The Corner. Foto: El País

Las periferias urbanas de las grandes ciudades a menudo se convierten en zonas degradadas en las que la falta de planificación territorial y de servicios, un alto porcentaje de paro y la consiguiente falta de recursos económicos de sus habitantes, son el caldo de cultivo necesario para que las drogas conviertan su paisaje cotidiano en un callejón sin salida. Esta es la premisa de la que parte The Corner, la miniserie de 6 episodios que durante el año 2000 estrenó la cadena norteamericana HBO de la mano de Charles S. Duton y David Simon, éste último, uno de los directores de series más prolíficos de los últimos años. Por lo que concierne a premios, la serie consiguió ganar tres premios Emmy: el de mejor miniserie, el de mejor director i el de mejor guion.

The Corner, embrión de la que posteriormente ha sido considerada una de las mejores series de la historia, The Wire, nos cuenta la vida que emerge de las esquinas de las calles de la ciudad de Baltimore a través de una familia completamente rota por las drogas. A lo largo de cada capítulo, la serie nos introduce en el día a día de cada uno de los seis personajes principales, que diferentes circunstancias han conducido al nexo común que los une ya la vez los divide a todos, su relación con las drogas y las fatales consecuencias que de estas se derivan.

La narración está vehiculada por los McCullogh, una familia que en un pasado cercano había formado parte de la incipiente clase media de Baltimore pero que, poco a poco, va cayendo en el infierno de la droga. La madre de familia, Fran, es una mujer fuerte y el personaje que a priori podía parecer más reticente al abuso de sustancias, pero a pesar de eso es la primera pieza en caer, generando un efecto dominó que arrastra a Gary, su marido, que no sólo se muestra débil e incapaz de hacer cambiar de parecer a su mujer, sino que es el que a posteriori cae más estrepitosamente en la adicción. El hijo de ambos, De Andre, empieza ya de adolescente a traficar con las drogas, porque no ha conocido nada más, porque el mundo de las esquinas donde se vende la mercancía es donde está la vida del barrio.

En las esquinas de los barrios de Baltimore se suceden los ajusticiamientos, las persecuciones y las inútiles redadas policiales que, lejos de solucionar el problema, sólo sirven para agudizar los sistemas de vigilancia creados por las bandas de narcotraficantes. Los dos únicos espacios que se erigen como posibles instituciones para la regeneración moral y vital de los habitantes de Baltimore son el centro de recreo para niños y adolescentes y el centro de rehabilitación de adictos. Sin embargo, estos espacios demuestran no tener suficiente apoyo económico e institucional como para llevar a cabo su tarea de manera eficiente.

El desgarrador retrato social que se hace de sus personajes, similar al estilo del realismo social empleado por cineastas como Ken Loach y Spike Lee, o el estilo neorrealista italiano de autores como Vittorio de Sica y Roberto Rossellini, nos aproxima a una realidad cada vez más visible no sólo en el cine sino también en nuestras calles.

Esta pretensión de veracidad se logró porque la serie está basada en el libro The Corner: A Year in the Life of an Inner-City Neighborhood, la obra que tres años antes habían escrito David Simon y Edward Burns ‒dos de los guionistas de la serie‒ a través de los testimonios e historias reales de los barrios conflictivos de Baltimore. Teniendo en cuenta esto, no es extraño que cada episodio comience con una entrevista a pie de calle, y a modo de falso documental, a cada uno de los protagonistas de la serie. En estas entrevistas, la voz en off del director de la serie Charles S. Duton, hace preguntas referentes a los problemas que viven los protagonistas hasta el punto de incomodarlos.

Al final de la serie, podemos ver la entrevista que mantiene el director con algunos de los personajes reales que han aparecido en la serie para así poder constatar que la verdad siempre supera la ficción y que por más inverosímiles que parezcan algunas historias, a buen seguro que ya han sucedido en algún lugar de nuestro mundo.

El momento más aterrador de la serie es sin duda cuando Gary, el padre de familia, decide ir a ver La lista de Schindler de Steven Spielberg y se da cuenta, después de hacer una profunda reflexión, que los drogadictos de las esquinas asumen el papel de seres deshumanizados que les han otorgado las autoridades, un papel que en su momento tuvieron los judíos por la imposición nazi y terminó con las consecuencias devastadoras que todos conocemos.

Pero nadie escucha a Gary, ni a su mujer Fran, ni a su hijo De Andre, por que las esquinas no escuchan, sólo hunden a los que como ellos intentan salir de la miseria y seguir adelante.

Comentarios

comentarios