanto te conectas a la red y escribes alguna que otra frase que consideras relevante, el libro ya te conoce. Sobre ti, sabe:

  • tu nombre, o al menos un pseudónimo (muchos escritores han usado pseudónimo);
  • tu email;
  • cuál es tu ubicación gracias al GPS;
  • la fecha de nacimiento que tú les has dado (que puede ser falsa);
  • tu número de teléfono y no, no es por ligar contigo a lo Her (2013).

Todos estos datos los aportas de partida durante el registro, y es la cantidad mínima de información que la red social sabe de ti. De ahí va a más. Pero, ¿cómo puede este monumental libro conocernos? ¿Cómo puede adivinar nuestra orientación sexual o mi credo? ¿Cómo sabe Twitter sobre mis gustos? Te voy a dar cierta cancha para que lo medites, incrustando una bonita fotografía en vertical…

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Twitter lo sabe porque se lo has dicho

¿Ya lo has pensado? Exacto, la respuesta era fácil: se lo has dicho tú. Casi todo lo que conoce de ti esta red de microblogging ha sido tecleado por ti en algún momento, y Twitter no olvida. El enorme libro colaborativo aprende con cada interacción, y es probable que en algún momento hayas contestado a algún comentario con cualquiera de estas frases parciales:

“[…] yo soy heterosexual […]”

“[…] yo soy homosexual […]”

“[…] yo soy bisexual […]”

En realidad, no hace falta más. Una simple búsqueda en mi perfil por estos términos me remonta a noviembre de 2017, cuando contestando a un tuit sobre transfobia confirmé “Pero del mismo modo que yo soy heterosexual y […]”. Y nada, basta esta interacción con la plataforma para que el conjunto de inteligencias artificiales a cargo de las bases de datos de los usuarios me etiqueten. Soy heterosexual. Punto.

Conocen mi orientación sexual, y ni siquiera han tenido que preguntar (algo ilegal, por cierto). También conocen mi ideología política, mi falta de creencias religiosas, la pasión que despierta en mí el conocimiento científico y que me gusta la ciencia ficción. Hablo desde mi perspectiva individual, por supuesto. Desde el N=1 de mi experiencia. Pero si sueles compartir contenido en la red, ella también te conoce a ti.

No subestimes la inteligencia de este libro

Twitter lo escribimos entre todos, y él nos escribe a nosotros con tabúes, confirmación de mitos, y autocensura varia. Este libro es particular porque nos edita al tiempo que escribimos en sus páginas. El autor que somos todos nosotros entra rápidamente en contacto con el resto, porque este libro va sobre la sociedad. Con razón se está usando para estudiar a la población.

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Mediante estas averiguaciones, las redes también aprenden sobre todo aquello que [todavía] no has dicho. ¿Alguna vez te has preguntado por qué te llegan anuncios aparentemente sin motivo? Que no sepas el por qué no hace que no haya una causa. ¿Puede saber el libro mi orientación sexual sin decírsela? Lo cierto es que sí.

A la IA le basta una fotografía para, con un 81% de acierto, determinar tu orientación sexual si eres varón. Este porcentaje se reduce hasta el 71% si eres mujer, pero para ambos se cumple que más fotografías ayudan a aumentar la probabilidad de éxito. Dime, ¿cuántas fotos tuyas has subido a Twitter?

¿Pocas? No importa, ya hay estudios que relacionan factores como la identidad de género en base a la variación léxica en las redes sociales. Si escribes en Twitter, lo raro sería que este no te conociese. Tus afiliaciones políticas, etnia o preferencias alimenticias no parecen ser mucho más complicadas.

Resulta prácticamente imposible filtrar o sesgar lo que esta oda al microblogging conoce sobre nosotros porque las herramientas de inteligencia artificial clasifican tuits por aspectos como con qué frecuencia usas los pronombres personales o la cantidad de veces que usas palabras “absolutistas”.

En otras palabras: no puedes engañar al libro distribuido. Tenlo en cuenta cuando quieras aportar una idea genial o subir la siguiente foto del álbum.

Imágenes | Marek Szturc, John-Mark Smith, Amanda Dalbjörn

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