Mindhunter, arte by Lovas Tibor

Una de las series más interesantes que he visto últimamente se llama Mindhunter. Es una serie de Netflix a la que le tenía ganas desde su estreno en octubre del año 2017, porque sabía que detrás de su creación estaba ni más ni menos que el gran David Fincher, a mi parecer, uno de los cineastas más fascinantes del panorama actual. Y es que Fincher es —además de productor ejecutivo, junto con Charlize Theron y otros—, director de hasta cuatro episodios de la primera temporada, y su impronta se siente continuamente en la obra.

Pero vayamos por partes. ¿Qué es Mindhunter y de qué trata? La verdad, creo no estar equivocado al decir que Mindhunter se encuentra entre las mejores series que se han parido recientemente. Está escrita y dirigida de forma soberbia, con unos actores muy creíbles y una ambientación impecable. Y, pese a eso, es posible que muchas personas no la conozcan y que esta no sea un auténtico fenómeno de audiencias. Sin embargo, tampoco me parece que la serie pretenda serlo, más bien es consciente de que no está hecha para el paladar de un público masivo. Con su argumento excava poco a poco en un pozo siniestro de la psique humana, le dedica una mirada a un mundo sórdido y desagradable que muchos seguramente prefieren desconocer. Como dice uno de los propios personajes de la serie: «Si lo que hacemos no te revuelve las tripas, o estás completamente pirado o te engañas a ti mismo». Y es que Mindhunter habla de psicópatas, de asesinos, de extrañas y perturbadas personas que un día, de pronto, empezaron a cometer terribles actos.

Basada en la novela Mind Hunter: Inside the FBI’s Elite Serial Crime Unit, de John Douglas y Mark Olshaker, la serie se centra en dos agentes especiales del FBI, Holden Ford y Bill Tench, que están interesados en estudiar la psicología de asesinos y psicópatas encarcelados. La historia da comienzo en el año 1977, y este es un dato vital ya que por aquella época, por increíble que nos parezca hoy día, nadie había reparado en la existencia de asesinos en serie o en los complejos motivos que llevaban a estas personas a hacer lo que hacían. Es decir, lo que los dos protagonistas intentan poner en marcha, especialmente Holden (el impulsor del proyecto, y la mente más brillante e inquieta del equipo), es elaborar perfiles psicológicos sobre asesinos que les puedan ayudar a entenderlos mejor, a comprender sus motivaciones, su forma de pensar. Todo para poder adelantarse a los crímenes, para evitar que sigan sucediendo.

El argumento de la serie aborda este asunto de forma cautivadora, no solo porque el acercarse a hablar de tú a tú con psicópatas me parezca un tema muy curioso (o morboso, si queréis llamarlo así), sino también porque Mindhunter posee mucho de realidad. En 1977 los asesinos eran considerados simple escoria que no merecía apenas atención. Si se les capturaba, o se les condenaba a la silla eléctrica, o a pudrirse en cadena perpetua. Por eso la idea de Holden, su estudio psicológico, choca de lleno con la rectitud de sus superiores, de un FBI que no puede permitirse chismorreos o una mala imagen. ¿Tener entrevistas con algunos de los más peligrosos psicópatas encarcelados de los Estados Unidos? Suena a ridículo, pero no tanto si se piensa racionalmente, ¿verdad?

Bill Tench y Holden Ford

Además, el otro gran punto de Mindhunter radica en que, precisamente, estos asesinos son tan reales como que existen en nuestra realidad. No son personajes escritos para la serie, son psicópatas auténticos, nombres como Edmund Kemper, Jerry Brudos, incluso el mismísimo Charles Manson —aunque este último solo sea mencionado—. Los agentes Ford y Tench se entrevistan directamente con estas personas, lo que le da un toque todavía más perturbador a sus charlas añadiéndoles un punto de veracidad escalofriante, puesto que los asesinatos descritos están basados en hechos reales.

La serie es consciente de que este es su gran golpe de efecto, y lo aprovecha muy bien al dedicarle largas escenas repartidas a lo largo de todos los capítulos con estos psicópatas, dándoles una presentación a cada uno que te atrapa irremediablemente ante la pantalla (especial mención a Edmund Kemper, de largo el más fascinante de la primera temporada, interpretado por el actor Cameron Britton de forma brillante).

No obstante, no solo de las entrevistas se nutre Mindhunter. Aunque ese sea su plato principal, entre medias tenemos algún que otro caso que los agentes investigan tratando de poner en práctica sus conocimientos. Y por otro lado, hay un poco de la vida personal de cada uno de ellos, lo que engrandece en gran medida el desarrollo y trasfondo de los personajes. Esto, para mí, es el otro factor que ya termina de ganarme por completo como espectador. No solo me interesa ver hacia dónde se moverá la historia, también me preocupan estas personas, el ver cómo progresan con su investigación, cómo les afecta o les beneficia en su vida personal.

Edmund Kemper (interpretado por Cameron Britton)

A lo largo de los capítulos la trama va cociéndose a fuego lento. Es una serie reflexiva, inteligente, y de muchos diálogos, que deliberadamente omite la acción o las escenas violentas, excepto en muy contadas ocasiones. No por ello es aburrida, ojo, es un thriller pausado, pero con mucho interés si el tema te resulta interesante. Que logra generar tensión e intriga con una habilidad pasmosa. Además, todo el rato van progresando pequeñas tramas en paralelo, algunas que empiezan y terminan, otras que convergen en algo más adelante, e incluso algunas que simplemente, como a veces ocurre en la propia vida real, no tienen una resolución clara o efectista.

Respecto a su faceta técnica, Mindhunter es un gusto para la vista. El sello en la dirección de Fincher es reconocible enseguida, aunque algo más discreto que en sus películas, todo hay que decirlo —lo cual no evita que el director se olvide aquí de su perfeccionismo extremo, todo lo contrario. Por ejemplo, existe una escena que llegaron a rodar hasta 75 veces, tal y como él mismo desveló en unas declaraciones—. Eso sí, la paleta de colores, la iluminación y la fotografía, no podrían estar mejor. En este aspecto la serie recuerda a la cinta Zodiac (del propio Fincher, ambas coinciden en ambientación), y quizá también a la primera temporada de la memorable True Detective. Cuando no dirige él, se nota que los demás tratan de mantener un equilibrio y estilo general que no desmerece en ningún momento el acabado. Por si fuera poco, la banda sonora, firmada por Jason Hill, resulta fría y triste, lo que empaca todavía más el ambiente de la historia, que solo respira de cuando en cuando con algunas canciones de grupos de la época que le sienta de maravilla.

Por suerte, Mindhunter seguirá más allá de su temporada inicial —dentro de no mucho habrá nueva tanda de capítulos, según se sabe—. Yo me alegro, porque es una serie que todavía tiene mucho que contar, y a la que no me importaría seguir el rastro unos cuántos años más. Sobre todo si sigue manteniendo el nivel, o mejor aún, si lo supera. Con Fincher a la cabeza, y el resto del equipo tan involucrado, no me extrañaría. Desde luego, puedo afirmar que los amantes de los thrillers encontrarán en ella una joya moderna del género.

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