Museo Nacional de Brasil (Fuente).

La historia de la humanidad está llena de catástrofes devastadoras que han borrado una parte fundamental de nuestro patrimonio. A esa lista habría que añadir ahora, sin duda, la destrucción del Museo Nacional de Río de Janeiro. La gran diferencia es que en muchas de esas tragedias del pasado apenas soñamos con imaginar lo que irremediablemente se perdió, y en este caso podemos saberlo. Eso hace que duela todavía más.

El fuego comenzó sobre las 19:30, aproximadamente dos horas después del cierre del museo. En un comunicado, el portavoz del departamento de bomberos de Río de Janeiro, Roberto Robadey, dijo que ochenta bomberos combatieron el incendio y consiguieron controlarlo cerca de la medianoche. Uno de los mayores problemas para conseguirlo es que las bocas de incendio carecían de la presión suficiente y hubo que extraer agua de un estanque cercano.

Hubo quienes desafiaron las llamas con la esperanza de recuperar parte de la colección del museo, compuesta por más de veinte millones de artículos, en áreas que van desde la antropología a la etnología, la historia del arte, la sociología, la geología, la paleontología o la zoología. El palacio albergaba la exposición de uno de los mayores acervos del continente de animales disecados, minerales, insectos, utensilios indígenas, momias egipcias y sudamericanas, meteoritos, fósiles y hallazgos arqueológicos. Según Julia Carneiro, de BBC Brasil, algunos artículos fueron rescatados con éxito: el zoólogo Paulo Buckup, por ejemplo, logró escapar con «unos pocos miles» de especímenes de molusco, pero como ha informado The Guardian, es probable que hasta el noventa por ciento de las colecciones del museo hubieran sido destruidas por las llamas.

Fachada del Museo (Fuente).

Entre los tesoros del patrimonio cultural latinoamericano que se podrían haber perdido figuran Luzía, un esqueleto de una pequeña mujer muerta hace doce mil años, considerada la más antigua de América hasta el hallazo de la mujer de Naharon, en Quintana Roo, México ‒aunque existe la posibilidad de que haya sobrevivido, como informó la historiadora brasileña Marina Amaral en un tuit, en el que decía que se había encontrado una calavera entre los escombros‒; los restos fosilizados de un Maxakalisaurus, descubiertos en el estado brasileño de Minas Gerais en 1998 y cuya restauración llevó diez años ‒varios huesos del esqueleto se encontraban en el Museo de Minerales y Rocas de la Universidad Federal de Uberlândia y por lo tanto escaparon de las llamas‒; más de cien mil artefactos prehispánicos, entre los que se incluyen urnas funerarias, momias andinas o muestras textiles y cerámicas de toda Sudamérica; una de las mayores colecciones de literatura indígena del mundo. Entre los objetos salvados se encuentra el meteorito Bendegó.

El propio edificio del Museo Nacional de Río de Janeiro habría que incluirlo entre las valiosas pérdidas. Antes de albergar el museo, el edificio, entonces conocido como el palacio de São Cristóvão, servía como residencia oficial de la familia real. El rey João VI de Portugal estableció el Museo Nacional en 1818, pero no se mudó hasta 1892. A medida que avanzaba la noche, la ceniza, producto de todos los artículos carbonizados, llovió sobre la zona. Por la mañana el espectáculo era descorazonador: el museo había quedado reducido a una estructura devastada.

Entrada del Museo en llamas (Fuente).

Todavía no se conocen las causas del incendio, pero se especula con la posibilidad de que pudiera haberse originado con un cortocircuito. El ministro de Cultura, Sérgio Sa Leitão, afirmó que «la tragedia podría haberse evitado», pero «esta tragedia sirve de lección» porque «Brasil necesita cuidar mejor su patrimonio cultural y las colecciones de sus museos». Según Michael Greshko, de National Geographic, la falta de fondos es lo que puede haber condenado a la institución: desde 2014 el Museo Nacional no ha recibido su presupuesto anual completo de 128.000 dólares. De hecho, este año solo había recibido 13.000 dólares. Los déficits financieros eran tan graves que, a finales de 2017, los conservadores se vieron obligados a usar el crowdfunding rehabilitar una sala de exposiciones que había sido infestada de termitas.

El 2018 debería haber sido un año triunfal para el Museo Nacional. El 6 de junio, la institución celebró el bicentenario de su fundación y se hizo un firme propósito de superar los problemas financieros que habían dejado diez de las treinta salas de exposiciones cerradas al público. De hecho, el museo recibió recientemente cinco millones de dólares para su renovación, aunque de momento estaba todo en fase de planificación. Ahora se designarán casi dos millones y medio de dólares más para el largo proceso de reconstrucción que se avecina. Aún así, gran parte de la destrucción provocada por las llamas es irreversible.

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