Lo poco que sabemos del matrimonio formado por Walter Holdt y Lavinia Schulz es gracias al redescubrimiento que tuvo lugar en 1986 de una serie de artefactos depositados en un museo de Hamburgo en 1925.

Lavinia Schulz estudió ballet, pintura y música en Berlín, después de padecer una grave enfermedad del oído. Allí, en 1913, entró en contacto con el círculo de expresionistas que había alrededor de la revista Der Sturm, de Herwarth Walden. En ese círculo conoció a Lothar Schreyer, que en 1918 fundó junto a Walden un teatro expresionista experimental llamado ‘Sturm-Bühne’. Ese mismo año Schreyer invitó a Schulz a actuar, desnuda, en un montaje que había hecho de Sancta Susanna de August Stramm.

Cuando Schreyer, desilusionado al no conseguir formar un teatro de vanguardia en Berlín, se trasladó a su Hamburgo natal en 1919, Schulz lo siguió. En Hamburgo Schreyer continuó con el antiguo ‘Sturm-Bühne’, rebautizándolo como ‘Kampf-Bühne’. Schulz, que había ejercido de costurera para ‘Sturm-Bühne’ creando el vestuario, volvió a hacerlo en Hamburgo. No se sabe si conoció a Holdt allí o si ya se conocían de antes, pero ese mismo año confeccionó un traje robótico para Holdt. A pesar de parecer pesado, este parecía bailar sin mucha dificultad.

En abril de 1920 Schulz y Holdt se casaron y la pareja abandonó a Schreyer, ya que, como explicó Schulz en una nota, «el expresionismo no es una solución».

A partir de ese momento llevaron una existencia radicalmente austera en un extraño apartamento que carecía de cama y de agua caliente. Dormían sobre un montón de paja y se dedicaban casi en exclusiva a crear extraños bailes de máscaras. La pareja se obsesionó con recuperar una especie de identidad ario-nórdica arcaica, libre de contaminación judeo-cristiana. Según H.H. Stuckenschmidt, que era su amigo, Schulz ansiaba dificultades: «Pobreza, hambre, frío, paisaje nórdico con nieve, hielo y catástrofes: ese era su mundo, y con Holdt lo encontró».

El matrimonio, además, acabó convirtiéndose en una relación tremendamente tormentosa para ambos. Tenían muchas dificultades para ganar dinero y no paraban de intentar buscar la manera de vivir con lo mínimo. Parece ser que Holdt no era completamente fiel y Schulz tenía ataques de celos, aterrada de que su marido la traicionara con otra mujer.

Cuando en 1923, el año de la gran hiperinflación alemana, tuvieron un hijo, el hambre se convirtió en un problema para el que no parecían tener solución. En junio de 1924, la policía descubrió sus cuerpos en su apartamento, con el bebé entre ellos. Schulz había disparado a Holdt y después se había suicidado.

Fuente para todas las imágenes: MKG Collection Online

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