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Una tradición de La piedra de Sísifo que viene ya de lejos consiste en publicar cada cierto tiempo un artículo hablando de los beneficios de la lectura. Alguna vez lo hemos dicho: la literatura nos permite evolucionar como especie animal. Aunque el hecho en sí de leer, sin más, tiene ya un impacto beneficioso sobre tu cerebro y tu cuerpo, no vamos a ser tan ingenuos como para pensar que leer cualquier tipo de cosa va a hacer siempre más bien que mal. La idea de que de todo libro, por malo que sea, se puede sacar algo bueno habría que ponerla cuanto menos en cuarentena.

Ahora bien, con independencia de la calidad literaria del libro en cuestión, los últimos avances en Teoría de la Mente parecen confirmar que un tipo de lectura muy concreta, la ficción literaria, conduce a unos mejores resultados en la capacidad humana para comprender que otras personas tienen creencias y deseos y que estos pueden diferir de las creencias y deseos propios. Así lo indicaba un estudio publicado en 2013 por la Science Magazine.

Ese mismo año, otro estudio de la Universidad de Emory llegó a la conclusión de que se produce una mayor actividad cerebral en los lectores de ficción, específicamente en las áreas relacionadas con la visualización y la comprensión del lenguaje. Los investigadores compararon los cerebros de personas después de haber leído ficción con el cerebro de personas que no la leyeron. Los cerebros de los lectores que leyeron, por ejemplo, Pompeya de Robert Harris durante de nueve días por la noche mostraron más actividad en ciertas áreas que aquellos que no leyeron. En concreto había una mayor conectividad en la corteza temporal izquierda, parte del cerebro asociada con la comprensión del lenguaje. Los investigadores también encontraron una mayor conectividad en el surco central del cerebro, la región sensorial primaria, que ayuda al cerebro a visualizar el movimiento. Es decir, que cuando te imaginas a ti mismo como un personaje de libro puedes asumir las emociones que está sintiendo. Como consecuencia, los lectores de ficción mejoran sus habilidades sociales ya que tienden a ser más conscientes de las emociones de los demás.

De hecho, un tercer estudio también de 2013 investigó precisamente esta cuestión. Los investigadores calcularon el impacto emocional de la lectura haciendo que los participantes expresaran cómo una historia que leyeron había afectado a nivel emocional en una escala de cinco puntos; por ejemplo, cómo les hizo sentir el éxito del personaje principal y cuánto lo sintieron por los personajes. El resultado indicaba que las personas que leían ficción y eran transportados emocionalmente a ese mundo eran más empáticos que los que no leían.

Por su parte, los psicólogos David Comer Kidd y Emanuele Castano, de la New School for Social Research, también se centraron en el efecto de la ficción literaria en los lectores. En su estudio los participantes leían una obra de ficción literaria y a continuación identifican emociones faciales únicamente a través de los ojos, consiguiendo estos una puntuación más alta. Al fin y al cabo, el proceso de tratar de entender cuáles son los sentimientos y los motivos de los personajes es el mismo que usamos en nuestras relaciones con otras personas. «Usamos los mismos procesos psicológicos para navegar por la ficción y para las relaciones reales. La ficción no es solo un simulador de una experiencia social, es una experiencia social», dijo en su día Kidd en The Guardian.

Más recientemente, Trends in Cognitive Sciences informó de más hallazgos que vinculan la lectura y la empatía, empleando una prueba llamada Test de la Mirada, en la que los sujetos veían fotografías de ojos de extraños, describiendo lo que creían que esa persona estaba pensando o sintiendo. Una vez más, los lectores de ficción obtenían una puntuación significativamente mayor. El autor del estudio, el doctor Keith Oatley, profesor emérito del Departamento de Psicología Aplicada y Desarrollo Humano de la Universidad de Toronto, afirmó que cuando exploramos las vidas internas de los personajes de ficción formamos ideas sobre las emociones, los motivos y las creencias de todo el mundo fuera de la página. Es más, la investigación también demostró que las narraciones pueden incluso generar empatía hacia una raza o una cultura diferente. En una parte del estudio se comprobó que los participantes que habían leído la historia ficticia Sueños de azafrán de Shaila Abdullah ‒que se centra en la experiencia de una mujer musulmana en Nueva York‒ tenían un sesgo reducido en la percepción de rostros árabes y caucásicos en comparación con personas que habían leído otra cosa.

A pesar de que la lectura puede hacer que te sientas mejor contigo mismo y con los demás, como normalmente suele considerarse como una forma de entretenimiento y de ocio, a menudo se considera que la elección que se hace de los libros que se leen, desde la infancia, debe ser solo una cuestión de gusto personal. Sin embargo, las implicaciones de estos hallazgos a nivel educativo son importantísimas y tanto la literatura infantil y juvenil como los currículos educativos no pueden mantenerse al margen. La introducción en la enseñanza de problemas humanitarios controvertidos como la esclavitud o el holocausto a través de la literatura sirven para asentar una base moral. El valor de El diario de Ana Frank, por ejemplo, no es simplemente el de servir de registro histórico sino que da pie a comprender los temores y las preocupaciones de una niña y de su familia, abocados a la devastación. Otro ejemplo sería Harry Potter, cuya lectura demostró que puede hacerte mejor persona.

La lectura de ficción tiene la capacidad de expandir la mente de cualquier persona, incluyendo niños y jóvenes. Ver el mundo desde la perspectiva de otra persona, seguir a unos personajes mientras sufren, cometen errores o toman decisiones difíciles que afectan a otros debería ser el núcleo de la educación literaria. Pero si no se lee, nunca se podrán alcanzar estos beneficios. Habiendo encontrado pocos mundos fuera del suyo, no se esforzarán tanto en contemplar cómo otras personas, ya sean imaginarias o reales, experimentan la realidad.

¿No debería cambiar la manera en la que consideramos la ficción literaria cuando toda una avalancha de hallazgos científicos parece demostrar que ciertas experiencias de lectura son cruciales para el desarrollo de la conciencia humana? Aunque sea obvio y redundante para cualquier persona que lea ficción, nunca se repetirá lo suficiente que el libro, esa tecnología extremadamente antigua, podría ser el arma más poderosa que tenemos a nuestro alcance.

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