No importa si el IVA cultural es del 21% o del 10%. Siempre habrá algún cenizo que diga que la cultura es cara. Espero que este artículo sirva como ejemplo de que no es cierto: la cultura es terríblemente asequible. Aprender, en la práctica, es casi gratuito si uno sabe moverse en determinados circuitos, aunque en ocasiones estos no son fáciles de localizar. ¿Buscas cultura a bajo coste? Sigue leyendo.

cultura gratis a bajo coste

“Invertiré 1000 euros anuales en cultura”

El tuit de abajo fue escrito el 22 de octubre, con lo que “solo” representa el 80% del año. En él muestro la inversión personal de capital en cultura de este año 2018, así como algunos de los productos culturales consumidos. Los que creo que más me representan son los 43 libros, las 21 temporadas de series y las muchas películas (estimo que unas 150) que he consumido este año.

Fe de errata: la cifra del tuit contiene un error.

No cuento, por ejemplo, los artículos periodísticos que leo a diario, y las canciones reflejadas no son las escuchadas, sino las que he descargado en mi teléfono móvil (¡Durante los últimos tres meses!). Para todo este despliegue cultural, con cine, videojuegos y cursos MOOC, he invertido solo 619,97 euros.

Estimo que a final de año habré superado los 750, más o menos, y que cada semana me habrá costado algo menos de 15 euros. Es decir, unos 2,10 euros diarios, un coste asumible. Ojo, soy consciente de lo afortunado que soy al poder pagar esta cantidad.

Sin embargo, para adelantarme a los cenizos —siempre hay alguno— que venga a protestar, le pregunto de antemano: ¿cuántos libros has leído? ¿Cuánto puedes dejarte en cultura? Si tu respuesta es “solo tengo 200 euros para todo el año”, por regla de tres tendrías que haber leído una decena, visto unas cuantas series enteras y devorado varias decenas de películas, leído cientos de artículos periodísticos y hecho, al menos el mismo número de cursos que yo. Fueron gratis.

¿Dónde encuentro cultura asequible?

No hago magia. Sé que el cine cuesta 9,90 euros, que los libros de novedad rara vez bajan de 19,90 euros y que los videojuegos de consola rondan todos los 59,90 euros. Pero hay otras formas de cultura. Los cursos MOOC son gratuitos en su mayoría, siendo el coste opcional si se quiere título. Aplicaciones de las que hablo continuamente, como eBiblio, tienen coste nulo para el usuario.

Grandes y legales archivos como los de Arxiv.org nos abren la puerta a más de un millón de artículos científicos actualizados, sin coste más allá de repercutir nuestra tarifa de datos en su descarga. YouTube es gratis, e iniciativas como #Cultube (abajo) son cada vez más frecuentes y visionadas.

Servicios como Netflix o Amazon Prime Video, aunque han subido de precio este último año, siguen teniendo precios ridículos para la muestra cultural ofertada. Y eso sin contar las bibliotecas públicas, de las que a veces nos olvidamos. Muchas veces la cultura está accesible a un clic, pero tenemos varios factores que hacen que no la veamos.

  1. Muchas exposiciones en tu ciudad son gratuitas. A menos que vivas en una ciudad pequeña o en un pueblo, la oferta cultural será significativa. Aunque rara vez echamos un vistazo. Este mes he ido a tres exposiciones sobre temas que me apasionan. Coste: seis horas de andar ida y vuelta.
  2. Internet es un lugar maravilloso para leer de gorra. Este blog es un ejemplo. Cada vez hay más artículos culturales, periódicos que no piden nada a cambio o cuya cultura se basa en el pago social (compartir su contenido).
  3. El deporte es una actividad que —personalmente— no suelo incluir como cultura y, sin embargo, lo es para un gran número de personas. Este año me he dejado unos 100 euros en practicar deporte. ¿Cuántos vídeos de entrenamiento tenemos en la red, totalmente accesibles? En tu ciudad también habrá eventos deportivos sin coste.
  4. Hay recovecos más que interesantes en el sistema cultural. Muchas editoriales buscan lectores cero, reviewers u opinadores. Si tienes un perfil activo orientado a la cultura, ponte en contacto con ellas. Hay revistas culturales que buscan redactores y usuarios de redes sociales que actúen como embajadores. También existen eventos gastronómicos con ofertas, como los que ofrece Google Maps con sus Local Guides.

¿Cuánto cuesta la cultura?

Es cierto que una parte nada desdeñable de la cultura tiene un coste prohibitivo, al igual que determinados deportes incurren en un gasto rara vez soportable para las familias. La última vez que esquié en pista no usé telesillas. Caminé durante media mañana hasta la cima (2,5 horas), comí arriba, y disfruté de las vistas. Luego me deslicé colina abajo, y repetí la maniobra dos veces más.

Ante presupuestos limitados, la imaginación, el pensar fuera de la caja y ceder en ciertos aspectos tiene un papel relevante. Prefiero los libros en papel, pero en Prime Reading y eBiblio tengo cientos de libros interesantes y gratuitos (si pagas Prime en el primer caso) por los que no tengo que pagar nada y que están a mi disposición en el móvil, tablet o PC.

Para aquellos que protesten diciendo que el cine es caro (su coste repercutido en horas puede parecerlo) diré que hay más tipos de cultura, y que el cine puede disfrutarse sin olor a palomitas. La mayoría de cadenas tienen ya un repositorio online accesible en streaming, y plataformas como iVoox tienen, virtualmente, infinitas horas de contenido.

Podríamos escuchar podcast durante miles de vidas, si las tuviésemos, y resultaría imposible abarcar en un año el contenido que se sube en un día a YouTube. Yo entreno escuchando podcast porque no me da el tiempo. La cultura es tan asequible que, literalmente, no me da tiempo a disfrutar de más.

En YouTube hay conferencias, cortos, tutoriales, cursos enteros, todos ellos disponibles con una simple búsqueda y con el coste asumible de soportar unos segundos de anuncios. La cultura podría ser más accesible, pero ya es barata.

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Si puedes leer esto, en La Piedra de Sísifo tienes más de una década de artículos, de publicación diaria en los últimos años. Ya no hay excusas ni más barrera de acceso a la cultura que la electricidad de tu teléfono móvil o su tarifa de datos, a veces eludibles gracias a los cargadores públicos (arriba) y las WiFi abiertas de edificios públicos o transporte urbano.

Imágenes | PxHere, Marcos Martínez

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