Arrugas de Paco Roca

Hace ya más de una década el ilustrador Paco Roca dibujó una pareja de ancianos para un cartel publicitario. Cuando la agencia que le había encargado el trabajo vio a los ancianos le pidió a Roca que los quitara porque los consideraban antiestéticos. La gente no quiere ver ancianos, le explicaron. A partir de ese momento Roca se dio cuenta de una verdad tremenda: si la publicidad, que es un reflejo de la sociedad, da la espalda a la vejez, es porque la sociedad lo hace. Su venganza fue hacer una novela gráfica llena de ancianos. Así nació Arrugas.

Empezar una reseña sacando a relucir la cantidad de premios ganados por un libro o el ingente número de copias vendidos allana mucho el camino porque predispone al lector a pensar que se encuentra ante un producto que merece la pena. Huelga decir que que Arrugas le valió a Paco Roca, entre otros premios, el de mejor guion de autor español y mejor obra también de autor español del XXVI Salón Internacional del Cómic de Barcelona en 2007, el Premio Dolmen de la crítica al mejor guion y a la mejor obra en 2008 o el Premio Nacional de Cómic también en 2008. Tampoco será necesario decir que ya en 2011 llevaba 30.000 ejemplares vendidos sólo en España, y que además de en Francia se ha traducido en países como Italia, Holanda, Finlandia, Alemania o Japón. Premios y cifras que ayudan a convencer de la calidad del libro pero no la explican.

La grandeza de Arrugas está, ante todo, como dije en una ocasión, en que supuso un hito en la historia del cómic en España, marcando un antes y un después al atraer al medio a personas que hasta ese momento tenían una idea equivocada de lo que eran los cómics o que no eran lectores habituales del género. Gracias a Arrugas, que asentó las bases de una narrativa más adulta, basada en la cotidaneidad, los cómics acabaron por ser considerados un producto cultural de primer nivel, al menos dentro de nuestras fronteras.

Arrugas cuenta la historia de Emilio, un antiguo ejecutivo bancario de 72 años que cuando empieza a mostrar los primeros signos de Alzheimer se convierte en una carga demasiado pesada para su familia y es internado en una residencia de la tercera edad. Allí entabla amistad con otros ancianos, cada uno con un pasado y una historia que ya no parece interesar a nadie. Uno de ellos es Miguel, un pícaro que se pasa el día enganchando y consiguiendo dinero de otros compañeros de la residencia. De la misma forma que Virgilio mostró a Dante el Infierno, Miguel guiará a Emilio por los dominios de la residencia, resistiéndose sin embargo a mostrarle el círculo más infernal de todos: el primer piso, al que envían a todos aquellos que son casos perdidos y cuya muerte es inminente.

Paco Roca se atreve a afrontar temas bastante incómodos como la vejez, la enfermedad y la soledad, temas que nos tocan a todos muy de cerca pero ante los que solemos volver la mirada. Su gran acierto consiste en hacerlo sin exageraciones, sin deformarlos ni idealizarlos en exceso, sin artificios ni florituras, con honestidad y sinceridad. Como afirma el crítico Borja Crespo, «se aleja del dramón lacrimógeno y la sensiblería facilona en beneficio de la emoción pura, la sonrisa cómplice y las imágenes poéticas». El resultado final tiene un toque tragicómico, como cuando la sordera y la demencia convierten una sesión de bingo en una farsa ruidosa.

Lejos de lo que cabe imaginar, Arrugas rebosa calidez y vitalidad en cada página. Pablo Roca es capaz de transportar a los compañeros de residencia de Emilio al mundo en el que viven muchos de ellos. En una viñeta un hombre tiene setenta y dos años y está solo en un vestíbulo y en la siguiente tiene seis años y está ante sus nuevos compañeros de clase; una mujer está sentada en su silla de ruedas junto a la ventana, triste y demacrada, y en la siguiente secuencia es una joven llena de belleza y elegancia, montada en el asiento de la ventana del Orient Express; otro residente ve a los miembros de la Legión en todas partes; otro más revive una y otra vez el momento en que juró amor eterno. El juego de planos y de tiempos es constante, pero por encima de eso, Emilio, ayudado por Miguel, demuestra la rebeldía de no querer dejarse llevar, de no abdicar de la vida en ningún momento.

A pesar de ello, o precisamente por eso, el drama de una mente que se va diluyendo poco a poco hasta desaparecer nos deja sin palabras. Arrugas nos pone frente a frente con nuestros miedos y nuestras inseguridades más profundas, y lo hace de una manera brillante, bien ilustrada, colorida y con buen ritmo. Paco Roca ha hecho tan buen trabajo explorando la disolución gradual de la identidad que consigue despertar una especie de temor ancestral a olvidar y a ser olvidado, y todo ello en unas cien páginas. Esto, más que los premios o el número de ejemplares vendidos, da cuenta de la grandeza de Arrugas.

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