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Stan Lee tenía solo 16 años cuando consiguió su primer trabajo en la industria del cómic. En 1939 un joven empresario llamado Martin Goodman decidió ampliar su pequeña editorial de revistas pulp conocida como Western Fiction abriendo mercado en el floreciente negocio de loc cómics. Para ello, contrató los servicios de Funnies Inc., un taller de escritores y dibujantes especializado en crear cómics para editoriales que no tenían el dinero o el tiempo suficiente para crear su propia plantilla. Había nacido Timely Publications, a la que Lee se unió ese mismo año. Hijo de inmigrandes judíos, su nombre por aquel entonces era otro, Stanley Lieber, pero el emblemático creador de personajes como Los Cuatro Fantásticos, Spider-Man o los X-Men decidió cambiárselo. Soñaba con convertirse en un escritor a la altura de sus admirados Robert Louis Stevenson, Arthur Conan Doyle o Edgar Rice Burroughs y crear la Gran Novela Americana. No lo consiguió, pero a cambio se convirtió en el padre del cómic estadounidense de superhéroes.

Su primer trabajo no iba más allá del de chico de los recados, encargándose de que los tinteros estuvieran llenos o trayendo la comida. En 1941 consiguió debutar como escritor en una pequeña historia en el número 3 de Captain America Comics. Lee trabajó con leyendas como Joe Simon, Jack Kirby, Bill Everett o Syd Shores antes de ingresar al ejército. A su vuelta, Timely Comics había sido rebautizada como Atlas y los superhéroes habían pasado de moda. Durante ese tiempo, en la década de 1950, Lee trabajó en los géneros que por aquel entonces eran populares ‒romance, westerns y ciencia ficción‒, y de hecho estuvo a punto de abandonar la industria por aburrimiento.

Sin embargo, a finales de esa misma década, el rival de Atlas, DC Comics, había conseguido reflotar con éxito algunos superhéroes que habían sido leyendas en el pasado, como Flash o la Liga de la Justicia. Fue entonces cuando Goodman encomendó la tarea de crear sus propios superhéroes a Lee y a Kirby. De ese proyecto nació, en 1961, nada más y nada menos que Los Cuatro Fantásticos.

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Fue una éxito sin precedentes y sentó las bases de un nuevo tipo de superhéroe. Hasta ese momento los superhéroes representaban los pilares de la justicia y del honor, sirviendo siempre a una causa superior, pero resultaban un tanto planos. Los Cuatro Fantásticos eran diferentes: vivían conflictos más complejos, discutían, y aunque poseían un enorme potencial cada uno de ellos tenía defectos claramente reconocibles, eran desafiantes, subversivos o arrogantes. En definitiva, eran más humanos. Lee y Kirby colaboraron en Los Cuatro Fantásticos a lo largo de 102 números, incluyendo La Trilogía de Galactus, saga que comprende los números del 48 al 50 y que se considera un ejemplo de lo que se conoce como Edad de Plata de los cómics.

Lee y Kirby crearon codo con codo algunos de los personajes más importantes de la industria, como los X-Men, Hulk, los Vengadores, Nick Fury, Silver Surfer o Thor. Además, Lee también creó a Spider-Man y al Doctor Strange con Steve Ditko, a Iron Man con Don Heck y Kirby o a Daredevil con Everett, entre muchos otros. Se basaba en un tipo de escritura que denominó «el método Marvel», que consistía en crear una breve sinopsis de la historia sobre la que los artistas dibujarían, creando ellos mismos los detalles trama a trama, para que a continuación Lee rellenara los diálogos. Este método le llevó a muchas disputas a lo largo de los años con algunos de sus principales colaboradores. Lee era reticente a conceder el crédito que merecían por los personajes creados a visionarios como Kirby o Ditko. Eso hace que la aportación de Lee a Marvel Comics sea un tema bastante espinoso, aunque es imposible poner en duda su importancia dentro de la historia del cómic.

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Stan Lee enfatizó tanto el carácter de los personajes como la acción de la trama. Le gustaban los giros inesperados que mantenían la tensión e intentó contextualizar a sus superhéroes en la época en la que vivían añadiendo elementos de la cultura popular. Fue capaz de entender la importancia de representar y celebrar la diversidad, con personajes como Black Panther. Influyó como pocos en la comprensión del mundo de toda varias generaciones de niños y de jóvenes, introduciendo cuestiones sociales, personales y filosóficas, que jamás hubieran tenido cabida a esas edades.

En 1972, dejó de escribir cómics para convertirse en editor. Poco a poco se fue convirtiendo en el icono de Marvel, una especie de mezcla entre mascota y niño travieso ‒son célebres, por ejemplo, sus cameos en las películas de la compañía‒. Hubo un tiempo en el que Stan Lee sobre la importancia de su trabajo, pero con el paso de las décadas fue comprendiendo el valor de lo que hacía. «Solía sentirme avergonzado porque solo era un escritor de cómics, mientras que otras personas construían puentes o hacían carreras de medicina. Y luego comencé a darme cuenta: el entretenimiento es una de las cosas más importantes en la vida de las personas. Sin eso, podrían tocar fondo. Siento que si eres capaz de entretener, estás haciendo algo bueno», comentó en una ocasión. Y fue ese el motor de la carrera creativa de Stan Lee: entrentener. Pocas personas pueden presumir de tener un legado tan extenso en la industria del entretenimiento. Es difícil pensar en alguien que haya regalado tantísimos grandes personajes e historias a la cultura popular. Sin Stan Lee la historia del cómic sería otra muy distinta. Otra que seguramente no querríamos conocer.

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