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Cada cierto tiempo aparecen estudios avalando los numerosos beneficios de la lectura. Unos beneficios que, por supuesto, son extensibles a la infancia. Sin ir más lejos, el año pasado apareció uno donde se afirmaba que la lectura a niños menores de seis meses aumentaba sus habilidades con el lenguaje. Así mismo, también se ha analizado el impacto de crecer en un hogar rodeado de libros, algo que de alguna manera parece estar vinculado con la posibilidad de conseguir trabajos mejor pagados una vez sean adultos. Ahora, un nuevo estudio donde se analiza una vez más ese aspecto parece llegar a unas conclusiones similares.

Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Australia, dirigido por Joanna Sikora, ha examinado la importancia de crecer rodenado de libros. El estudio sugiere que los hogares con grandes bibliotecas ofrecen a los niños habilidades que les acompañarán hasta la edad adulta. El estudio, publicado recientemente en Social Science Research, analizó los datos de 160.000 adultos, de entre 25 y 65 años, de 31 países, incluyendo Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Australia, Turquía, Japón y Chile. Los participantes completaron encuestas que miden las competencias en tres categorías: alfabetización, cálculo matemático aplicado a la vida cotidiana y conocimientos en tecnologías de la comunicación y de la información. En las encuestas se les pidió específicamente que señalaran cuántos libros había en su casa cuando tenían 16 años, en una escala que iba desde los «diez o menos» hasta los «más de quinientos». El tamaño de la biblioteca se convertía dentro del estudio en un indicador de lo que los autores del estudio denominan «socialización orientada a los libros».

Las encuestas, que se realizaron entre 2011 y 2015, mostraron que el número medio de libros en los hogares infantiles de los participantes era de 115, pero esa cantidad variaba mucho de un país a otro. Por ejemplo, el tamaño medio de una biblioteca en Noruega es de 212 libros, mientras que en Turquía es de 27. De cualquier forma, parecía existir una correlación entre una mayor cantidad de libros y una mayor competencia en las áreas examinadas. Esta correlación era sobre todo evidente en lo que respecta a alfabetización. Crecer con pocos libros en el hogar tenía como resultado niveles de alfabetización por debajo de la media. En cambio, crecer con una biblioteca de 80 libros aumentaba los niveles hasta la media, y continuaban mejorando hasta alcanzar los 350 libros, momento en el que las tasas se estabilizaban. Los investigadores observaron tendencias similares en cálculo matemático, aunque no tan pronunciados en tecnologías de la comunicación y de la información.

Un dato sorprendente es que tanto aquellos adultos que crecieron sin apenas libros en su casa pero obtuvieron algún título universitario como los que crecieron con una biblioteca enorme en casa pero que solo estuvieron en el sistema escolar una década tienen niveles de alfabetización que están dentro de la media. Eso significa que crecer rodeado de muchos libros implica una gran ventaja en lo que a niveles de alfabetización se refiere.

Todavía queda mucho por analizar hasta qué punto el estar en contacto con libros, incluso cuando no se leen, hace que los niños desarrollen habilidades que les puedan ser valiosas cuando sean adultos, pero este estudio, que se suma a los ya desarrollados, apunta al poder beneficioso de la lectura. Ya no es solo que los niños que ven a sus padres leyendo traten de emularlos y desarrollen así el gusto por la lectura ‒porque recordemos que lo contrario, obligarles a leer, puede resultar contraproducente‒, es que la cantidad de libros que se tengan en el hogar puede ser también un factor determinante.

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