Un zoológico poblado por fauna humana. Algunos mantienen su estado racional, incluso usan vestimentas y añoran las costumbres de la civilización como la de comer con cubiertos. Otros, en cambio, han descendido al umbral de la locura habiéndose adentrado en un estado de feroz salvajismo. Los guardias son cínicos y no ven diferencia entre ambos. Para ellos, son todos parte del entretenimiento.

Una mujer recibe una y otra vez la noticia de la muerte de su esposo durante una cruenta guerra que parece no tener fin. Su ciudad está destruida y el hambre la acecha mientras espera. La escena se repite eternamente ¿Se encuentra en un bucle temporal o es víctima de la más sádica de las burocracias? ¿Es un cuento fantástico o un relato kafkiano?

Una analista de datos vive su propia vida como si tratara de un conjunto de variables en una planilla de cálculos y eso la lleva a la obsesión y a la apatía absoluta. Su marido no comprende su actuar pese a que ella considera racionales cada una de sus acciones.

Son las premisas de algunas de las narraciones pertenecientes al libro “El lugar donde mueren los pájaros” (Fiordo, 2017), la segunda publicación de cuentos del escritor argentino Tomás Downey. Con la primera,  “Acá el tiempo es otra cosa”, ganó el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes en 2013. Hasta ahora no ha escrito novelas aunque está dentro de sus proyectos hacerlo. Estudio guion en el ENERC lo que le aportó una impronta cinematográfica a sus escritos.

Leer Downey es una experiencia refrescante. La ambigüedad es su marca distintiva. Cada cuento es un universo diferente y, en un veloz vistazo, lo exploramos sin comprender realmente su naturaleza. Nos queda, sí, una sensación de incertidumbre y desasosiego. Sentimos una congoja por la crudeza de las descripciones y por la angustia que experimentan los personajes. A veces lo fantástico se hace explícito. Otras veces, nos preguntamos si el carácter demencial se debe a que vemos el relato desde los ojos de un personaje trastornado. Puedo sentir la presencia de Cortázar cuando lo fantástico se hace evidente, así como la marca de David Lynch al observar personajes desconectados de la realidad en un contexto monótono. Nunca está claro del todo lo que ocurre y eso nos deja solo con nuestra interpretación.

Es bueno ver sangre joven atreviéndose a desafiar las convenciones y a explorar nuevos horizontes. En la Argentina, la literatura fantástica, la ciencia Ficción y el terror siempre han sido considerado géneros parias. Al parecer, los únicos autorizados para escribir en estos registros fueron Borges, Cortázar y Bioy Casares. Por suerte, hoy las cosas están cambiando, pese a que el hiperrealismo sigue siendo la moda.

De todas formas, Downey es un autor camaleónico. Es alguien que busca mezclar géneros literarios como colores en una paleta. Esa siempre fue la brillantez de quienes buscan innovar. De quienes poseen la ambición de crear algo nuevo a partir de lo viejo. Por ello, realizar un análisis de sus cuentos es difícil, ya que mientras algunos se acercan a los fantástico y a la ciencia ficción, otros poseen claros elementos de un realismo sucio. Por supuesto, en lugar de asumir o sacar conclusiones acerca de sus influencias decidí hablar con él para despejar mis inquietudes de lector impaciente. Le propuse realizar una entrevista y fue así como nos juntamos en una librería del barrio Palermo en la ciudad de Buenos Aires.

Ya había leído algunas entrevistas que dio para otros medios y no pude notar que los periodistas publicaban las notas en forma de crónicas. Le dije para romper el hielo:

“¿Notaste que hoy en día los periodistas culturales escriben más crónicas que otras cosa? Por ejemplo, si tuviera que escribir sobre este encuentro tendría que empezar: “De lejos lo vi a Tomás esperándome en la puerta de la librería, estaba vestido con una camisa arrugada y poseía expresión de…”.

Tomás se rio al escuchar mi comentario y comenzamos a charlar sobre cine y literatura. Yo tenía mucha curiosidad. Quería preguntarle millones de cosas sobre lo que había escrito: sus intenciones, sus influencias, sus próximos proyectos.

Lo primero que le comenté es que pude sentir rastros de Bradbury y Lem. Sobre todo en el cuento “Los Takis” que trata sobre la llegada de unos extraterrestres que vuelven estúpidos a la gente. Él me admitió que los había leído pero muy poco y que no era un lector de un género especifico (en este caso de la ciencia ficción) pero que, quizás,  el carácter alegórico de esos autores podría haberse incorporado a su narrativa en forma inconsciente. “Me gusta más ese género como excusa para contar una historia, no el género en sí mismo. En ese sentido, nunca me interesó la ciencia ficción más dura. Me gusta contar la misma historia en contextos diferentes, ya sean realistas, con fantasmas o con extraterrestres.”, dijo él.

Yo le respondí que Philip K Dick había sido una gran influencia para mí. Él me pidió recomendaciones. Le mencioné “En tierra sombría” publicada por Nebulae. También le recomendé la antología de Harlan Ellison “Visiones peligrosas”. Se sintió intrigado por dichas obras y las anotó en su celular.

Luego pasé a las preguntas motivadas por el fisgoneo. Su cuento “Hermanas”, tenía muchos elementos del realismo sucio estadounidense, aun así sentí el fantasma de Horacio Quiroga revoloteando por aquel escrito. Quizás por su atracción hacia campo y a lo silvestre que había mencionado en otras entrevistas. El cuento: una situación sin elementos fantásticos pero con una impronta de extrañeza que se acercaba al terror y al surrealismo. Un contexto no especificado que da lugar a múltiples interpretaciones.

¿Cómo se te ocurrió la idea para ese escrito?

Me gusta mucho el campo como escenario y la temática de los rituales.

Yo lo sentí como si se tratara de tres personas que van a cometer un homicidio. Pero son niñas matando una criatura inocente. Un pobre cerdito. Podría ser perfectamente el comienzo de una novela sobre tres asesinas en serie.

Ese tipo de ideas me encanta. Generalmente se me ocurre una imagen. Pero una imagen cargada de algún sentido, de alguna emoción. Acá tenés a tres hermanas realizando un ritual. Luego se ve la consecuencia que eso después tiene. Queda al criterio de cada uno si hay una conexión y si realmente hay una causalidad o más bien se trata de casualidad. Es interesante debatir cuan culpable son ellas de esto. Es lindo también colar distintas sugerencias de porque lo hacen y plantearse “¿Se las puede culpar?” Muchos de mis cuentos trabajan de esa misma forma.

Hay un tema que yo sentí en este segundo libro que es el tema de la tortura. Ya sea a niveles explícitos o implícitos, lo sentí presente.

No lo había pensado. Puede ser. Me dejás pensando. Lo primero que me viene a la cabeza es que en las relaciones humanas siempre nos estamos micro torturando, ya sea enojándonos con los demás por alguna cosa o provocando reacciones en los otros. De alguna manera uno hace eso.

El goce por la humillación…

Sí, y no reconocido además, porque en ninguno de los cuentos existe algún sádico en forma explícita. Es algo más inconsciente. Lo veo ahora que lo decís. Está como escondido en la forma en la que nos relacionamos, no es que nos estemos torturando todo el tiempo. Pero siempre esta eso, esa chicana.

Si tuvieras que elegir un cuento tuyo para convertirlo en novela, ¿Cuál elegirías?

La verdad ni idea. Un amigo me dijo que el cuento “El lugar en donde mueren los pájaros” es el comienzo de una novela. Para mí, es todo lo opuesto. No sé cómo seguir después de eso. En realidad, los cuentos vienen en ese formato. Hay algo muy claro que se cifra en el final del cuento, por eso creo que no se lo puede seguir. Pero hay ahora un cuento que estoy escribiendo que da para escribir otros cuentos o historias similares relacionadas. Una suerte de novela coral. Igual no sé si podría escribir una a partir de un cuento. Los finales, aunque abiertos, los siento muy contundentes. Tal vez podría contar lo que pasó antes. De hecho, estoy escribiendo un cuento que está conectado con otro que escribí que se llama “Trampolín”. Es sobre una nena que salta en un trampolín y desaparece. Estoy escribiendo sobre donde aparece y que fue lo que pasó.

¿Continuarías el cuento de otra persona? ¿O escribías un cuento conectado con el relato de otro autor, por ejemplo, que ocurra en el mismo universo?

Es difícil. Nunca lo había pensado así. En una época tenía la idea reescribir cuentos que me gustaban. Estoy pensando en Kelly Link. Es una de mis favoritas. Ella fue la puerta de entrada a un montón de autores estadounidenses que trabajan el género fantástico. Yo mezclo mucho eso, lo fantástico con el realismo sucio.  El cuento “Animales de piedra”. Es un universo bastante normal pero tiene algo. Tiene una idea que me gustaría usar de alguna manera. Es cuando ocurre algo gracioso y siniestro pero que no lo ves sino que los personajes dicen que pasa. 

Alan Moore ha afirmado que existen dos tipos de escritores: los de carrera, que siempre escriben lo mismo porque eso vende, y los escritores con mayúscula que buscan innovar todo el tiempo aunque no vendan ¿Qué opinas de eso?

Diría que lo bueno de ser un autor argentino contemporáneo es que no vas encontrar nada que venda y que se pueda reproducir fácilmente (risas) así que uno tiene que seguir buscando. Cuando uno encuentra cierta fórmula para escribir un cuento la tendencia a repetirse es natural pero siempre trato de dar un paso al costado y prestar atención a las cosas en las que me repito. Intento, en esos puntos, ir para otro lado. La idea es siempre realizar una búsqueda. Para mi es muy importante cuando estoy creando un cuento que pueda disfrutarlo. Igual la paso mal cuando estoy escribiendo. Corrijo obsesivamente. Hay días que me la paso tres horas frente a la computadora pasándola mal. Pero en esas tres horas de pasarla mal hay diez minutos de iluminación y ahí laburo más que en esas tres horas de tortura. Ahí tenés la tortura de vuelta. Me estoy torturando (risas).

Tal vez por eso torturás a tus personajes, es una venganza.

(Risas) Tal vez. Lo que me divierte, sí, es buscar algo nuevo. Me gusta pensar un mundo nuevo cada vez que escribo un cuento, encontrarle la lógica interna al relato. Siempre trato es de construir una lógica y eso es lo más divertido.

¿Te encariñas con los personajes?

No, son personajes.

¿Los celás? George R. R. Martin dijo que odiaba cuando otros usaban a sus personajes y que por eso odiaba el Fan Fiction.

Al contrario, me resultaría muy divertido si alguien continuará alguno de mis cuentos. Siempre que alguien me lee y le pasa algo está buenísimo para mí. Ahora que lo pienso, le tengo más cariño a algunos personajes que a otros pero lo que me pasa con mi cuentos es que a todos lo leí cien veces. Es una perspectiva completamente diferente que la de otro lector. Yo soy muy obsesivo y crítico con mis cuentos.  

En otra entrevista mencionaste a Stephen King, y dijiste que es una cuenta pendiente. Justo Alan Moore lo da de ejemplo como escritor de carrera.

Sí, pero él escribe con una calidez muy grande. Hace poco terminé “On writting” y me cayó muy bien él como persona. Lo leo en Twitter a veces. Leí cuentos de él. Tiene muy buenos y otros algo mediocres. Leí el último libro de cuentos y es bastante flojo. Hay cuentos que no van para ningún lado o que son poco verosímiles. Que tienen una formula pero que les falta algo. Ahora bien, cuando habla de escribir es súper claro.  Subrayé todo el libro. Él realmente disfruta escribir. Me dio una envidia (risas). Se sienta y en tres meses te escribe una novela y la pasa bien y gana mucha plata. Bien por él. Da la sensación de que es un tipo muy querible.

Estudiaste en una escuela de cine y eso hizo que tengas influencias de ese palo. Te tiro directores y vos me das tu opinión y que influencia tuvieron en tus escritos. Terry Gilliam.

Me gustaba mucho de chico y ahora como que no. Es como un cine para adolescentes, sobre todo las ultimas. Tideland fue el punto de inflexión. Después de eso lo abandoné. Era muy fan de Monty Python. Si vuelvo a ver Brazil ahora tal vez no se mantenga. No lo sé. La Jetéé (que es el  cortometraje francés en el que se basó Doce monos) es espectacular.

Yo la vi hace poco y se mantiene. Para mí las mejores de él fueron: Brazil, Doce monos, Pescador de ilusiones y el Baron Munchhausen. Son las cuatro que puedo decir que me siguen gustando a pesar de haber crecido. En las cuatro encontrás su obsesión: un personaje viviendo entre dos mundos, una realidad terrible y mundo fantástico a donde escapa para huir de esa realidad. 

Es verdad. Me imagino que esas se mantienen.

David Lynch

A Lynch lo amo. Me pasó que quise ver la última temporada de Twin Peaks y no me gustó tanto. A Muchos les pasó. Pero me encanta. Sobretodo Wild Hearts, Blue Velvet, Mulholland Drive y Carretera Perdida. Hace lo que quiere sin tener en cuenta lo que puedan llegar a pensar otros, incluso sus propios fans.  

A Lynch lo relaciono mucho con Cortázar que es un autor que has leído también, según lo comentaste en otras entrevistas. Fíjate que ambos usan la ambigüedad como recursos narrativo, algo que vos hacés.

Sí, eso seguro. Lo que es y no es. O lo que no sabes que es. El clima onírico o pesadillesco. De Lynch me gustan los personajes desamparados. Como el Isabella Rossellini en Blue Velvet. Lo que no uso son los personajes desaforados como el de Dennis Hopper. Leí una entrevista a Lynch y él se mataba de risa de las interpretaciones que la gente hacía de sus películas. No creo que las piense tanto. Es más lo que siente el espectador al verlas lo que él busca. Eso es algo que aprendí de Lynch: a disfrutar una película más allá de entenderla. Hay algo más allá de la linealidad y la causalidad que es el sustento.

Quentin Tarantino. Vi algo de humor satírico y grotesco en algunos de tus cuentos.

También me gustaba de joven y ahora como que cayó un poco. Me gusta lo del juego con lo pop. La violencia sin la gravedad. Eso seguro. También fui re fan de joven. Pero después le perdí un poco el rastro. En su momento fue novedad, ahora se repite un poco.

David Cronenberg

Me gusta mucho el primer Cronenberg (Scanners, Videodrome, La mosca). Pero soy fanático de Una historia violenta. Me cae muy bien Viggo Mortensen (risas). El personaje es un capo que no lo presume. Es un tipo que tiene un montón de “talentos” que no los muestra porque sabe que son dañinos.

¿Leés novelas gráficas?

No, solo leí El eternatua aunque me gustaría explorar ese formato. Leí algo de Maus también.

¿Adaptarías algunos de tus cuentos al cine?

Sí, “Hermanas” tal vez. Es bastante filmable. O mejor “Lobos” que está en el primer libro. La verdad es que lo veo. Imagino el pueblo, la laguna con el calor. Y “El lugar donde mueren los pájaros” también.

¿A quién elegirías como director?

Paul Thomas Anderson

¿Cuáles son tus próximos proyectos?

Ahora estoy tratando de salirme de la fórmula de cuento corto y escribir algo más largo para no repetirme.

¿De los escritores del hiperrealismo urbano de Latinoamérica hay alguno que te guste?

No especialmente. Me gustan más las pequeñas ideas y el hecho de crear la lógica de un mundo que no sea la realidad tal cual es. Me gusta introducir una pequeña cosita que cambie todo. Eso es lo que más busco. Por eso el realismo a secas no está tan presente en mis narraciones.

¿Te gustaría escribir relatos de ciencia ficción sociológica donde creás mundos y analizas sus estructuras como por ejemplo lo hizo Huxley en un mundo feliz?

Me interesa mucho pero siento que me excede. Supongo que es una cuestión de entrenarme. Yo escribo de manera muy despelotada. Eso de crear un mundo es todo un desafío. Pienso que para eso uno tiene que tener un pizarrón y ser más ordenado. Diagramar la estructura. Lo pienso y me agota. Por eso me gustan los cuentos. A través de ellos puedo visitar distintos universos. Estoy trabajando en una distopía pero es muy chiquita. Igual me re interesa. Escribí un cuento distópico: “Ver un niño”. Pero no es tan original. A un amigo le hizo acordar a “Hijos del hombre”. Me gustó la idea. Me encanta lo post apocalíptico más que lo distópico. Una de mis novelas favoritas es “Soy leyenda” de Mathenson. Ensayé muchas veces escribir cosas así. Me gusta la idea de describir un futuro pero sin explicar demasiado usando el punto de vista de un personaje común que ni siquiera tiene mucha idea de lo que está pasando. Es un poco argentino eso supongo (risas).

Con todo el debate de lo políticamente correcto que está de moda se ha planteado si el arte debe juzgarse desde el punto de vista de la ética ¿Qué opinás?

Si lo tengo que pensar como escritor, de tener en cuenta esas cosas, no podría escribir sobre nada. Me ha pasado de escribir textos que luego fueron leídos por otras personas y me han hecho comentarios de ese estilo. Como: “esto es medio polémico”. A veces les hago caso y a veces no. Igualmente, no me parece que una novela o una película pueda llegar a ser apología del delito. En todo caso, existe algo que puede llamarse mal gusto y buen gusto. Hay diversas formas de tocar los mismo temas. Para mí, por ejemplo, escribir desde el punto de vista de un asesino es re interesante. Después se verá si el morbo es necesario para el relato o para lo que se quiere trasmitir. Yo no iría para el lado del morbo o regodeo por la violencia sin sentido. Sí, me parece interesante comprender la lógica interna de una persona con la que no estoy de acuerdo.

¿Te interesa las historias de súper héroes?

Sí, mucho. Me veo todas las películas de Marvel aunque después me decepcionan. Pero las veo. Aun así, la idea del héroe me fascina. Sobre todo la idea de un héroe que esta escondido. Que no presume de su heroísmo. Eso es súper admirable. Por eso me gusta la premisa de “Una historia violenta” de Cronenberg y la del “El protegido” de Shyamalan. Me gustó esa película. Fue antes de que decayera como director. Me gustan las buenas ideas pero bien ejecutadas. Por eso cuando escribo tengo que tener claro eso, más allá de la idea.

¿Cómo sería el héroe sobre el que te gustaría escribir?

La idea del héroe torpe es buenísima pero no como parodia sino como drama, o medio oscuro. Me interesa el reclamo social a los superhéroes cuando destruyen todo. Eso se incorporó a las últimas películas. Me gusta el héroe desde un lugar casi infantil como cuando tienen un súper poder. Un lugar escapista. Me gustaría confrontar eso con la realidad.

¿Qué súper poder le darías al personaje para jugar con él?

Me hacés preguntas difíciles (risas). Son el tipo de preguntas que me hago yo mismo antes de ponerme a escribir. Estaba pensando en el poder de convencer a cualquier persona de cualquier cosa. Pero que no pueda convencerse a sí mismo. Esa sería su angustia existencial. Algo así. Que sabe que todo es mentira y por eso se siente un fracasado.

El animé juega mucho con eso ¿Sos aficionado de ese formato?

No mucho. Me han recomendado un par. Tengo mucho que leer y que mirar.

¿Cómo es el proceso de la escritura?

Empieza con una imagen y de ahí es muy intuitivo. A veces vuelvo para atrás y al releer encuentro pistas de cómo seguir.

¿Quién lee tus escritos antes de que sean publicado?

Mi novia. Es gracioso porque luego de leerlos discutimos mucho, más que nada por la forma en que me hace la devoluciones (risas). Me dice cosas piolas. También unos amigos.

Comentarios

comentarios