La Renta Básica Universal, ese salario mensual que toda persona recibiría por el mero hecho de pertenecer a la ciudadanía, tiene apoyos y detractores. Pero, ¿y si no tuvieses que trabajar para vivir? En La Piedra de Sísifo nos hemos planteado alguna vez qué haríamos con nuestro tiempo.

Para entender cómo podría ser la economía del futuro viajamos a la Inglaterra Victoriana y sus alrededores. Refugiados en sus cargos eclesiásticos, los párrocos rurales fueron, con casi toda probabilidad, la población más culta menos ocupada que haya existido. Como resultado, se dedicaron a cambiar el mundo.

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El tiempo libre no es solo para el ocio

Si alguno de los lectores ha estado en una cárcel sabrá que trabajar por nada es mejor que quedarse parado. El aburrimiento es una de las sensaciones más insoportables, especialmente en el largo plazo. Es probable que este fuese el motivo por el que los párrocos rurales ingleses dedicaron su vida al estudio y a la creación de una cantidad ingente de conocimiento.

En 1836 se simplificó mucho el diezmo en Inglaterra. Si antes de esa fecha los campesinos aportaban el 10% (de ahí “diezmo”) de su cosecha y forraje; en 1837 se implantó un nuevo sistema. Ahora los campesinos pagaban una cantidad anual constante en función de la extensión de sus tierras. Como resultado, los párrocos no tenían años malos.

A mediados del XIX existía en Inglaterra una enorme cantidad de párrocos que se dedicaban a sermonear los domingos, y poco más. Esto no quiere decir que antes tuviesen más que hacer. Se sabe que muchos de estos párrocos compraban un libro de sermones que leían cada domingo, y eso es todo lo que predicaban.

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Como sesgo de selección, el acceso para regir la parroquia exigía estudios universitarios. De modo que los párrocos, gente altamente formada y no siempre beatos, empezaron a disponer de una cantidad de tiempo enorme. Nos han demostrado que cuando uno trabaja solo un par de horas a la semana y tiene asegurado una renta básica (aunque esta no sea universal) tiende a aburrirse.

¿Cuánto? Pues lo suficiente como para que algo en su interior le apremie a investigar. Es formidable darse cuenta de todo lo que descubrieron estos hombres desocupados (y sus hijos) a lo largo de sus vidas. A continuación mostramos una breve lista.

A qué dedicarse cuando uno no se dedica a mucho

El primer diccionario islandés recopilado y redactado lleva la firma de George Bayldon, vicario de Yorkshire. Como vicario, Bayldon había tenido el tiempo suficiente como para enseñarse a sí mismo islandés. También para dividir la iglesia en dos mitades y dedicar una de ellas a criar gallinas.

El telar mecánico que revolucionó el siglo XIX y que dio origen al movimiento ludita lo inventó el rector de la parroquia de Leicestershire, Edmund Cartwright (arriba). Interesante que su ocio como personal eclesiástico generase la corriente que ahora empuja una renta que creará a su vez nuevos parados remunerados.

La economía política era una disciplina que no existía antes de Thomas Malthus, clérigo anglicano que demostró (de forma errónea) que toda la población pasaría hambre en unas décadas. Su ‘Ensayo sobre el principio de la población’ generó olas que aún se propagan entre catastrofistas.

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La arqueología moderna nació, perdónenme los arqueólogos, del aburrimiento profundo de William Greenwell, un sacerdote de la Iglesia de Inglaterra. Su tiempo libre era tan abrumador que además de descubrir objetos arqueológicos inventó la mosca Greenwell, estupenda para pescar truchas.

El alumbrado mediante gas, eclipsado más tarde por la electricidad, fue un invento revolucionario que sacudió Inglaterra con la seguridad de la luz nocturna. Lo inventó John Clayton, pastor en Yorkshire.

Lo que el mundo debe ya a la Renta Básica Universal

El hombre lobo no lo inventó el sacerdote anglicano Sabine Baring-Gould (arriba), pero sin duda lo popularizó. Escribió la que se conoce como la primera novela en la que aparece un licántropo. Este señor estaba particularmente obsesionado con los lobos y sus leyendas. Tuvo tiempo para plasmar todo.

Los hongos, tal y como los conocemos hoy día, podrían seguir en la oscuridad de su naturaleza sin los estudios desinteresados de Miles Joseph Berkeley (arriba del todo), clérigo. Su herbario describe más de 5.000 tipos de hongos al detalle, dibujos incluidos; pero clasificó más de 10.000. También tuvo tiempo.

El telescopio no lo inventó John Michell, rector de Derbyshire. Sin embargo, enseñó a William Hershel a construirlos, gracias a lo cual conocemos hoy el planeta Urano. También ideó un método muy interesante para pesar la Tierra. Aunque falleció antes de lograrlo, otros siguieron sus pasos.

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El Teorema de Bayes hoy día se usa en climatología, mercado, cosmología, datación C14.. y para torturar a alumnos de economía. Lo garabateó sin darle mucha importancia Thomas Bayes (arriba), párroco en Kent. Un colega suyo lo publicó dos años después de su muerte tras encontrarlo en un cajón. El teorema, se entiende.

Cuando no se tiene mucho que hacer, se hace más

No son pocos los autores que afirman que los seres humanos somos productores de oficios inútiles. Nunca en toda nuestra historia hemos tenido tantos trabajos que no aportan nada. Quizá deberíamos repensar el modo en que nos peleamos por ellos y trabajar en una meta diferente.

No tener nada que hacer podría ser esa meta, y está demostrado que en el pasado estar ocioso ha dado resultados. Al final, por puro aburrimiento, los párrocos ingleses contribuyeron al desarrollo de la humanidad. La mayoría de ellos no solo no lo buscaba de forma expresa. Algunos incluso se esforzaban por no hacer nada de demasiada utilidad.

Sin embargo, el contar con una fuente de ingresos segura parece que agudiza el ingenio tanto o más como no tener nada. Y como esto último no es saludable, la Renta Básica Universal se presenta como el radicalismo más benévolo de hoy día. Ojalá nos podamos aburrir todos mucho en unas décadas.

Imágenes | Wellcome Images, Biblioteca Nacional de Gales, Strand Magazine, Desconocido

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