«El grado máximo de sofisticación es la simplicidad», pero no es lo mismo ser simple por no haber ido que serlo tras volver, y es que una vuelta de 360º no deja las cosas igual que antes de partir.

Desayuno entre amigas

–No sé qué me pasa hoy, es raro, pero me he levantado con el pie izquierdo –dijo Matilde tras darle un  sorbito al café caliente y entonces sostener la taza con las dos manos.

–Eso no es raro, de vez en cuando todo el mundo tiene días malos –contestó Hannah.

–Sí que es raro, porque no es que tenga un día malo porque me haya pasado algo o me encuentre mal; es más profundo, como si estuviera conectada con otra persona que está sufriendo, y yo también sufro por ella.

–¿Pero es alguien que conoces?

–No tengo ni idea –dijo Matilde dando otro sorbo al café.

–Sí que es raro –confirmó Hannah–; quizá hayas cerrado un círculo completo y te estés conectando con tu yo del pasado.

–¡Tú si que eres rara!

 

Todos los caminos llevan a Roma

Ayer abrí las páginas de un libro del singular Jodorowsky, que siempre dice cosas tan tan interesantes, y leí lo siguiente:

La llave

–Maestro, ¿dibujan a san Pedro con tantas llaves porque el paraíso tiene muchas puertas?

–No. El paraíso tiene una sola puerta, y muy estrecha. Todas esas llaves sirven para la misma puerta y no son de san Pedro sino de los que ya entraron. Cada uno de nosotros recibe una llave, solo con ella podemos abrir la puerta del paraíso. ¡No puedes entrar pidiendo llaves prestadas!

–¿Y dónde tengo mi llave, maestro?

–No te lo puedo decir. Tienes toda tu vida para encontrarla dentro de ti mismo.

Y eso me ha recordado por qué titulé como La llave del laberinto mi primer libro; pero no te puedo decir, porque la respuesta la tienes que encontrar dentro de ti. Y es que parece que todo esté inventado, y unos y otros estemos caminando hacia el mismo lado; como suelo decir: «Camina despacito que al único lugar que tienes que llegar es a ti mismo».

 

Un giro de 180º

Ella volvió a casa después de varios años de independencia. Todos los cambios recientes la habían sacudido y removido como las aguas de la primavera redondean los cantos rodados. Estaba confundida y mareada, y volvió a su psicólogo de la infancia.

–La vida ha dado un giro de 180º y no sé qué va a ser de mí –dijo ella asustada.

–Estás otra vez aquí, y eso quiere decir que la vuelta que has dado es de 360º, porque has vuelto al punto de partida –dijo él.

–Bueno, sí, ya no soy la misma que se fue hace años –se percató ella de sí misma.

–No es posible bañarse dos veces en el mismo río: ni el río es el mismo ni nosotros lo somos –habría contestado Heráclito de haber estado también en la consulta.

 

La historia del pescador y el banquero

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