Innovar con una película de superhéroes, en esta era de las megaproducciones de películas de este género, no es nada sencillo, pero los creadores de Lego Movie lo han conseguido: con Spider-Man: Into the Spider-Verse han creado una obra maestra dentro de este subgénero, con una historia no canónica y una combinación de estilos de animación hasta ahora inéditos para el género.

Los directores Bob Persichetti, Peter Ramsey y Rodney Rothman nos presentan una historia limpia, directa, y que, en general, no representa nada nuevo en cuanto a la línea argumentativa: un joven adquiere poderes, se enfrenta a una serie de situaciones adversas, derivadas de sus nuevas y sobrehumanas habilidades, se encuentra aliados y, tras casi fracasar en su cometido, finalmente lo logra y derrota a los malos. Una historia shakesperiana, como diría un amigo, donde al final las cosas siempre salen bien.

En este caso, nuestro héroe no es Peter Parker (a quien ya conocemos por la enorme cantidad de películas que nos han presentado) sino Miles Morales, un personaje creado por Brian Michael Bendis en 2011 para darle continuidad a la historia del arácnido después de la muerte de Parker.

Morales, en sí mismo, representa una particularidad en todo este embrollo: es un afrolatino estadounidense, hijo de una enfermera y un policía, estudiante de un prestigioso colegio de Brooklyn. Es imposible no pensarlo como una apología a la multiculturalidad y un reclamo sutil contra los estereotipos y el odio, en plena era de Trumps y de Bolsonaros.

Otro de los grandes aportes de esta película tiene que ver con la filosofía que encierra. Mientras que en las películas de Tobey Maguire la idea central era que «un gran poder conlleva una gran responsabilidad», en Spider-Man: Into the Spider-Verse la historia se centra más bien en la responsabilidad de abrazar su poder. En otras palabras: el gran problema de Morales no es no tener consciencia de su poder, sino aprender a aceptar su propia grandeza, superando sus complejos en un mundo que a cada momento nos recuerda que nadie es tan especial.

Visualmente la película es hermosa y consigue lo que parece imposible: destacar en su género en el mismo momento que películas como Avengers se roban toda la atención.

Como no se puede reinventar la rueda, los directores se dedican a contarnos una historia de origen que, sin embargo, tiene la particularidad de presentarnos distintas y enriquecedoras versiones, provenientes de los multiversos que han colisionado, que otorgan nuevos bríos y frescura a una historia ya bastante desgastada.

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