Un ser atemorizado huye de los usurpadores, como así los llama. Está aterrado, ellos han robado su poder y lo han usado para esclavizar a todos los seres del universo. Logró escapar de su prisión y ahora se refugia. Sabe que es cuestión de tiempo antes de que lo capturen y lo arrastren a su jaula una vez más. Dios y los hombres jugando al gato y al ratón en una alegoría atroz que nos sacude hasta los huesos.

Una niña sádica de tan solo once años de edad, trae, mediante una máquina del tiempo, a hombres del pasado para seducirlos y luego torturarlos de las formas más crueles y despiadadas. Luego los devuelve quebrados y mutilados a sus respectivas épocas. Su abuelo la observa con indiferencia. La consiente, trayéndole más víctimas y tétricos “juguetes”.

Unos seres remueven la conciencia de un hombre. Lo transforman en un ser amoral y observan como lastima a las mujeres que más ama. Solo lo hacen por sádica diversión. Los dioses juegan con los hombres. Los matan para divertirse. Son como niños cazando moscas.

Estos son los argumentos de algunos de los relatos pertenecientes a la antología elaborada por Harlan Ellison: Visiones peligrosas. Publicada en el año 1967, despertó una aclamada admiración en muchos lectores del género de la ciencia ficción así como un visceral rechazo en otros.

Una propuesta innovadora aunque, sin duda, arriesgada: ¿Quién se atrevería a producir una antología plagada de relatos futuristas tan pesimistas durante los años gloriosos del capitalismo? La literatura siempre ha sido un medio utilizado para describir nuestra sociedad y la ciencia ficción, particularmente, ha constituido el género más idóneo para proyectar nuestros miedos con respecto al avenir. Precisamente, son las grandes obras distópicas las que saludamos hoy con reverencia: “Un mundo feliz” de Aldous Huxley y “1984” de George Orwell.

Sin embargo, a diferencia de estas obras magnas que fueron producidas en períodos de extremo pesimismo, el trabajo de Ellison fue publicado en un momento en donde el optimismo envolvía en forma cálida a las sociedades occidentales.

La misma ciencia ficción producía relatos utópicos cargados de energía positiva. Pero unos pocos valientes estuvieron dispuestos a ver más allá de las apariencias y se atrevieron a describir lo que percibían sutilmente. Osaron correr el velo de una sociedad que se jactaba de su perfección y evidenciaron, así, sus más crudos defectos. No por nada se los considera los autores más prominentes de la llamada “generación dorada”. Ellos son: Lester del Rey, Robert Silverberg, Philip José Farmer, Miriam Allen deFord, Robert Bloch y Brian Aldiss.

Ellos fueron los primeros. La primera antología tuvo tanto éxito que su compilador decidió recopilar nuevos relatos en un segundo y tercer libro. Nuevos escritores se sumaron a esta revolución aportando sus visiones peligrosas. Verdaderos ensayos sociológicos y advertencias sin filtro de aquello que ya no podían ignorar.

Pero fue el primer libro el hito que lo inició todo y por ello admiro la valentía de Ellison al publicar relatos prohibidos y rechazados por las revistas y editoriales de la época. En el prefacio se puede observar el amor del compilador por la literatura de ficción especulativa así como su ferviente admiración por los autores que componen la tan provocativa y aterradora antología.

Dos prefacios anteceden a los cuentos. Uno, escrito por uno de sus maestros: Isaac Asimov. El otro por el mismo Ellison. Ambos perfectos ensayos literarios. Cada relato es introducido por el compilador y finaliza con una reflexión aguda realizada por su correspondiente autor.

La obra compuesta por cuentos “peligrosos” es una publicación motivada por el amor al género. Escrita por autores renombrados, presentada por autores consagrados y tallada en mármol por su presentador, constituye una obra perfecta que nos aterra y nos advierte.

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