Un día todo cambia. La empresa en la que trabajas cierra, o te despide. A partir de ahí, todo se acelera. Te ves viviendo en la calle, al frío, y tu misión diaria deja de ser asearte y salir a buscar empleo: en menos tiempo del que crees te ves mendigando durante horas para poder llevarte algo caliente a la boca.

Una vez en el pozo, el Sol apenas sale y tu tiempo deja de valer. Las semanas saltan cada vez más rápido, y aspectos antes sencillos como presentarte en una entrevista de trabajo se vuelven imposibles. ¿Cómo vas a ir, si hace meses que no tienes nada limpio que ponerte? Quizá debas ir a una biblioteca…

biblioteca presta ropa

De eso trata el proyecto Grow Up de la Biblioteca Pública de Nueva York: ayuda a la gente sin recursos a vestirse de cara a entrevistas de trabajo. Corbatas, carteras, bolsos, maletines, pajaritas. Elementos que, aunque no son indispensables en entrevistas de trabajo o bodas (porque también las prestan para otro tipo de eventos), ayudan a sus usuarios.

A menudo imaginamos las bibliotecas como espacios cuya función es la de apilar libros a la espera de que alguien vaya a por ellos. En un mundo en el que tenemos toda la cultura que buscamos a un precio ínfimo, y nuevas fórmulas para sacar libros públicos sin tener que movernos de casa, las bibliotecas han iniciado proyectos culturales más allá de su apertura para el estudio.

Una corbata puede no parecer una gran ayuda, pero cuando uno apenas tiene una mochila de objetos personales y la única forma de salir del bache es consiguiendo algún empleo —el que sea— la autoestima que puede dar llevar una o dos prendas limpias se convierte en una gran diferencia.

Aunque el programa se queda corto —¿No sería maravilloso un sistema de duchas públicas con la posibilidad de sacar un traje completo?— no cabe duda de que la iniciativa dice mucho en nombre de las bibliotecas en particular y de los servicios públicos en general.

Desde nuestra privilegiada posición quizá no nos demos cuenta de lo realmente difícil que resulta ver un atisbo de luz cuando uno se encuentra tirado en la calle; o del papel crucial que tendrán las bibliotecas cuando buena parte de nosotros sea inempleable.

El mero hecho de tener un lugar acogedor al que ir sin necesidad de consumir o de encender la calefacción puede suponer un factor determinante que no solemos tener en cuenta, quizá porque no nos hemos visto en la tesitura de pasar la noche al frío, o de buscar un trabajo estando sucios.

Además de la dificultad de buscar un empleo sin ayuda de un dispositivo móvil (resulta complicado cargar el móvil cuando uno carece de enchufes), mantener la higiene necesaria como para que nos permiten el acceso a una entrevista de trabajo supone todo un logro si tampoco tenemos una ducha.

Espero que estas iniciativas se multipliquen, así como que salten a otros países como el mío. Aún hay muchas personas en situaciones realmente complicadas que necesitan apoyo, aunque este venga en forma de una prenda limpia que ponerse el día en que se presenten a un nuevo puesto laboral.

 

Imágenes | Ben Konfrst

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