Gonzalo Pontón es uno de los referentes españoles a la hora de conocer el anclaje de las actuales desigualdades sociales, no en vano en el año 2017 recibió el premio nacional de ensayo por su obra La lucha por la desigualdad: una historia del mundo occidental en el siglo XVIII (Pasado y Presente), obra en la que analiza los orígenes de la diferencia que en nuestro patrón social tenemos, orígenes anclados en el siglo XVII.

Tuve la buena fortuna de encontrarme con esta entrevista suya en este otro programa, «La historia de cada día», verdadera joya de la corona de las muchas que la radio pública española nos ofrece. Les recomiendo vivamente que presten atención a la misma y que, de paso, se animen a escuchar con asiduidad el enorme valor que estos audios tienen; ya saben, todos los fines de semana, sábado y domingo, en un horario más que recomendable, de 10:05 a 10:30.

Aunque el postulado principal de la obra de Pontón puede ser algo discutible (conviene recordar las reflexiones que en cuanto a las enormes ventajas de nuestra sociedad actual ofrece el profesor Steven Pinkers o las reflexiones en torno a nuestra era de Yuval Noah Harari), me parece pertinente traer a colación la figura de Pontón como una referencia de nuestro panorama actual histórico cultural. Aquí tienen por si gustan de ver distintos pareceres:

El propio Pontón tiene una frase que repiquetea con frecuencia en mi ánimoy que ya he sacado a colación en otros artículos; es el propio Muñoz Molina, en este jugoso artículo quien lo refiere: le preguntan a Gonzalo Pontón en una entrevista que si lee novelas y responde, más bien desdeñosamente: «las novelas las dejo para la juventud».

Pues eso, que las novelas son territorio geográfico de quienes andan en esa etapa que ahora se ha indefinido entre los diez y los no sé cuántos años; quizá, una manera nítida de conocer si una persona se encuentra en plena adolescencia, o si ya ha superado felizmente esa etapa, sea la de conocer el tipo de lecturas que a diario maneja…

Resuena, por supuesto, la sentencia de Pla en este sentido: «Considero que un hombre que después de los 40 años todavía lee novelas es un puro cretino». 

Menuda sentencia la de Pla, con tanto Peter Pan suelto…

https://www.apollo-magazine.com/review-virginia-woolf-art-life-vision-national-portrait-gallery-london/

La cuestión es que, en relación a una novela -¡ay, que ya tengo los 40!- que bien pudiera servir de bisagra en este marco entre novelas superficiales y novelas de mayor calado, me gustaría detenerme un tanto en la novela Un cuarto propiode Virginia Wolf; ha sido mi primer contacto con la obra admirable escritora inglesa, en la traducción que de la misma hace Borges.

¡Vaya dos ases los que se han juntado en esta ocasión!

Ha sido un encuentro muy, muy agraciado por mi parte; se trata de una literatura de mucha hondura, con mucha intensidad en cuanto a lo que refiere y cómo lo refiere, con un enorme poso de ideas y de sabiduría que perduran en la persona durante un largo recorrido; creo que bien merece la etiqueta de clásico de la literatura universal que tiene y que debiera airearse con mucha frecuencia, no solo cuando coincida con alguna efemérides de su trayectoria personal, como fue la de fechas recientes.

Quizás, la idea más poderosa que aflora en estos momentos de estar dándole a la tecla, sea la de que el escritor, escritora en el caso de esta novela, necesita viajar, sentir, conocer…, vivir, en definitiva, para que su literatura sea fluida y memorable, al menos trascendente para el que la escribe a modo de desahogo con la vida, de desahogo personal en la batalla de aclarar las preguntas que todos nos hacemos en esta sucesión de tiempo que llamamos vida.

En un siguiente artículo, seguiremos desglosando más ideas en torno a este clásico de la literatura contemporánea; mientras, si no prefieren escribir, les recomiendo que se dediquen a la otra faceta que hemos comentado, la de vivir: aprendiendo, viajando, conociendo, leyendo…

Comentarios

comentarios