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Durante siglos la mujer ha estado marginada, entre otros muchos ámbitos, en el educativo. Sin embargo, en la actualidad no solo se ha logrado avanzar bastante en la lucha contra esa discriminación sino que incluso se ha llegado a un punto en el que las desigualdades se han revertido. Según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ‒OCDE‒ las mujeres han conseguido conquistar esas instituciones y hoy en día tienen más presencia en algunos campus universitarios que los hombres.

¿Qué hay de esto si lo trasladamos al terreno de la lectura? Uno de los estudios más ambiciosos sobe hábitos de lectura en los niños realizado en el Reino Unido por Keith Topping, sociólogo y profesor en la Universidad de Dundee, Escocia, concluía que los niños dedican menos tiempo que las niñas a leer, que «son más propensos a omitir pasajes o secciones completas y que con frecuencia eligen libros que están por debajo de sus niveles de lectura». En un artículo publicado en The Atlantic, Topping le comenta a Alia Wong que las niñas tienden a poner más cuidado que los niños en las cosas que hacen, lo que incluye la lectura. Y además existen otros estudios ‒aquí o aquí‒ que defieden que las niñas tienden a leer más que los niños por placer.

Y parece que esta tendencia no es exclusiva del Reino Unido sino que la encontramos de forma general en cualquier país desarrollado del mundo. En 2009 tuvo lugar un estudio global para analizar el rendimiento académico de los jóvenes de quince años. Pues bien, en 64 de los 65 países participantes había más niñas que niños que leían por placer. El estudio se basó exclusivamente en países desarrollados porque se entiende que en ellos las mujeres tienen tasas de alfabetización equivalentes a las de los hombres. Tras recabar los datos obtenidos de todos los países, solo la mitad de los niños afirmaban que leían por placer, mientras que en las niñas la cifra se elevaba a las tres cuartas partes.

¿Significa eso que hay algo en las mujeres que las predispone biológicamente para ser mejores lectoras que los hombres? ¿Son los cerebros femenino y masculinos diferentes a nivel biológico? Definitivamente no. La neurociencia ha demostrado que el cerebro no es un órgano marcado sexualmente y que las diferencias de género se explican no por genética sino por procesos de socialización. Son muchos los motivos a nivel psicológico y social los que podrían explicar estas diferencias de hábitos. ¿Puede ocurrir que los niños sean más vulnerables a la presión social de sus iguales y que, por tanto, no se animen a desarrollar actividades que no se perciben como apetecibles? David Reilly, psicólogo de la Universidad Griffith en Australia y coautor de un análisis reciente sobre las disparidades de género en la lectura en Estados Unidos, señala la importancia de los factores psicológicos, basados sobre todo en la tendencia de las niñas a desarrollar la autoconciencia y habilidades sociales de forma más temprana que los niños. Aunque, añade, en definitiva, todo depende de lo que se le dé para leer a un niño. «Dele a un niño el libro correcto, que se adapte a sus gustos e intereses, y podrá ver cómo cambia sus hábitos de lectura», afirma.

Si las niñas leen más que los niños es porque lo hacen por gusto, no porque estén obligadas a hacerlo. En ese sentido, las instituciones educativas deberían hacer un especial esfuerzo por llenar sus bibliotecas con libros que atraigan de verdad a los alumnos, con independencia de que no figuren dentro de ningún canon. Al fin y al cabo, como concluye la OCDE, la lectura por placer, sin mayores pretensiones, siempre repercute de forma positiva en el rendimiento académico.

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